Animal Político

La calle y la sublevación de mayo del 36

Como hoy hace 83 años, La Calle, el diario que defendió al pueblo, publicaba su primer número.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Pinto Parabá, es periodista

00:00 / 26 de junio de 2019

El periódico La Calle fue producto del levantamiento popular de mayo de 1936. Su primer número se difundió el 23 de junio de ese año. Combatió al imperialismo, defendió al pueblo y enarboló las banderas del nacionalismo. Ese atrevimiento, 10 años después, iba a ser pagado con sangre. El 21 de julio de 1946, el mítico matutino cayó inmolado junto con el presidente Gualberto Villarroel, quien fue victimado y colgado por los liberales en un farol de la Plaza Murillo. 

Luego de la contienda del Chaco (1932-1935), el sistema de puertas abiertas al capital transnacional, que se impuso en el país desde fines del siglo XIX, sufrió un agotamiento. El atraso económico llegó al límite. El país estaba en manos de unos cuantos millonarios, catalogados entonces como la “rosca minero-feudal”. Simón I. Patiño, por ejemplo, era el quinto hombre “más rico” del mundo gracias a la explotación de los obreros que producían estaño en condiciones laborales inhumanas y a cambio de ínfimos salarios.

Levantamiento. Ante esa realidad, los trabajadores se sublevaron. El 1 de mayo de 1936 tocaron la trompeta y los tambores de la rebelión. El desempleo, el alto costo de vida y los bajos salarios fueron los motivos de su lucha.

El 17 de mayo de 1936, los gráficos y el “Comité Revolucionario” —integrado por miembros del Partido Socialista y la Federación Obrera del Trabajo— tomaron “instituciones de la oligarquía” y derrocaron al liberal José Luis Tejada Sorzano.

Ese día asumieron el poder los militares nacionalistas, respaldados por los partidos de izquierda y la población, que se adueñaron de las calles con “banderas rojas”, vitoreando el aparente triunfo del “socialismo”.

Nacimiento. En ese contexto, la fundación de La Calle fue el suceso mediático más importante de la época.

En una entrevista realizada el 10 de mayo de 1939, el primer director de ese matutino, Nazario Pardo Valle, narró que, en concomitancia con el contexto internacional, “el pueblo quería socialismo, pero ignoraba cómo podía llegar a él”. Es en ese marco que el Comité Revolucionario, en mayo de 1936, “resolvió fundar un diario”, cuya dirección le fue delegada.

“La Calle desde entonces, con lealtad absoluta, se empeñó en orientar la evolución social del Estado, clamó por el respeto del ideario socialista, ilustró al pueblo en largas campañas de divulgación teorética y denunció peculados. En fin, realizó el papel del periódico que se hace para las masas populares y para los ideales de la nación”, añadió.

En el libro Bajo el signo de la barbarie, el republicano y primer ministro de Trabajo, Pedro Zilveti, contó otros detalles. Aseguró que, producida la “revolución del 17 de mayo”, Armando Arce y otros periodistas nacionalistas —que editaban el periódico Universal— intentaron sin éxito incautar con “mano militar” la imprenta de La Razón. Luego, aparecieron como dueños de dos linotipos y materiales de un “extinguido diario liberal a cargo del abogado Daniel Ortiz”. Y fue bajo esos antecedentes que el Universal se convirtió en La Calle, el 23 de junio.

Nacionalista. Ese diario se hizo realidad gracias al esfuerzo del escritor Augusto Céspedes y del periodista Armando Arce, puntualizó Eduardo Ocampo Moscoso en su obra Historia del periodismo boliviano, tras explicar que en su Redacción se agruparon jóvenes de la valía de Carlos Montenegro, José Cuadros Quiroga, Nazario Pardo Valle y otros intelectuales que “habían militado en las filas del Partido Nacionalista, creado en el gobierno de Hernando Siles” (1926-1930), y otras facciones de la “Generación del Centenario”.

La Calle sometió a análisis la historia narrada por Alcides Arguedas e hizo su revisión desde el punto de vista del pueblo, subrayó Augusto Céspedes, en su libro El presidente colgado. Agregó que “jamás se hallará en sus columnas la grosería, el insulto o la difamación personal, sino la sátira y el comentario cáustico sobre hechos y grupos políticos. No extraña que los pontífices de la oligarquía la calificaron como un pasquín porque les escocían sus bromas. (...) Por eso, La Calle, con sus ocho páginas, fue capaz de enfrentar durante 10 años al aparato de la oligarquía y constituirse en la cuna de la Revolución Nacional”.

Popular. En su primer número del 23 de junio, el autodenominado “Diario de mañana del Partido Socialista”, que tenía un costo de 10 centavos, abrió sus puertas a los trabajadores: “La Calle, diario socialista que tiene el fin primordial de servir al pueblo, les pide que acudan a nuestra casa a formular cualquier denuncia contra los patrones, dueños de fábricas, autoridades arbitrarias y levantar quejas en general, para que desde estas columnas hagamos campaña de depuración social, ya que no es posible que se continúe con el mismo método y procedimiento anteriores, causa del malestar colectivo (...) Compañero obrero: venga usted a formular, mediante este diario, que es suyo, todas las quejas y reclamaciones que considere urgentes y de justicia”.

Después de aclarar que “Callejón Oscuro”, “Esquina de los Desocupados”, la crónica callejera y los titulares de la página policial hacían de La Calle una publicación entretenida sin pérdida de su agresividad y profundidad, Céspedes corroboró que “desde el primer momento se constituyó en un vocero popular y en el órgano de expresión de los intelectuales rebeldes que denunciaban y criticaban fechorías”.

Galardonado. De acuerdo con el texto Objetividad o compromiso: La vida privada del periodismo boliviano, escrito por Víctor Hugo Sandoval, en el Día del Periodista —celebrado el 10 de mayo, durante el régimen de Enrique Peñaranda, cuando ya había sufrido al menos un par de clausuras y estando en la “lista negra” del Departamento de Comercio de los Estados Unidos— La Calle logró el “primer premio al diario mejor escrito del país”.

Ese fue el modo cómo surgió ese periódico rebelde que, una década después, iba a ser clausurado, tras el dantesco colgamiento del presidente nacionalista Villarroel.

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