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Guillaume Long: Paraísos fiscales minan el derecho al desarrollo

Hoy día Ecuador se encuentra en una auténtica cruzada contra los paraísos fiscales; se trata de una pelea de hace poco más de 10 años. No es para poco: una tercera parte de su PIB, se estima, está oculto en dichos países; su Canciller visitó el país y expuso los problemas y logros de esta su tarea nacional.

Guillaume Long, ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador. Foto: José Lavayén

Guillaume Long, ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador. Foto: José Lavayén

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

12:58 / 28 de noviembre de 2016

Esta semana estuvo en el país Guillaume Long, ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador; entre otras cosas, vino a exponer la larga experiencia ecuatoriana en la lucha contra los paraísos fiscales. No es por nada: se calcula que una tercera parte del PIB ecuatoriano se encuentra ‘escondida’ en dichos paraísos; por eso allí ya se impulsa el denominado Pacto Ético: la obligación del funcionario público de no tener su dinero en un país paraíso fiscal, o renunciar al cargo si persistiera en dicha situación; esto es lo que en febrero de 2017 (junto a la elección presidencial y legislativa) se pondrá a referéndum ciudadano en Ecuador.

El canciller Long explica cómo el paraíso fiscal, un hecho aún tolerado por la comunidad internacional, en los hechos es un abierto atentado contra el derecho al desarrollo de los pueblos.

— Un problema para luchar contra los paraísos fiscales parece ser que no siempre hay una lista clara de cuáles en verdad son esos países.

— Hay que dividir el debate en dos temas: uno de carácter más político y el otro, al que usted se refiere, más técnico, las listas. El primero es una tema político y ético: hay que llegar a un verdadero consenso mundial, de voluntad política, para que podamos encarar el problema; los paraísos fiscales en el siglo XXI son una verdadera vergüenza. Frente a ese diagnóstico, y frente a las necesidades de financiamiento para el desarrollo que tienen países como Ecuador, Bolivia, hay que hacer un llamado mundial, buscar un consenso global sobre este tema. Nosotros estimamos que un monto equivalente al 30% de nuestro PIB, la tercera parte de nuestra economía, está escondida en paraísos fiscales.

— Ecuador está impulsando esto a nivel internacional.

— Hay una coyuntura política adecuada en 2016 que hay que aprovechar: todo el escándalo en torno a los Panama Papers, el hecho de que otra vez esté en primeras planas de los medios de comunicación, cuando apenas el año pasado, en la conferencia de Adís Abeba, Etiopía, la conferencia de la ONU de financiamiento para el desarrollo, muchos países estaban reacios a cambiar el estatu quo de los paraísos fiscales; algunos hablaban de mayor transparencia, pero no había una voluntad férrea para poner fin a esta práctica. Ahora hablan de que hay que hacer cosas, hay que aprovechar esto. Los países están preocupados en diferentes dimensiones; en el caso de Bolivia, Ecuador y otros, del sur global, la preocupación principal por los paraísos fiscales es un tema de justicia global, de justicia tributaria, de derecho al desarrollo. Pero para esos países (desarrollados) esto tiene que ver más con su preocupación por su seguridad, terrorismo, crimen organizado. En hora buena, podemos tener preocupaciones distintas, pero un objetivo común.

— En cuanto a la lista...

— Nosotros estamos proponiendo la creación, en el marco de las Naciones Unidas, de un cuerpo intergubernamental que encare no solo el tema de los paraísos fiscales, sino más bien el problema de la justicia tributaria; porque incluso hay prácticas en países que no son necesariamente paraísos fiscales que son lo que podríamos llamar de competencia desleal en cuanto prácticas tributarias. Así como existe el dumping comercial, también existe la práctica desleal, de decir, ‘Ah, le voy a bajar el impuesto a mi vecino para que toda la inversión salga de su país, y venga al mío’. Hay que encarar el problema de manera más integral.

