Animal Político

Vengadores: Infinity War

La película de los hermanos Russo es desborde: técnico y visual; con cantidad de tramas y actores que abruman.

Vengadores: Infinity War. Foto: Windows 10 Themes

Vengadores: Infinity War. Foto: Windows 10 Themes

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Susz / Crítico de cine

00:00 / 09 de mayo de 2018

La infinita, inacabable y francamente hartante trifulca entre franquicias, que hoy por hoy monopoliza, o poco menos, el mainstream de la fabricación de películas, suma otro episodio aguardado con una expectativa meticulosamente cebada por Marvel a lo largo de 10 años y 18 episodios —de Iron Man (John Favreau/2008)— en adelante, preparatorios para esta descomunal papilla de personajes y entreveros que no es, empero, la bajada de telón pues se anuncia en la secuencia poscréditos —¡no vaya a ser que alguien crea que hasta aquí llegó el asunto!— ya el cuarto capítulo de Vengadores, rodado en simultáneo con Infinity War y cuyo lanzamiento está previsto para e 2019. Ergo habrá que tener paciencia y no resignar la esperanza: algún día esto también tendrá fin.

Curándose de alguna manera en salud los Russo brothers —fogueados en dos episodios de la subsaga de Capitán América— lanzaron poco antes del estreno un tweet encareciendo a cronistas, así como a los mismos forofos de la saga, tuviesen a bien evitar los spoilers, palabreja en boga acuñada por esta suerte de newspeek orwelliano digital para nombrar las infidencias relativas a los giros de la trama, ya que pudiesen restar sorpresas o sobresaltos a los espectadores. Cual si esas violaciones de los supuestos secretos atesorados por aquella pudieran menguar a priori la inevitable sensación de otra vez lo mismo. En formato hiperbólico en la oportunidad es cierto, pero lo mismo nomás.

El malo de turno es Thanos, afanado en juntar las seis Gemas del Infinito: Poder, Realidad, Espacio, Tiempo, Alma y Mente, las cuales una vez debidamente engarzadas le facultarán investir el poder omnipotente para dominar la tierra y todos los planetas circundantes. Y no por mero gusto de sentirse el amo del universo, de lo que se trata es, una vez alcanzada la supremacía absoluta, de exterminar —“con un chasquido de sus dedos”, asevera— a la mitad de los moradores en esa inabarcable galaxia, única pócima a su vez para garantizar la supervivencia del 50% restante.

Semejante conjura obliga a poner en apronte a toda la tropa de superhéroes Marvel: Iron Man, Hulk, Thor, Capitán América, Doctor Strange, El Hombre Araña, Pantera Negra y la alineación completa de Guardianes de la Galaxia. En la otra cancha reaparecen fugazmente, o son mentados, los bellacos antes vistos: Hela y sus Elfos, Loki, etc. Pero el protagonista absoluto es el antagonista —con una elogiable composición de Josh Brolin haciendo un malo que exhibe sus vacilaciones y malestares apartándose de los rufianes unidimensionales—. Valga entonces la paradoja, pues ese contenedor se presenta equipado con una cantidad de matices y minutos en pantalla mayor que los paladines de la salvación de la humanidad y demás especímenes en riesgo de pasar a mejor vida.    

La clave para el máximo disfrute de este abigarrado entrecruzamiento de personajes y universos estriba al parecer en haber visto y recordar todos y cada uno de los 18 eslabones precedentes —2.299 minutos, más de 38 horas— sabiendo que aquello de tener almacenado en la memoria tantas visitas al universo Marvel, muy parecidas unas a otras por añadidura, resulta poco menos que imposible —salvo tal vez para los adeptos más leales—, dada la fugacidad, común denominador transversal a todas las hechuras de esta fiebre lejanamente inspirada en los cómics de Marvel, la única vacuna contra la cual daría la impresión es tomar la mayor distancia posible de la corriente por ahora dominante en las factorías del cine comercial a la espera de su extinción. Así no se pueda predecir qué vendrá luego y teniendo en todo momento presente la impecable sentencia del protagonista de El joven Frankenstein: “siempre puede ser peor”.

¿Será que desconfiando a priori de la efectividad de su tweet arriba colacionado, y para imposibilitar fácticamente el espoileo de la intriga, los Russo optaron por la estrategia de amontonar alrededor del demencial plan malthusiano de Thanos medio centenar de subtramas —si alguien gusta inventariar la cantidad precisa he ahí una buena manera de sobrellevar las dos horas y media del engendro—?  ¿O responderá semejante inflación al apremio más pedestre de aprovechar la mayor cantidad posible del metraje impreso en la segunda más onerosa producción de la historia del cine, según aventuran algunos cálculos no muy alejados al parecer del monto invertido en el doble rodaje simultáneo de este episodio y su secuela?

