Animal Político

Sikuris, una revolución cultural

Tesis: el sikuri, esta vez de Taypi Ayca-Italaque (La Paz), también es una forma de resistencia y revolución cultural.

La Razón (Edición Impresa) / Boris Bernal Mansilla es escritor, descendiente del cacicazgo Kutipa de Italaque

13:00 / 02 de enero de 2019

El 20 de diciembre, en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), mi hermano Nemecio Huanacu Calamani y yo presentamos el libro: Sikuris de Taypi Ayca–Italaque, Revolución Cultural. Luego de caminar investigando por aproximadamente 10 años, gracias al auspicio de Gobierno Autónomo Municipal de Mocomoco (provincia Camacho del departamento de La Paz) sale hoy a la luz esta obra.

Estamos convencidos que hablar de los Sikuris de Taypi Ayca-Italaque  es referirse a identidad, historia, resistencia cultural, descolonización, pluralismo cultural y, este último tiempo, a revolución cultural.

Así, este legado ancestral no es solo una expresión artística de música y danza, conlleva elementos ontológicos, epistemológicos y axiológicos de una cultura milenaria que a lo lago de la historia supo resistir y transmitir a generaciones su sabiduría y forma de vida. Esta cultura que existió mucho antes del imperio incaico, que a la llegada de los españoles soportó los golpes de la colonia, la inquisición y la expiración de idolatrías, que en la república fue instrumentalizada por mestizos, hacendados y políticos, quienes miraban al indio y su música como mero folklore y adorno.

En estos tiempos, en los que de cierta forma las condiciones son diferentes, una fuerte efervescencia crece en la región andina por la interpretación de la música indígena originaria ancestral. Cada día se ve más en los diferentes estratos sociales del mundo urbano grupos, colectivos y comunidades intérpretes de la cultura ancestral originaria.

Pero en esto que vemos ahora con tanta alegría, muchas veces jóvenes urbanos caemos en la arrogancia de sentirnos con mayor conocimiento y experiencia que los propios intérpretes del Sikuri de Taypi Ayca-Italaque, como fue nuestra amarga experiencia con cierto grupo musical. No es una concesión política coyuntural, ni es el resultado de gestiones gubernamentales. Llegar a este momento de revalorización cultural fue un largo proceso de resistencia que desembocó en lo que ahora denominamos: “La Revolución Cultural de los Sikuris de Taypi Ayca-Italaque”.

Del libro rescatamos dos fragmentos que grafican estos hechos.

El primero, recogido del relatado del investigador Daniel Casteblanco, y su escrito Dos intelectuales indigenistas y su influencia en la popularización del estilo musical de los Sikuris de Italaque 1926-1963, Revista Mundo Sikuri, Lima, Perú, 2017:

“Para el año 1926  José Salmón Ballivián, presidente del Círculo de Bellas Artes, preparó el Concierto de Gala. Suite aymara en cuatro movimientos orquestados.

El concierto avanzaba sin contratiempo, pero conforme se aproximaba el último movimiento de la obra Salmón Ballivián se frotaba las manos con ansiedad: pronto aparecería en escena la tropa de sikuris indios que había traído desde el cantón de Italaque para impresionar a la audiencia y cerrar con broche de oro su Suite Aymara. De repente se abrió el telón para el último movimiento y sobre las tablas aparecieron los músicos indígenas, ataviados con ponchos colorados y tocados con plumas de pariwana. Pero no hubo aplausos, sino un rumor sordo que empezó a crecer entre el público. Las señoras, indecisas sobre si debían aplaudir o no, miraban nerviosas hacia ambos lados como buscando la aprobación. Pero antes de que alguien se atreviera a aplaudir, o antes de que el guía de los Sikuris llenara con su aliento la primera caña, el cardenal echó su butaca para atrás asegurándose de que rechinara estrepitosamente. Un silencio dramático inundó la sala. Ante la mirada expectante de los presentes, el cardenal recogió las faldas de su sotana y se puso en pie con aire de indignación. Su silueta rolliza atrajo todas las miradas. Masculló una maldición inaudible y se dirigió hacia la salida dando pasos sonoros. Justo antes de dar el portazo con que abandonó el municipal, el cardenal sacudió la cabeza de lado a lado en señal de reproche. Entonces las señoras se pusieron de pie como impulsadas por los resortes de sus asientos, salieron del teatro fingiendo enfado tapándose las narices y cacareando:

— “¡Huele feo, huele feo!”

Uno de los caballeros que fue en pos de ellas lamentó a voces:

— “¡Una horda de salvajes… y en el Municipal!”.

El segundo fragmento que rescatamos es de la entrevista que realicé a don Nicolás Espinal en la comunidad de Taypi Ayca-Italaque: “Don Antonio Bustillos y José Larrea nos llevaban a La Paz para que toquemos Sikuris para el MNR, no recibíamos nada a cambio y si había pago no nos entregaban…”, relata el abuelo y guía de los Sikuris.

Sobre estos episodios, dejo al lector sacar sus propias conclusiones.

Ahora bien, desde el 21 de enero de 2015 se abre un nuevo escenario para esta cultura, pues es promulgada la Ley departamental 080, que declara Patrimonio Cultural a los Sikuris de Taypi Ayca-Italaque, que va ahora en perspectiva del reconocimiento en el ámbito nacional e internacional, tanto en el campo de la legalidad como de la legitimidad, logrando de esta manera poder difundir una alternativa y forma de vida.

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