Animal Político

La Política y Facundo, los amores de Silva

La jornada de la diputada oficialista se resume en trabajo, formación, un poco de ejercicio y un tiempo con su amada mascota.

La diputada Valeria Silva Guzmán junto a Facundo. Foto: Wara Vargas

La diputada Valeria Silva Guzmán junto a Facundo. Foto: Wara Vargas

La Razón (Edición Impresa) / Aline Quispe / La Paz

01:51 / 17 de noviembre de 2017

El perfil de la diputada oficialista Valeria Silva Guzmán es un retrato de sus amores y pasiones: la política y los políticos a los que admira; sus padres y la influencia que ejercieron en su vida; y su amor por los animales, en particular por Facundo, su mascota.

Con Facundo, que fue adoptado en El Alto, la relación es “de dependencia”; quizá porque se parecen un poco, afirma ella, quien lo define como “rebelde y gruñón”.

“Facundo lo es todo, llegó a nuestras vidas en un momento en el que necesitábamos de un factor de cohesión distinto porque ninguno de mis hermanos tiene hijos”, asegura la diputada del Movimiento Al Socialismo (MAS) por La Paz, que abrió a Animal Político las puertas de su hogar, ubicado en la avenida Arce, de La Paz.

Sus luchas políticas y su labor en el Legislativo han abarcado diversos espacios, desde su participación en la comisión a cargo de investigar la capitalización de empresas públicas, hasta la promoción de la Ley 700 para la Defensa de los Animales contra Actos de Crueldad y Maltrato, esta última sancionada un año después de ser elegida diputada suplente por el departamento de La Paz, en los comicios generales de 2014.

Entonces tenía 24 años, situándose entre los políticos y líderes más jóvenes del país y de Latinoamérica. En septiembre, asumió a plenitud el escaño luego de que Edmundo Polo, el diputado titular, fuera designado embajador de Bolivia en Colombia.

Uno de los mayores desafíos de la joven legisladora, que este año también asumió la subjefatura del partido gobernante, es que La Paz conserve su primacía en el ámbito político y recupere el liderazgo en el ámbito económico nacional.

Para lidiar con el estrés del trabajo y “recargar pilas”, Silva también le dedica un tiempo a la actividad física, casi todos los días practica spinning o zumba, lo que su ajetreada agenda le permita. Y de igual manera dispone un tiempo para su formación intelectual: es seguidora de la política y marxista rusa Alexandra Kollontai, una de las figuras más importantes de la Revolución Rusa por sus aportes teóricos y prácticos a la lucha por el socialismo y la equidad de género.

Otra parte de su tiempo la destina a Generación Evo, proyecto político del partido gobernante para la inclusión de jóvenes en el denominado ‘proceso de cambio’.

La política corre por las venas de Silva pues creció en medio de ella. Su padre, el abogado Óscar Silva, fue periodista y ejerció de viceministro de Gestión Comunicacional en 2011, en tanto que su madre, Liliana Guzmán, es abogada, especialista en derechos humanos y fue la máxima dirigente de la Central Obrera en Chuquisaca.

Dos hechos marcaron el destino de la diputada: la candidatura de su madre a concejala del MAS por Sucre en 2005, pese a las críticas por ser un partido indígena, y su cercanía con el vicepresidente Álvaro García, el mentor de su carrera política.

Recuerda que su familia tuvo que migrar a La Paz en 2006 por los ataques racistas que sufrió en Sucre a raíz de su afinidad con el oficialismo. A casi 11 años de ese episodio, Silva se considera una paceña de “convicción y corazón”; en la sede de gobierno maduró, se hizo más competitiva y amplió su perspectiva del mundo.

Decidió hacer política a los 16 años cuando culminaba sus estudios en el colegio Amor de Dios. Entonces, se vinculó a la Coordinadora de Juventudes Antifascistas de Bolivia, plataforma de colectivos que hacían seguimiento a las acciones de la Asamblea Constituyente instalada en 2006. Luego empezó a escribir artículos sobre historia y ciencia política, que fueron escogidos para ser expuestos en Europa y Sudamérica.

Una década después, su labor dio frutos y cree que el reto aún es mayor. Volver a casa tras las arduas jornadas laborales y ver a Facundo le da el respiro que todo humano necesita.

 

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