Sea cual fuera la causa, en lugar de sincerarse sacando el mejor partido del villano protagonista central, se dijo, de Infinity War, el cuarteto de directores y guionistas incurre en una suerte de autoatentado, malversando unos cuantos filones por demás apetecibles, apenas bocetados en las razones expuestas por Thanos para justificar su megalomaniaca ambición de achicar radicalmente el número de seres vivientes en el universo. Así, en vez de adentrarse en las razones por las cuales un individuo puede mutar en monstruo exterminador, el relato se distrae en descafeinadas conversaciones entre Tony Stark y Peper Potts a propósito de lo grato que debe ser tener hijos, o en las derivas sentimentales de La Bruja Escarlata y Visión, dos personajes de menor cuantía. Ejemplos de la anotada multiplicación al infinito de ramas argumentales alrededor del tronco del conflicto dramático central.

Los fans de la saga argüirán, sin faltarles razón, que no obstante la duración de la película, ésta no deja de entretener gracias a un ritmo sostenido y una indiscutible pericia artesanal para no perder la claridad en la locación de los escenarios de los incontables enfrentamientos masivos, alternando lugares reales como Nueva York con sitios imaginarios Titán o la Wakanda recientemente presentada en sociedad en Pantera Negra. De igual manera, con un orden respetuoso de la inteligibilidad de todo el asunto se dedican minutos —a menudo insuficientes, es cierto, pues alguno de los protagonistas son despachados luego de farfullar seis líneas—, a poner en claro quién es quién y de qué lado juega. En cambio permanecen en penumbra las razones por la cuales en una escena algún superhéroe riñe con otro y en la siguiente ambos combaten lado a lado. A menos que ello intente connotar cuánto desprendimiento están dispuestos a mostrar esos muchachos y muchachas en su épico sacrificio para salvar al universo, pero dudo.

Es desde luego abrumador el despliegue visual y la perfección de los efectos trabajados por un plantel de técnicos tan numeroso, los créditos permiten constatarlo, como alguno de los batallones desplegados en cualquiera de los choques con las fuerzas del mal. Sin embargo, a estas alturas se trata de un mérito menor, opacado además por la bombástica banda sonora cometida por Alan Silvestri, acomodándose a un modo de tratamiento musical recurrente en las producciones Marvel.

Verdad que no hay lugar para el aburrimiento total. La fórmula activada procurando impedirlo es un sobado recurso que los directores manejan con habilidad cierta, aun cuando con opinable creatividad. La acción (el sonido y la furia) no se toma respiro, ni se lo da al espectador. Tal argucia ya ha evidenciado en incontables ocasiones su rendimiento para maquillar los costurones de la trama, menos en este caso, debe reconocerse, que en otros emprendimientos.

Reactualizando un recurso frecuentado mayormente por las películas de catástrofe en boga durante la década de los 70 del siglo pasado desfilan por la pantalla, a cargo de cameos esparcidos a lo largo de la(s) historia(s), innumerables figuras de la liga de las estrellas desde William Hurt a Benicio del Toro, pasando por Gwyneth Paltrow. Tratar de identificarlos en sus fugaces apariciones puede ser otra forma de sobrellevar el larguísimo metraje de una película que comienza siendo llevadera en virtud de los dispositivos recién anotados pero acaba agobiando por sobredosis en todos sus rubros.

Ficha técnica

-Título Original: Avengers: Infinity War 

-Dirección: Anthony Russo, Joe Russo

- Guión:   Christopher Markus, Stephen McFeely

– Sobre los Marvel Comics de: Stan Lee,  Jack Kirby,  Joe Simon, Steve Englehart, Steve Gan, Bill Mantlom Keith Giffen, Jim Starlin, Stan Lee, Larry Lieber, Jack Kirby, Don Heck

- Fotografía: Trent Opaloch - Montaje: Jeffrey Ford,  Matthew Schmidt

- Diseño:  Charles Wood - Arte: Ray Chan, Jim Barr, Thomas Brown - Efectos: Erica Akin, Kourtney Coats, Norman Baillie, Kathleen Adams

- Música:  Alan Silvestri - Producción:  Victoria Alonso, Mitchell Bell, Ari Costa, Louis D'Esposito, Jon Favreau, Kevin Feige 

- Intérpretes:  Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Chris Evans,  Scarlett Johansson, Idris Elba, Vin Diesel, Gwyneth Paltrow, Benicio Del Toro, Josh Brolin,  William Hurt, Don Cheadle, Benedict Cumberbatch, Tom Holland, Chadwick Boseman, Zoe Saldana. Karen Gillan

– USA/2018

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia