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‘Soluciones de medio camino’, complejas

En la negociación marítima con Chile también se exploró la solución gradual.

 ‘Soluciones de medio camino’, complejas.

‘Soluciones de medio camino’, complejas.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos

00:00 / 12 de septiembre de 2018

La reciente revelación hecha por el periódico La Tercera de Chile, en sentido de que en 2011 hubo “conversaciones secretas” entre los gobiernos de Evo Morales y Sebastián Piñera, ha traído a la memoria una forma de acercamiento y negociación relativamente “olvidada”: la que se conoce como “solución de medio camino”. Es cierto, tras la publicación de La Tercera (el domingo 2 de septiembre), el presidente Morales en una entrevista con el periódico cruceño El Deber (efectuada el mismo 2) no aludió a dichas tratativas reservadas con Piñera, aunque sí con la presidenta Michelle Bachelet; con el primero, dijo, solo hubo una propuesta o mensaje de aquél sobre un corredor con autonomía, no con soberanía, lo que tampoco prosperó.

El tema es la pertinencia o no, o la forma de volver a ver hoy esta modalidad de negociación, cuya condición básica sería la gradualidad, ir de las diversas formas de concesión no soberanas hacia la meta, el acceso soberano. El problema —también lo advierten todos— es que esto pueda ser utilizado por parte de Chile para postergar indefinidamente el “tema de fondo”, la reivindicación marítima.

Las soluciones de medio camino por lo general tomaron la forma de intenciones, propuestas y hasta proyectos de zona franca, enclaves, puertos, zonas económicas especiales, autonomías; un conjunto de facilidades sobre todo administrativas. 

GRADUALIDAD. Como todo lo relacionado con la cuestión marítima, las “soluciones de medio camino” de por sí son un asunto complejo. “Los acuerdos de medio camino consisten en alcanzar el objetivo final mediante aproximaciones sucesivas. No se trata de propuestas alternativas que impliquen el abandono por parte de Bolivia de su objetivo fundamental, que es recuperar la cualidad marítima de manera plena y soberana”, apunta el excanciller Javier Murillo de la Rocha.

Es del mismo criterio el economista y diplomático Andrés Guzmán: “Medio camino, efectivamente, en este caso quiere decir una solución que no está concluida, que va a tener un segundo paso, o varios otros pasos, para ser definitiva”. El tema no es nuevo, recuerda: muchas veces se habló de la “gradualidad” de la solución al enclaustramiento marítimo. Es el caso del presidente chileno Gabriel Gonzales Videla, en 1946: “él mismo propuso ir gradualmente, hasta resolver el problema; ahí ya se habló de gradualidad; luego en la negociación de Charaña, en 1975, el canciller Patricio Carvajal ofreció una solución con autonomía boliviana en el puerto de Arica, que también se planteaba como una solución de medio camino, en ese momento”.

Efectivamente, antes de que en 1975 Bolivia formalizara la presentación de su propuesta para la cesión a Bolivia de una franja territorial soberana al norte de Arica, cuenta Murillo, “Chile propuso de manera exploratoria que se iniciara este proceso mediante la concesión de zonas autónomas, decían los personeros de Chile ‘para acostumbrar a los chilenos a la presencia de Bolivia en el área del arreglo’. Esta propuesta fue rechazada de plano”.

El problema es, enfatiza Murillo, que cualquiera de estos ofrecimientos desde el principio, como un pilar de la negociación, deben asegurar el llegar a la meta, no quedarse, precisamente, a “medio camino”: “Son propuestas complejas, porque tendrían que acordarse mediante Tratado el punto de partida, y el tiempo del eventual proceso hasta lograr la meta final. Es un camino que, en lo personal, me parece muy complicado y entraña el riesgo de que dada la complejidad del problema, nos encontremos detenidos definitivamente en alguno de los tramos, perdiéndose la perspectiva fundamental”.

REFLEXIÓN. La reflexión no es nueva. En 2006, Fernando Salazar Paredes publicó el texto Bolivia y Chile, desatando nudos. Allí, el autor propone revisar los conceptos de soberanía territorial y supremacía territorial; en ello, dice, radica la posibilidad de aceptar por parte de Bolivia fórmulas de supremacía territorial, que no soberanía, pero para ir avanzando en ese sentido; a su favor, Salazar dice que estas son las fórmulas más realistas, dadas las nuevas condiciones de integración económica del mundo contemporáneo.

Aunque sin referirse explícitamente a la solución de medio camino, el excanciller Gustavo Fernández Saavedra, en su libro Ensayo sobre política exterior (FES-Plural, 2014), destaca que acaso habría que ver la cuestión marítima desde una doble perspectiva: la necesidad de la integración económica y lareivindicación histórica de retorno soberano al mar, y trabajar desde ambos lados.

A un año de presentada la demanda ante la CIJ (2013), Fernández se pregunta si es necesario esperar el fallo de La Haya “para comenzar una negociación de buena fe, hasta encontrar una solución que consulte los intereses de todas las partes, es decir Bolivia, Perú y Chile”.

Aquí “no hay que inventar mucho —añade—, la experiencia sugiere la agenda y los instrumentos de una negociación seria, que parta de la disposición real de buscar una solución común a un problema común. El sujeto de la negociación sobre soberanía está claramente identificado. El potencial de la cooperación y complementación económica y social es conocido y ya ha sido explorado (...) La agenda tiene dos componentes centrales. La solución histórica y la complementación económica y política”.

