Animal Político

Sociedad ante la demanda marítima

El autor reflexiona sobre la cohesión que se logró con el ‘banderazo’ del 10 de marzo.

La Razón (Edición Impresa) / Danilo Paz

00:00 / 10 de abril de 2018

Solo cuando vemos la irrupción de la masa, que sabe lo que no quiere e irá construyendo en el camino lo que quiere, nos damos cuenta de que en Bolivia “la sociedad civil es más fuerte que el Estado” (René Zavaleta). Este fenómeno nacional tan particular explica cómo un golpe de Estado se transformó en la Revolución Nacional de 1952, una huelga de hambre de mujeres mineras concluyó conquistando la democracia en 1982 o, un octubre negro remató en instaurar el proceso de cambio en 2006.

La demanda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya da inicio a un proceso que progresivamente se irá transformando, se sabe donde comienza, pero no donde pueda acabar. El “banderazo” del 10 de marzo significa que el pueblo se ha apoderado de una lucha que no tiene retorno, que independiente del dictamen positivo de la Corte Internacional y de la reacción del Gobierno chileno a la sentencia, Bolivia como masa irá hasta el final, con las únicas armas que históricamente posee: la resistencia, la multitud en los caminos, el hambre en los estómagos o por último ofrendar la vida al opresor, es decir, el cerco, las vigilias, las marchas, el bloqueo de caminos, la huelga de hambre y, finalmente, enfrentarse con piedras a los tanques, las formas de lucha de un pueblo desarmado y heroico.

No es casual que en 2013 Bolivia haya sorprendido a propios y extraños con la demanda ante La Haya, solo un sindicalista con una lógica reivindicativa como la de Evo Morales pudo dar ese paso trascendental que rompe con los códigos diplomáticos tradicionales que anteriormente nos llevaron indefectiblemente al fracaso. La forma comunitaria, sindicalista, asociativa, gremial, corporativa de Bolivia es la demostración empírica de que la sociedad civil es más fuerte que el Estado. Este hecho, por ejemplo, es el que obligó a los partidos políticos populares a llamarse a sí mismos movimientos (Movimiento Nacionalista Revolucionario, Movimiento de Izquierda Revolucionaria y Movimiento Al Socialismo), el propio MAS desde un inicio se caracteriza como un instrumento de los movimientos sociales.

En Chile, la situación es exactamente opuesta: “el Estado es más fuerte que la sociedad civil” (René Zavaleta), esto quiere decir que lo que se impone en última instancia es la determinación del Estado y los intereses que representa. Ello explica, por ejemplo, cómo en Chile después de la caída de Pinochet y de recuperar la democracia, sin importar que los gobiernos sean de izquierda, centro o derecha, el modelo económico siga siendo liberal, o que con variantes de forma, todos los presidentes posdictadura tengan la misma política respecto a la demanda marítima boliviana, con el agravante perverso de ser caracterizada como una virtuosa política de Estado y no de gobierno.

Este tipo de reflexión puede parecer contradictoria al protocolo que estamos siguiendo eficientemente ante la Corte Internacional de La Haya, no, simplemente se trata de colocar en el tablero de la estrategia nacional una táctica en la que el verdadero pueblo boliviano es invencible. Ya no es solo cuestión de preguntarse por ejemplo: si el acceso al mar es imprescindible para el desarrollo, si es más realista el tren bioceánico, si debíamos potenciarnos militarmente para hacer cumplir nuestro derecho, incluso si nuestro enclaustramiento es producto de intereses transnacionales y de élites antinacionales. Cuanto la posta ha pasado a la sociedad simplemente se considera que el acceso soberano al mar es una necesidad, un imperativo nacional al que deben buscarse todas las condiciones para que sea una realidad.

Lo cierto es que en el “banderazo”, inicialmente planteado como un símbolo de unidad nacional en torno a la causa marítima, estuvieron presentes las organizaciones sindicales, gremiales y territoriales, especialmente trabajadores de los sectores petrolero, minero, fabril; de profesionales y técnicos del aparato del Estado, y como un fondo, ciudadanos originarios y residentes de las comunidades y pueblos del camino de El Alto hasta Oruro. En realidad son estas organizaciones sociales las que en un proceso de concretización de objetivos se transforman en movimientos sociales. En momentos históricos determinados, las organizaciones sociales populares irrumpen como masa para transformarse en movimientos sociales y definir el curso de los acontecimientos políticos.

De esta manera, se trata de que paralelamente al eficiente papel del Estado en la demanda marítima ante el tribunal de La Haya, la sociedad apropie sus métodos de lucha internos al concierto internacional en general y particularmente a la república de Chile, esto quiere decir que la táctica de la lucha popular de vigilias, bloqueo de caminos, marchas, paros, huelga de brazos caídos, huelgas de hambre y en el extremo cercos, todos ellos pacíficos, muestren al mundo que el pueblo boliviano está convencido de vencer y que Chile como Estado y como sociedad comprenda que la cuestión marítima boliviana se resuelve no “por la razón o la fuerza” sino por la fuerza de la razón y que “un pueblo que oprime a otro no puede ser libre”.

Las vigilias del 19 y 20 de marzo realizadas en las ciudades capitales, intermedias y fronterizas de Bolivia, las sorprendentes manifestaciones de residentes bolivianos en varias ciudades de América Latina y Europa y, particularmente, la vigilia de compatriotas en puertas de la sede de la Corte Internacional de La Haya, por un lado, y por otro, simultáneamente el día 20 de marzo la marea azul organizada por la Armada Boliviana a la que se sumó la juventud en todas las capitales departamentales del país, todas estas manifestaciones en apoyo a los alegatos de la fase oral de la demanda marítima de Bolivia, son continuidad del “banderazo”.

Finalmente, los desfiles cívicos del 22 y 23 y la réplica del 26 de marzo ante la Corte de Justicia tienen ahora otro sentido, el de la demanda marítima de un Estado y sociedad civil boliviana unida.

  • Danilo Paz es sociólogo e investigador CESU – UMSS

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