Animal Político

Pugna Morales-Mesa, inevitablemente circunstancial

Hasta ahora, la lid política se ha centrado más en ataques personales. Lo deseable es hablar del país.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos es periodista

00:00 / 22 de mayo de 2019

En la segunda semana de mayo parecía que esta vez sí los candidatos presidente Evo Morales y expresidente Carlos Mesa habían llegado al clímax de su enfrentamiento, cuando en una conferencia de prensa en la Casa Grande del Pueblo, el primero dijo: “Tanto habla de transparencia (Carlos Mesa), tiene que ser transparente para transparentar esos depósitos de 30.000 dólares; yo diría, la familia de Carlos Mesa ya es un evasor confeso, su abogado (Carlos) Alarcón dijo: ‘la familia, los hijos del padre van a pagar si es posible impuestos (si no se pagaron)’, reconocen que no ha pagado impuestos”. La respuesta de Mesa no pudo ser más inmediata, mediante su cuenta en Twitter: “Paralizado por la evidencia abrumadora de la penetración del narcotráfico en su gobierno y la policía, ofende a mi familia y a la memoria de mis padres y su compromiso con Bolivia de manera canallesca. No admito su cobarde calumnia y lo desmiento categóricamente”. Antes, en noviembre de 2018, el Mandatario, tras dar 24 horas a Mesa para que presente pruebas de que Evo estaba involucrado en el caso Lava Jato (sobornos de la constructora Odebrecht), lo llamó “cobarde” y “maleante”; cobarde por no haber nacionalizado los hidrocarburos en su presidencia, y maleante porque Mesa habría cobrado para ser candidato a la Vicepresidencia en la fórmula encabezada por Gonzalo Sánchez de Lozada. El candidato de Comunidad Ciudadana le respondió que “no puede seguir amenazando como si fuera un dictador”.

RAZONES. Al margen de las razones o contradicciones que cada quien pudo tener en ambos episodios, el punto es ubicar este enfrentamiento y su modo de darse en el proceso electoral en marcha, advierten los analistas consultados por Animal Político.

La coincidencia mayor está en ver, afirman, este “debate” como no propiamente político, en el sentido de programático: “una guerra con la intención de dañar la imagen del candidato, más que una campaña para proponer el posicionamiento de la imagen del propio”, apunta el politólogo Marcelo Silva.

“El Gobierno está inquieto por la performance electoral del candidato Mesa y de alguna manera quiere deteriorar su imagen. Creo que esta guerra se va a volver más fuerte a medida que pasen más meses”, resalta a su vez el sociólogo Jorge Komadina Rimassa.

“Creo que son elementos secundarios en el proceso electoral, que van a aparecer episódicamente, porque el tono general del proceso electoral está marcado por la ausencia de polarización política e ideológica. Entonces, van a aparecer temas de controversia que van a distanciar o van a haber, de un lado y del otro, ataques, pero los temas que aparecen son laterales al debate programático, político e ideológico”, destaca el sociólogo Fernando Mayorga.

Pero para que así sea, un debate de temas “laterales”, Mayorga remarca que eso tiene su base cierta: en el fondo, que todos los candidatos tienden hacia el centro de las posiciones políticas, convergen antes que polarizarse, incluyendo al más radical anti-Evo, el candidato Óscar Ortiz: “Insisto, se muestra una suerte de convergencia centrípeta, incluyendo a Óscar Ortiz; entonces, no hay una confrontación de propuestas de modelo económico, de alternativas de esquema político, y son más bien temas [los del debate] laterales, circunstanciales, episódicos”.

‘CASUALES’. Y es cierto, circunstanciales. ¿Qué hubiera pasado si no surgía el caso Pedro Montenegro? Este carácter episódico del debate lo mismo está revelando, dice Mayorga, ausencia de estrategia electoral: “No son parte de una estrategia electoral, y han surgido, insisto, de manera circunstancial a raíz del caso Medina-Montenegro, y no es precisamente como despliegue de una estrategia electoral o de una estrategia discursiva del oficialismo o de alguna fuerza opositora”.

Aunque en esto de si hay o no estrategia electoral, Silva disiente: El Movimiento Al Socialismo (MAS) “está en campaña sostenida y gana mucho con la confrontación, la polarización”, afirma. Así, los recientes enfrentamientos han logrado, dice, empujar a Mesa a mostrar lo suyo: “Lo que han hecho estos enfrentamientos es que provoquen un poco, creo que deliberadamente por parte del MAS, a que Mesa adelante su campaña; de alguna manera lo ha logrado; le ha obligado a que Mesa salga a mostrar sus cartas”, cartas que, añade, acaso eran más oportunas cerca de las elecciones.

