Animal Político

México y su proceso de cambio

Andrés Manuel López Obrador es el presidente electo con mayor respaldo en la historia de México.

La Razón (Edición Impresa) / Hugo Siles Núñez del Prado es politólogo, internacionalista

00:55 / 11 de julio de 2018

Las recientes elecciones en México han provocado un verdadero terremoto político, reflejado por la victoria electoral del candidato de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), Andrés Manuel López Obrador, conocido como AMLO. López Obrador se impuso con más del 53% de la votación, dejando muy atrás a los candidatos Ricardo Anaya y al oficialista José Antonio Meade. La contundente victoria de AMLO, que se constituye en el presidente electo de mayor respaldo en la historia de México, fue reconocida la misma noche por sus contrincantes, en la que solo se conocieron resultados de conteo rápido, en ausencia aun de los datos oficiales. El oficialista PRI (Partido Revolucionario Institucional) terminó esta elección en tercer lugar por primera vez en su historia; un fiel reflejo del inmenso desprestigio del Gobierno de los últimos años. Hace casi dos décadas el electorado puso fin a la hegemonía del PRI después de 70 años, ahora exige una transición, un cambio de régimen, tras dos décadas de alternancia entre los partidos tradicionales: el PRI y el PAN (Partido Acción Nacional). El triunfo de López Obrador reafirma y constata un cambio a gritos en la sociedad mexicana. AMLO renovó las esperanzas del progresismo y la izquierda de toda América Latina, echando por la borda cualquier afirmación sobre el “fin del ciclo progresista”. Y no es para menos, AMLO y la izquierda se imponen en la segunda economía más importante de América Latina, en un país que lleva décadas de aplicación de políticas neoliberales, que tiene como regente al Fondo Monetario Internacional (FMI) y que han ocasionado que en la actualidad más del 50% de la población mexicana se encuentre bajo el umbral de la pobreza.

La esperanza renace en México, de la mano de un político progresista, un hombre de izquierda, con experiencia y preparación en la administración pública. Las primeras señales discursivas de AMLO rompieron los moldes y esquemas tradicionales y conservadores en la política mexicana. Como presidente electo de México, López Obrador habló de gobernar con rectitud y justicia, a tiempo de calmar a mercados y empresarios. Pero lo sustantivo de este “proceso de cambio” en México viene de la mano de priorizar a los pobres, de reducir el gasto y aumentar la inversión del Estado. De crear empleos y luchar frontalmente contra la corrupción que carcome la sociedad mexicana. AMLO también habló de la autodeterminación y de los pueblos indígenas, un tema echado al olvido por décadas en México. Habló de los obreros y trabajadores mexicanos, así como de detener la migración de los ciudadanos por necesidad. En materia de política internacional, López Obrador ya dibujó la nueva orientación de México con el principio de no intervención en los asuntos internos de otros países en el mundo. Con relación a Bolivia, lo primero que salta a la vista son las coincidencias y semejanzas en cuanto al planteamiento de los cambios estructurales que AMLO proyecta para México respecto de lo desarrollado por nuestro país durante la última década. Es un “proceso de cambio” mexicano que sintoniza con el “proceso de cambio” boliviano. Por cierto, AMLO recorrió todo México, con escasos recursos, cara a cara con el pueblo, con actitud e identidad propia, algo muy similar a la etapa de ascenso del presidente Evo Morales. Esta sintonía entre ambos procesos revolucionarios, en los cambios y hasta en el propio estilo de liderazgo y de gobierno entre AMLO y Evo Morales, podría fortalecer y estrechar de grado las relaciones entre México y Bolivia.

Uno de los desafíos mayores de López Obrador a partir del 1 de diciembre de este año, cuando inicie su mandato al frente de la presidencia de México, será la relación con su vecino Estados Unidos. El vecino con el que comparte más de 3.000 kilómetros de frontera y que mira desde Washington a México como el país turbulento e intratable y de “eterna compartimentación geográfica” y al que el mismísimo Donald Trump vapuleara e insultara en varias ocasiones. ¿Qué pasará con el muro que construye Estados Unidos en la frontera con México y las hostiles políticas migratorias del Presidente norteamericano? Son algunas de las incógnitas que difícilmente podrían terminar con final feliz. Ya que de hecho la llegada de AMLO a la presidencia de México incomoda y molesta al “establishment del poder estadounidense”. Lo cierto es que México despierta con López Obrador que, como nunca antes en la historia, tiene un respaldo social legítimo, con mayoría congresal y la esperanza de todo un pueblo en América Latina. El “proceso de cambio” en México permite soñar que este gran país vuelva a mirar al Sur y tome las distancias con su vecino del Norte. Habrá que esperar que tan extraordinaria oportunidad aterrice por el bien de todos.

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