Animal Político

Pacífico, sables y memoria

140 años de la invasión chilena. La fuerza militar que defendió Calama en lo principal fueron policías.

La Razón (Edición Impresa) / Jhosmane Rojas Padilla es historiador.

00:00 / 13 de marzo de 2019

La mañana del 14 de febrero de 1879 en el puerto boliviano de Antofagasta anunciaba un ajetreo inusitado de vecinos, comerciantes y extranjeros, a consecuencia de divisarse, a las seis de la mañana en la bahía, el humo del vapor de guerra chileno Almirante Lord Cochrane. Ese viernes 14 de febrero coincidía con el mediático remate de los bienes de la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta, por parte de las autoridades prefecturales del Litoral boliviano, ello en cumplimiento de la ley del 14 de febrero de 1878.

A las siete de la mañana, el comandante de las fuerzas de ocupación chilena, coronel Emiliano Sotomayor, comunicaba al prefecto del Litoral boliviano, coronel Severino Zapata, las órdenes del Gobierno de Chile, de ocupar los territorios del 24º al 23º ante la decisión del Gobierno boliviano de romper el tratado del 6 de agosto de 1874. A las ocho y media de la mañana desembarcaron en el puerto de Antofagasta 100 soldados del batallón de Marina, al mando del sargento mayor José Ramón Vidaurre y 100 artilleros a órdenes del capitán Exequiel Fuentes y sus ayudantes, capitán José Manuel Borgoño y capitán de corbeta Javier Molina, formando en descanso al frente del cuartel de Policía del puerto. 

Ocupado el puerto y pese a los reclamos del prefecto Zapata, sería nombrado como gobernador del “Departamento de Caracoles” Nicanor Zenteno, para hacer respetar las garantías y derechos a los habitantes del Litoral boliviano. Inmediatamente se destinaría 70 soldados, al mando del capitán Francisco Carvallo, para ocupar el distrito minero de Caracoles y el salar de El Carmen, a la vez que partía con rumbo a Mejillones la corbeta O’Higgins, con el mismo fin. A la vez que el blindado Blanco Encalada debería resguardar a la población chilena, ante una inminente arremetida del Gobierno boliviano en los puertos de Tocopilla y Cobija.

La pequeña guarnición de policías de Antofagasta —40 celadores o policías de sable— por órdenes del prefecto Zapata sigilosamente había dejado el puerto y marchado con dirección a Calama. En Caracoles, el contingente policial de celadores tomaría la misma decisión. Calama se constituiría poco a poco en el punto de resistencia boliviana, a la invasión chilena de su territorio, impulsada por el vecindario y apoyada por otras poblaciones menores del Litoral boliviano.

A consecuencia de una presunta “declaratoria de guerra” de Bolivia a Chile  —el 1 de marzo— la ocupación chilena del puerto de Tocopilla y Cobija era inminente.

El 21 de marzo de 1879, a las nueve y media de la mañana era ocupado Cobija, sin ninguna resistencia bélica; y el 22 de marzo, el comandante chileno Williams Rebolledo ocupaba el puerto de Tocopilla, ante los reclamos del subprefecto M. Abastos: “no teniendo más fuerza armada que cuatro policías de sable, no puedo poner resistencia a la determinación consignada”.

Y como última medida de fuerza, las reducidas fuerzas de celadores o policías de sable de Tocopilla y Cobija eran enviadas presurosamente a Calama, a órdenes del abogado Ladislao Cabrera.

El 23 de marzo, las unidades de celadores y policías de sable junto a los vecinos de Calama, entre comerciantes, viajeros, mineros, funcionarios y militares, enfrentarían a las fuerzas chilenas del coronel Emiliano Sotomayor, que pese a la resistencia en el río Loa y puente del Topáter, serían derrotadas. A las once de la mañana, Calama sería ocupada por el Ejército chileno, con un nuevo jefe político-militar, el teniente coronel del 2º Batallón de Línea Eleuterio Ramírez.       

En el parte elevado al Supremo Gobierno, por parte de Cabrera, se detalla el movimiento vivido desde las primeras horas de la ocupación chilena del puerto de Antofagasta, los preparativos asumidos en el distrito minero de Caracoles, ante los rumores del avance de unidades de reconocimiento chileno, la intransigencia y belicosidad de los migrantes y trabajadores chilenos que llevaron a escoger la población de Calama como reducto de resistencia, teniéndose como primeras fuerzas de resistencia a los celadores de la Policía, tanto de Caracoles como de San Pedro de Atacama. Contingente policial que poco a poco engrosaría las filas de los defensores de Calama.

A 140 años de los sucesos de febrero y marzo de 1879, unos objetos que de manera silenciosa transmiten aquella coyuntura son los sables de la policía de seguridad del departamento del Litoral, los cuales gracias al trabajo sacrificado del coronel Pabel Álvarez han logrado vencer toda suerte de peripecias —desde 2016— para mantener viva la memoria de aquellos sucesos. Los referidos dos sables —de los Policías de Sable— se encuentran resguardados por el Museo Histórico Policial, simbolizan aquella férrea presencia policial en el departamento del Litoral, entre coyunturas criminales, de control de aduana, de resguardo de recuas y viajeros, de operaciones portuarias en Tocopilla, Cobija, Mejillones y Antofagasta, como representantes del Estado boliviano en la costa y el interior del Litoral.      

Igualmente, mantienen viva la memoria de aquellos policías de sable y celadores que enfrentaron el primer trance de la guerra: el coronel Exequiel Apodaca, de Deterlino Echazú, Clemente Ríos, Valverde, Polo, Valdivia, Eugenio Patiño y otros más. Pacífico, sables y memoria.

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