En lo relativo a que todos los candidatos tienden al centro, Komadina destaca que éste es precisamente el afán de Mesa: “no cuestiona la validez de la Constitución, no intenta cambiar el modelo económico, sus propuestas se han pegado bastante a las del MAS en muchos aspectos, sobre todo en la economía. Creo que esta estrategia intenta atraer a los votantes de las clases medias urbanas, esa gran franja de indecisos que va a decidir la elección”.

PARADOJA. Por esto, a diferencia de Silva, es paradójica o contraproducente, dice, la actuación del Gobierno. Sobre todo por la acusación de que Mesa estuviera ligado al narcotráfico (por la venta del departamento al excoronel Gonzalo Medina), cosa que luego no se pudo sostener (el propio Evo Morales no tocó el tema cuando acusó a Mesa de evasor), el MAS socava su propia credibilidad, afirma Komadina: “Se hace un flaco favor a sí mismo el Gobierno, porque está potenciando la imagen alternativa de Mesa, en un contexto en que el MAS está en una situación complicada, por el deterioro de la imagen del Gobierno”. De aquí, destaca el sociólogo, el fuerte discurso “institucionalista” de Mesa: “la estrategia de Mesa será hablar con un tono más fuerte y posicionarse como un liderazgo alternativo a Morales, con un discurso que enfatiza su rechazo a los gestos autoritarios del Presidente, y busca la reinstitucionalización del orden jurídico, la aplicación estricta de las normas, todo esto en torno a la defensa del 21F, entonces tiene un discurso institucionalista”  

Pero, como se ve aquí mismo, recuerda, en el fondo no se cuestiona el modelo; en últimas, se trata de una lucha de estilos: “Acá no hay verdaderamente una diferencia programática o ideológica muy fuerte, pues los dos candidatos quieren ocupar el centro político; solo hay una diferencia en los estilos de liderazgo, la que cada vez se está polarizando más; es una lucha entre dos liderazgos”.

Pero el debate de hechos “laterales” o “circunstanciales”, como dice Mayorga, no puede ser eterno, por la propia lógica del proceso electoral. En palabras del politólogo Silva: “El elector no creo que esté radiante con esto de las acusaciones personales; creo que definitivamente está esperando cuestiones que le den certidumbre y razones para optar por una de las propuestas políticas”.

DESAFÍOS. Tanto el MAS como Mesa tienen que “dejar de subestimar al electorado”, afirma lapidario, y tendrán que “mostrar elementos programáticos,  propuestas de políticas públicas”.

Y he aquí el desafío discursivo de cada quien de nuestros candidatos objeto de estudio en este texto.

Por un lado: “Mesa nos tiene que decir cómo va ir el país sin Evo Morales; cómo lo pinta en el postevismo, y eso es muy complejo, porque hay cartas muy sólidas del evismo: estabilidad económica, el proceso de inclusión. Mesa nos tendrá que decir cómo piensa manejar el país después de tantos años de una estructura política que ha estado asentada y que le ha dado cierta estabilidad al país”. Y, por otro: “Morales nos tendrá también que decir que no solamente la estabilidad es su mejor carta, sino que hay problemas que la población ve con muchísima nitidez y que son cotidianos, salud, seguridad ciudadana. No puede quedarse en decir que aquí está la estabilidad y que va a haber continuidad; tenga la certeza de que la mayoría de la población piensa que no debería haber continuidad en ciertos elementos de política pública y también en ciertas actitudes del Gobierno: lucha contra la corrupción, etcétera, que indudablemente son tareas pendientes”, enfatiza Marcelo Silva.

Pero también están los hechos, los actos. Para cuando se publique este suplemento, se habrá realizado la concentración en Chimoré (Cochabamba) del MAS, el arranque de campaña, como se dijo cuando se la convocó. Dos objetivos persigue el gran acto, destaca Jorge Komadina.

Por una parte, “mostrar la fuerza del número, de la masa, a sus contrincantes políticos para dar una señal de que por lo menos los sectores campesinos, la gente de las provincias, sigue cohesionada en torno al proceso de cambio”; pero también, afirma, el MAS busca “cohesionar a sus propias fuerzas, que están un tanto dispersas, confundidas, desanimadas, y quiere claramente trazar una frontera política entre su proyecto y el de Carlos Mesa”.

Está en el habitus político del MAS la grande concentración, el tomar la calle, “lo que no puede hacer la oposición, y lo hace para dar un mensaje fuerte de que todavía tiene un apoyo social”, concluye el sociólogo.

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