— Le preguntaba esto porque si se aprueba el Pacto Ético en Ecuador, el problema será saber qué países serán los prohibidos.

— Ahí hay dos elementos. Primero, nosotros nos manejamos con una lista, nos tenemos que manejar con una lista; pero, el segundo aspecto muy fuerte de esto es el secretismo de gran parte de nuestras élites, que sacan el dinero de Ecuador y lo esconden, literalmente. El punto no es que legítimamente una familia pueda tener un bien, una casa; sino que no lo declare, y sobre todo lo tenga en un lugar donde paga impuesto cero y está en forma secreta. Y ya estamos viendo los efectos positivos solo del anuncio de un referéndum para el próximo año. Una de las finalidades de este referéndum es imprimir mayor ética en la función pública, que una persona que cuida los intereses de su país y se presenta a elecciones, para defender los intereses de su país, no puede al mismo tiempo esconder su dinero en un paraíso fiscal. Además, hay el propósito de traer liquidez al país, traer esos recursos que están fuera para nuestro desarrollo. Y estamos viendo efectos positivos, no tenemos datos todavía, pero ya hay un fenómeno de repatriación de capitales hacia Ecuador.

— Ecuador está apuntalando este proceso en la ONU.

— Si usted escucha el discurso de Obama en la Asamblea General de las Naciones Unidas, hay una parte fundamental que se centra en el tema de los paraísos fiscales, eso no es una coincidencia, porque hay un contexto, ha habido un escándalo reciente, hay una mediatización del tema; aprovechemos eso los países que más necesitamos recursos para nuestro desarrollo y busquemos cambios sustanciales a nivel multilateral. Ahora, ¿cuánto apoyo hay? Insisto, es creciente. No es coincidencia que Ecuador fue electo para presidir el G77 en 2017.

— Lo interesante es que está generando ya una agenda en el tema.

— Contrariamente a que se suele separar las cosas, creemos que también es un tema de derechos humanos; específicamente del derecho al desarrollo. Es difícil hablar de derechos humanos en presencia de derechos civiles y políticos pero con pobreza, o con pobreza extrema. Acabo de estar en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones unidas y, claro, no estamos acostumbrados a vincular lo uno con lo otro, pero allí hablé de los paraísos fiscales.

— A propósito de la elección de febrero. Primera vez que Alianza País va sin el presidente Rafael Correa.

— Estoy convencido, además las encuestas lo confirman, de que nuestro candidato, el exvicepresidente de la república Lenin Moreno, cuyo binomio es el actual vicepresidente, Jorge Glas, van a ganar las elecciones en febrero de 2017. Hay ocho candidaturas que se han inscrito para la presidencia; la derecha en Ecuador todavía está muy dividida, siento que no tiene una candidatura de peso. Yo creo que eso se debe a que Ecuador se ha transformado pero radicalmente en los últimos 10 años; hemos dado un salto cualitativo; casi en todos los indicadores somos de los que más reduce pobreza, desigualdad. Sin duda ha sido un año difícil económicamente pero, por todo eso, la propuesta política de Alianza País y de la Revolución Ciudadana tiene todas las posibilidades de ganar. Es verdad que hay una derecha que se ha fortalecido en el último año, debido a las dificultades económicas externas que enfrentamos; y es verdad también que hay municipios que están en manos de la oposición, incluyendo a las dos ciudades más importantes: Quito y Guayaquil; pero digamos, eso es la democracia; siempre nuestra respuesta a los diferentes retos que hemos enfrentado, ha sido más democracia, siempre más democracia, hemos tenido 10 procesos electorales en los últimos 10 años.

— Le propongo comparar con Bolivia o Brasil. La oposición se fortalece en las regiones, pero cuando se trata del voto nacional, aquí y allá se confía en que el líder, Morales o Lula, llevarán toda la votación hacia su partido; el líder marca la diferencia. Ahora éste no es el caso de Ecuador.  ¿Cómo han logrado aún el apoyo ciudadano sin el presidente Correa?

— El liderazgo del presidente Correa es fundamental. Siempre decimos  ‘todo el mundo es necesario, nadie es imprescindible’. El Presidente optó por no presentarse en 2017, pero yo creo que sigue ejerciendo gran liderazgo, lo seguirá haciendo; además es un hombre joven, él puede volver. Afortunadamente, la revolución ciudadana ha construido varios liderazgos; el compañero Lenin Moreno goza de mucha popularidad; es un hombre que hizo muchísimo desde la vicepresidencia por las personas con discapacidad. Destapó una triste realidad de nuestro país, las condiciones infrahumanas en que las personas con discapacidad estaban viviendo, casi tapados, escondidos del ojo público, y él reveló eso, y fue un mea culpa casi de la sociedad entera; lideró un movimiento para rescatar la dignidad de las personas con discapacidad, y eso los ecuatorianos no lo olvidan. Pero insisto, el liderazgo del presidente Correa sigue incólume.

— Hay un resurgimiento de la nueva derecha, empero.

— Sin duda vemos eso con mucha preocupación. Tenemos que estar muy vigilantes; en un primer momento, el Presidente habló de una restauración conservadora, y ahora en términos más duros, aludió a un Plan Cóndor contra nuestros proyectos políticos. Lo vivimos a diario, yo desde la Cancillería lo vivo a diario: hay un esfuerzo regional y extrarregional para sabotear nuestros proyectos progresistas; pero todo eso de “fin de ciclo” también creo que es una exageración; yo vengo de la izquierda del 2 o 3% cuando nos iba bien; ahora, cuando nos va mal —no incluyo a Ecuador porque no hemos perdido— pero incluso en los países donde nos va mal como izquierda, perdemos con el 49%, somos la primera fuerza de oposición. Hay una lucha por la hegemonía entre unas fuerzas más neoliberales y unas más progresistas; algunos defienden una idea más vinculada al estado de bienestar, otros al socialismo, es variopinto, pero ciertamente un proyecto progresista. Además, ya hay experiencia de gobierno; la izquierda llegó al poder y gobernó con crecimiento, con reducción de pobreza, con reducción de desigualdad, con políticas públicas probadas; con cuadros jóvenes. Incluso en los países donde se ha perdido, yo no hablaría de un fin de ciclo y un retorno así nomás a los 20 años de la larga y triste noche neoliberal, como decimos. Puede estar la izquierda en la oposición en algunos países, pero no es la oposición del 2, 3%, es una oposición que es la mitad del país, en algunos casos con mayorías legislativas y que puede fácilmente volver al poder.

— La derecha incluso ya tiene que moverse sobre las transformaciones que ya ha habido.

— Por supuesto. En algunos casos, habrá que ver, la derecha ha hecho una propuesta radical de acabar con los avances; en otros casos, saben que si son demasiado radicales en sus propuestas neoliberales, probablemente habrá una reacción popular muy fuerte. Ahora, sabíamos que era con democracia; y uno en democracia algún día pierde, porque además el ejercicio del poder es desgastante, y evidentemente algún día vamos a perder, pues, y está bien. El tema es luchar por la hegemonía, no estar en un escenario donde de los 10 candidatos presidenciales, 10 son neoliberales caudillos de diferentes provincias o sectores; hoy no es así, ya hay una disputa ideológica entre derecha, centro, izquierda, radical, derecha variopinta, más liberal, centrista, conservadora; y eso es positivo; tenemos una sociedad más plural y hay una lucha por la hegemonía; hay que darla: creo que América Latina es el continente más desigual del planeta, para vergüenza de los latinoamericanos; desde mis raíces políticas e ideológicas, el problema principal es ese, erradicar esta extrema desigualdad, y eso significa, pues, una propuesta progresista y no una propuesta neoliberal; hay que dar la lucha, pero definitivamente quienes hablan de fin de ciclo están equivocados.

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