Animal Político

Luchar contra el Patriarcado

La despatriarcalización, una nueva categoría política, empieza a ser debatida y construida colectivamente.

Sonia Brito es diputada por el MAS

00:00 / 05 de diciembre de 2018

La agenda de las mujeres, en las últimas décadas, se caracterizó por su enfoque liberal acorde a las políticas neoliberales del contexto internacional, que no pudo llegar a las realidades de las mujeres de los sectores sociales, populares e indígenas del país, lo que hizo que las mujeres del pueblo no tuvieran mayor sintonía con los movimientos feministas y sus propuestas.

El enfoque de género liberal que planteó la “igualdad y la equidad” mostraba las contradicciones entre “hombres versus mujeres”, como si la larga postergación y subordinación sufrida por las mujeres se resumiría solamente a esta contradicción. Se restó el carácter político a esta lucha, planteando un movimiento interclasista como si todas las mujeres fueran iguales, y sufrieran de la misma manera las relaciones de subordinación y dominación a las que se encuentran sometidas. Esta mirada occidental se negó a ver la contradicción de las sociedades coloniales o neocoloniales e invisibilizó totalmente la contradicción de clase, es decir, la realidad de la triple explotación de las mujeres de las grandes mayorías: por ser pobres, por ser mujeres y por ser indígenas.

La construcción histórica del poder no recayó en cualquier varón, sino en el varón blanco, letrado, rico y occidental y solo hasta hace unos pocos años los hombres de las élites neoliberales concentraron el poder político, el poder económico y simbólico, tanto en tiempo de dictaduras como durante la democracia neoliberal.

Las políticas de género tuvieron un divorcio con la realidad de las grandes mayorías de mujeres, que no sentían reflejadas sus necesidades en esas políticas hechas para mujeres de clases medias urbanas, lo que restó la posibilidad de que miles de mujeres se adhirieran.

El proceso de transformaciones que vive el país tuvo como actores principales a los movimientos sociales y populares, pero fundamentalmente fueron las mujeres de esos movimientos quienes lideraron las luchas y fueron artífices y actoras de este proceso; la presencia de polleras y abarcas en la  resistencia contra el modelo neoliberal, en la Asamblea Constituyente y en la construcción del nuevo Estado Plurinacional demostró que las mujeres de las grandes mayorías habían apostado a un gobierno que las sacaba de su postergación y las ponía como actoras principales.

Esas mujeres de las grandes mayorías habían salido de la pobreza,  y ocupaban espacios de decisión en el Órgano Ejecutivo, habían logrado la paridad en la Asamblea Legislativa Plurinacional, en las asambleas departamentales y en los concejos municipales; se contaba también con la legislación más avanzada de la región en favor de las mujeres; sin embargo, las cifras de violencia, de feminicidios, de trata y tráfico, de brechas salariales mostraron la existencia de temas pendientes, que demandaba la construcción de una nueva agenda de mujeres que reflejara sus verdaderas necesidades.

Se comprendió que aún perviven resabios de un Estado capitalista, colonial y patriarcal articulado entre sí, que no terminó de superarse y que aún se tiene una deuda pendiente con el 50% de la población boliviana, que son las mujeres, pero que además son las madres, esposas, hermanas e hijas del otro 50% de varones del país, lo que llevó nuevamente a las mujeres del proceso a plantearse la necesidad de avanzar con conquistas estructurales que enriquecieran al nuevo Estado Plurinacional, venciendo las lacras del viejo Estado.

Fue necesario comprender sin derecho a equivocarse que la lucha de las mujeres no era contra sus compañeros varones, sino contra las causas estructurales de la dominación femenina, que fundamentalmente era el Estado capitalista, colonial y patriarcal que reproducía la dominación en toda la sociedad, incluidos hombres y mujeres.

Las luchas de los movimientos sociales de América Latina y África y las nuevas teorías del feminismo decolonial nos plantean al patriarcado como parte del sistema de opresión capitalista y colonial, por tanto, la lucha feminista se encuentra articulada a la lucha contra el capitalismo y el colonialismo. Esta otra mirada desde el sur llevó a las mujeres de los movimientos sociales a la necesidad de elaborar una nueva agenda de despatriarcalización para Vivir Bien como opción alternativa a las antiguas agendas de género.

La despatriarcalización como una nueva categoría política empieza a debatirse y construirse colectivamente en el país. Es una categoría que busca la transformación estructural de las condiciones de explotación, discriminación y dominación que sufren las mujeres y los pueblos.

Los líderes del proceso, Evo-Álvaro, tuvieron la voluntad política para lograr los más importantes avances en favor de las mujeres de toda la historia obtenidos en la última década. Asimismo, el presidente Evo apoyó los nueve encuentros departamentales de mujeres para elaborar la agenda de despatriarcalización desde la voz femenina de las grandes mayorías del país y el 11 de octubre, en un gran acto, el Mandatario recibió la nueva agenda en el Día Internacional de la No Violencia.

Allí anunció la implementación de dos de las más importantes demandas de la agenda: la creación del Gabinete de la Mujer, la Niñez y la Erradicación de la Violencia y la creación del Servicio Plurinacional de la Mujer y la Despatriarcalización, que propicia un nuevo periodo de derechos y conquistas para las mujeres y la lucha contra la violencia hacia mujeres y niños.

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