PROPUESTA. Un ejemplo de una “solución de medio camino” fue la Zona Económica Especial que proyectaron establecer los presidentes Hugo Banzer, de Bolivia, y Ricardo Lagos, de Chile, en el puerto de Patillos, a fin de instalar allí la planta de licuefacción de LNG para la exportación de gas a ultramar. Con el gas como el nuevo factor geopolítico, aquí hubo una clara predisposición chilena. En junio de 2002 dicho gobierno oficializó que“el Estado chileno entregará al Estado boliviano, por 50-100 años, prorrogables por iguales periodos, una superficie de 600 hectáreas para (el) establecimiento de una Zona Franca Especial...”

Esto deja en evidencia, observa Guzmán, que las soluciones de medio camino tienen mucho que ver con la convergencia de intereses económicos concretos por parte de ambos países. El punto es hallar un equilibrio, el beneficio para ambos, remarca. “Tiene que ser de beneficio mutuo, un acuerdo integral que resuelva varios problemas y que beneficie a las partes”.

REALISMO. También se trata de ser realistas en el plano internacional, plantea el economista: “Hay que tener los pies sobre la tierra para analizar este caso, y ver las verdaderas posibilidades que existen; una vez que se tiene esto en cuenta se puede ir avanzando de a poco, porque es un tema (el marítimo) muy delicado, difícil, y es casi imposible esperar que Chile acceda a negociar soberanía de una primera instancia”.

“Hay que abrirse a todas las posibilidades, y hay que poner todos los elementos de negociación sobre la mesa, no cerrarse antes de negociar, no decir ‘no, esto es imposible’, esa posición inflexible que no ha contribuido a resolver el problema en anteriores negociaciones; ahora hay que ver las cosas con la mente abierta, con flexibilidad y creatividad, sobre todo para resolver un problema que es difícil, es delicado y que tiene una carga histórica muy importante para los dos países”.

Para el excanciller Murillo, sin embargo, el rasgo central de los acercamientos “de medio camino” es que “en todo caso se trataría de iniciativas exploratorias, propias de la diplomacia antes de 2013, vale decir, con anterioridad a la demanda de Bolivia ante la Corte de La Haya, que fija, con absoluta claridad, el objeto de la petición”.

Y es aquí que Murillo insiste en un hecho fundamental, que para todo hay un antes y un después de la demanda marítima ante la CIJ.

“Habría que despejar las imprecisiones de dicha propuesta, alentada por Chile, de manera informal, en muchas ocasiones. Podría servir para dilatar indefinidamente la recuperación de la cualidad marítima, que es el objetivo central e irrenunciable de nuestra demanda, a partir de fórmulas que, de comienzo, tratan de excluir el atributo de la soberanía en una eventual fórmula de solución”, advierte el excanciller. 

SOBERANÍA. Con la advertencia de que las llamadas “soluciones de medio camino” que hubo o siquiera se perfilaron hay que analizarlas en el contexto en que se produjeron, el expresidente Carlos Mesa destaca que con Chile el problema marítimo siempre incluyó y tendría que incluir a la soberanía, aún en los nuevos tiempos.

“En lo personal, mi posición ha sido siempre la de una negociación con Chile que no puede dejar de lado la palabra soberanía. Se trata de una idea crucial desde el punto de vista de la historia y, más que eso, en la búsqueda del objetivo central: la posibilidad real de Bolivia de definir su estrategia de acción libre y soberana en la cuenca del Pacífico a través de un puerto propio sin condiciones, y el cierre definitivo de una herida entre ambas naciones que permita una proyección de integración y futuro compartidos con grandes beneficios para ambos estados. Todo  esto con una visión de siglo XXI, con todo lo que la idea de este nuevo tiempo implica en la forma y en el fondo”.   

Ahora, el excanciller destaca que si bien dichos escenarios son posibles en el futuro, todo ha cambiado con la demanda marítima y el fallo de la Corte. No se tienen que mezclar las cosas, dice.

“Si dicho fallo abre —según esperamos— el camino para negociar, tendremos que hacerlo en los términos de la petición de nuestra demanda, es decir, llegar a un acuerdo que le otorgue a Bolivia un acceso soberano en el océano Pacífico. De lo contrario sería desvirtuar todo lo que se ha hecho dentro de este proceso. Anticiparse a fórmulas que se aparten del contenido de esa petición podría estar dando señales equivocadas y muy peligrosas a los magistrados de la Corte”.

Aun cuando se tuvieran “nuevos tiempos de integración económica”, Murillo insiste en que hoy Bolivia no puede apartarse del petitorio de la demanda: que la Corte juzgue y declare que Chile tiene la obligación de negociar con Bolivia un acuerdo que le otorgue un acceso soberano en el océano Pacífico. “Si el propósito hubiera sido, de comienzo, explorar fórmulas que no le devuelvan a nuestro país la cualidad marítima, algo que solo se alcanza mediante un territorio soberano, no habría existido razón alguna para acudir a la Corte de La Haya. Chile ha tratado siempre de convencer a Bolivia que debe contentarse con un territorio de administración autónoma, en usufructo, comodato, etc., etc., y, en esos términos, habría sido fácil entablar un proceso de negociaciones. ¿Qué objeto habría tenido recurrir a la CIJ?”

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