Animal Político

Reflexionar los indecisos

Por la composición de los indecisos, Evo no logrará la mayoría absoluta.

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Molina es periodista

00:00 / 10 de abril de 2019

Según una última encuesta nacional realizada por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), con 2.000 entrevistados y un margen de error inferior al 3%, la intención de voto en marzo fue la siguiente: Evo Morales: 37,5%; Carlos Mesa: 28,6%; Óscar Ortiz: 7,6%. Estas cifras corresponden con las arrojadas por las encuestas urbano-rurales difundidas por ATB, y también, haciendo ajustes, se parecen a las encuestas predominantemente urbanas de Página Siete y Poder y Placer.

Todas estas encuestas detectaron un porcentaje elevado de “indecisos” (de alrededor del 25%), lo que, junto a la reducción de la intención de voto a favor de Morales, constituye la característica diferencial de esta elección respecto de la de 2014. Entonces Morales obtuvo el 61% de los votos, es decir, casi 25 puntos porcentuales más que su intención de voto actual. Sin pretender que se trate de un trasvase, puede suponerse que una gran porción del electorado que apoyó al presidente en la última elección, pero que rechazó su reelección en el referéndum de 2016, ahora se manifiesta “indecisa”. Tal es el campo en el que deben actuar tanto la campaña oficialista como la opositora.

Los intentos de adivinar con métodos especulativo-estadísticos cómo se comportará este nutrido grupo de indecisos el 20 de octubre son sesgados y no vale la pena caer en ellos. Lo razonable es tomar en cuenta los datos de esta encuesta sobre la imagen de Morales vis-à-vis la de Mesa, que son importantes porque pueden proporcionarnos pistas sobre el espacio con que cuentan los candidatos para crecer. Morales tiene una imagen positiva de 53,9, mayor que la de Mesa, que es de apenas 35,2%. Los votantes que ven mal a Morales y que por tanto probablemente nunca votarán por él son el 40,9%. Los que ven mal a Mesa, el 45,4%. Esto podría significar que Morales cuenta con una mayor oportunidad de crecer que Mesa, excepto porque al mismo tiempo la encuesta encuentra que si solo el 1,6% de los electores desconoce a Morales, un importante 14,1% no ha oído hablar de Mesa. Dependerá entonces de las campañas —de la propia y de las rivales— si finalmente estos desconocedores lo verán mal o bien.

Una vez más, los hechos no permiten pronosticar el resultado de la carrera Evo-Mesa. Tanto podría darse que los indecisos de hoy vuelvan al redil y le concedan a Morales una nueva oportunidad, con lo que ganaría en primera vuelta, con una votación mayor al 40% y superior en 10 puntos a la de su inmediato seguidor; o también que los indecisos, luego de conocer mejor a Mesa, se inclinen por él y lo acerquen a una distancia de menos de 10 puntos del primero, forzando un balotaje que muy probablemente ganaría el opositor.

Dada la disímil adhesión de las distintas clases sociales y de las generaciones a los contendores, la campaña de Morales debe avanzar de abajo arriba, para referirse principalmente a la población más acomodada, así como a los jóvenes, que son más reacios a valorarlo positivamente. Al mismo tiempo, la campaña de Mesa debe ganar el corazón de los sectores populares. Hasta hoy, Morales ha desplegado la estrategia del seguro de salud (SUS), orientada a los indecisos de los sectores medios “vulnerables” y una agenda de innovación para los jóvenes, pero todavía falta ver qué propondrá a los indecisos de los niveles socioeconómicos superiores, con los que tiene menos chance, ya que desde hace tiempo está vigente la ecuación “más ingresos: menos adhesión al proceso de cambio”.

Por su parte, Mesa tiene más posibilidades con los jóvenes y con la clase media “típica”, que desea una mayor circulación de élites que le permita, por decirlo simplificadamente, “retomar el poder”. Por eso su campaña debe concentrarse en los sectores populares e indígenas, a los que hasta ahora ha tratado de acercarse con medidas simbólicas como la famosa imagen del expresidente cultivando papa. Este “avance hacia el centro” es un resultado de la lógica electoral, aunque al mismo tiempo puede debilitar su apoyo entre los indecisos racistas y clasistas de los sectores más elevados de la pirámide social.

En suma, mucho todavía está por verse. Sin embargo, ya se puede saber que, por la composición de los indecisos, Evo Morales no logrará la mayoría absoluta en la primera vuelta. Lo que significa que, de darse un nuevo gobierno suyo, no tendría mayoría calificada en el Parlamento y carecería de suficiente gobernabilidad, por lo que podría recrearse la situación que vivió Bolivia entre 2006 y 2008, aunque esta vez sin la posibilidad de “desempate” a través de un plebiscito como el que se dio al final de este periodo.

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