Animal Político

Superioridad moral de la retórica

Debate acerca de la viabilidad política de Comunidad Ciudadana y su candidatura para la elección de octubre.

El ministro de Comunicación, Manuel Canelas, en su despacho de la  casa grande del pueblo.

El ministro de Comunicación, Manuel Canelas, en su despacho de la casa grande del pueblo. Foto: Miguel Carrasco

La Razón (Edición Impresa) / Manuel Canelas es periodista, Ministro de Comunicación

13:45 / 01 de julio de 2019

Hace pocos días Saúl Lara expresó, de manera insuperable, la intrascendencia de Comunidad Ciudadana (CC): “La ciudadanía a la que representamos es la que no tiene partidos, que no es política y que no le interesa esa discusión inútil de quién fue mejor o peor gobierno. El debate que esa gente espera es sobre el futuro, no sobre el pasado”.

No es de extrañar que, visto el pasado político de las caras visibles de CC, quieran contar el cuento de que son unos recién llegados. No sabemos qué preocupa más, si esa demanda de cheque en blanco —en la política no importa el pasado— o que consideren inútil que a la gente le interese saber qué es un buen gobierno y qué no lo es.

Lo que es cierto es que el Gobierno que inicia en nuestro país en 2002, encabezado por Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos De Mesa, consigue, sin dificultad ni competencia, el primer lugar como el peor gobierno de las últimas décadas.

Otro de los voceros de CC nos da más pistas de porqué CC es una iniciativa fracasada de inicio. José Luis Bedregal argumenta dos cosas: que no existen “razones objetivas para señalar esto” (que el gobierno Goni-Mesa fue el peor de la historia reciente). Y además desliza una comparación con nuestro gobierno actual, sugiriendo que podría ser igual de malo o peor. Resulta llamativo, sin embargo, y nos queda preguntarle al vocero si esto le merece condición de “razón objetiva”, que su actual candidato a Presidente rompió de manera pública con ese, su exgobierno. Y todos sabemos la coyuntura en la que lo hizo, cuando la represión había matado a varios compatriotas y estaba siendo desplegado un plan de acción, tiempo atrás, que contemplaba un uso brutal de la violencia estatal. Cuando los heridos, la escasez, el desgobierno, la falta de recursos para pagar salarios se amontaban alimentando la indignación ciudadana. Quizás todo esto le parece al vocero discutible, pero el hecho es que algo tarde, porque ya habíamos vivido febrero negro, su actual candidato a Presidente se desmarca de ese gobierno no precisamente por lo bien que lo hacía o porque era “discutible y debatible” que era un pésimo gobierno. Y, como sabemos, a millones de bolivianos sí que les importaba y les afectaba este mal gobierno.

Pero, además, hay otro punto que subrayar durante este tiempo de campaña. No hemos escuchado a Carlos De Mesa decir que piensa recuperar algunos logros del gobierno de Goni-Mesa. De hecho, creo que es incluso difícil encontrar que haya sostenido que piensa recuperar cosas de su gobierno de 20 turbulentos meses. Algún despistado diría que, quizás, el candidato encuentra poco que rescatar en esos dos gobiernos. Sí, pero es discutible, diría el vocero, aunque la evidencia no parece jugarle a favor. Y, sin embargo, lo que sí ha escuchado la población boliviana es que hay varias cosas, muchas de ellas importantes como la inclusión social, que el candidato valora de estos últimos años y que promete mantener. De hecho, en el momento que los grupos focales semanales señalaron a CC que la prioridad era conseguir al masista desencantado, la lista de cosas a mantener era tan larga que alguien podría sugerirles que se presenten por el MAS; que no hacía falta recuperar al FRI, presentar la marca Ciudadanos, añadirle 4 días después —al momento del registro— la palabra Comunidad… En ese momento, por ejemplo, señalaba su jefe de campaña: “los ciudadanos son los que nos dicen a nosotros que hay cosas buenas, que hay cosas rescatables y que hay que mantenerlas, como el tema de los bonos, el tema de la inclusión social, el tema de fortalecer las empresas estatales, el tema de las obras de infraestructura, las carreteras, esas son cosas buenas…”. No parece una lista corta ni poco importante. Habrá que ver si en estas semanas aparece una lista similar de cosas que mantener del gobierno Goni-Mesa.

El segundo argumento del vocero de CC es que: “Si fue un gobierno tan malo y fue un presidente tan malo, como dice el Ministro de Comunicación, ¿por qué lo nombran vocero de la causa marítima? Es decir, no hay lógica en las aseveraciones del ministro”. Algún distraído podría decir que las condiciones para ser Jefe de Estado no son precisamente las mismas que se necesitan para ser vocero de una causa. Claramente José Luis Bedregal no piensa así, y esta equivalencia que establece nos da muchas pistas de por qué CC es un proyecto fracasado. Nadie niega la capacidad retórica de Carlos de Mesa, pero a partir de ahí, y solo con estos mimbres y reuniendo a sus exministros que consideren que se construye un proyecto político bueno para los bolivianos, es tan equivocado como temerario.

Hace unos meses ya, Gustavo Pedraza confesó que, luego de reunirse los amigos exministros y el candidato, había llegado una tarea importante que les quedaba pendiente: la calle. Nos falta calle, dijo el candidato vicepresidencial. Quien dice que le falta calle quiere decir que le falta gente. Cuando decidieron emprender su “gira nacional” los bolivianos descubrimos que también el territorio estaba ausente en este proyecto. La gira se limitó a pasear por las plazas principales de algunas capitales y media vuelta, al refugio de la retórica y del Twitter. Un proyecto sin calle, sin gente,  sin territorio y —como nos contaba Lara al principio del artículo— sin pasado, ¿qué garantías le ofrece a los bolivianos? Está claro que Carlos De Mesa cree, y parece ser honesto, que emergió en la política nacional el día de su buen desempeño en una entrevista en un programa de televisión chileno. Sabemos que no fue así y que, como ocurre en la vida y en la política, su pasado emerge, o se lo emergen, cuando hay gente que lo interpela por febrero negro o por sus renuncias.

La mera retórica, como muestra Tucídides, no suele llevarse bien ni con la política —con la buena política que siempre es necesaria para que la gente viva mejor—, ni con la verdad. Los bolivianos merecen que quien busca liderar nuestro país no oculte lo que hizo cuando tuvo la oportunidad de mandar, ni tampoco se refugie en una pretendida superioridad moral que solo nace del olvido deliberado de la historia y del maquillaje que otorga el verbo fácil.

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