Animal Político

Libertad y satanismo

Es un sinsentido hablar de ‘creencias espirituales’; lo único que hay son ‘creencias religiosas’

La Razón (Edición Impresa) / Ismael León es doctor en Teología

00:00 / 15 de mayo de 2019

Curiosamente en Bolivia, y nada raro también en otras naciones: casi al tiempo de salir o de ponerse en vigencia nuevas leyes, justo ocurre lo que supuestamente las mismas pretenden controlar. Tenemos leyes, con todo y números, artículos e incisos que en teoría protegen a la familia, a las mujeres contra todo tipo de violencia, a los niños. Irónicamente, no existe noticiero que en sus horarios estelares no estén informando —ahora mucho más que antes— sobre violaciones, infanticidios, asesinatos, homicidios y otros hechos trágicos. ¿Hecha la ley hecha la trampa? o ¿hecha la ley y… abierta la puerta?

Quienes formamos parte de una sociedad que aún pretende conservar los buenos valores y las buenas costumbres, como la defensa de la vida en todas sus formas o el cuidado de la familia, estamos muy abrumados por todos los hechos que se vienen dando. Y ni aun se diga, cuando desde nuestra fe cristiana, con estupor vemos cómo se pretende violentar el diseño original de pareja que Dios estableció sobre la tierra.

La nueva ley sobre “libertad” religiosa es para muchos de nosotros como el último ítem de un combo que se impone en nuestra cotidianidad social. El 21 de mayo de 2016 salió la Ley 807 sobre identidad de género con todas las implicaciones que ya conocemos.

Interrogándonos por la razón o motivo de las leyes, seguramente llegaremos a la misma respuesta de siempre. Al vivir en sociedad se hace indispensable un orden, un mecanismo que regule la conducta de las personas, de tal manera que se respeten los derechos y las libertades de todos por igual; con ello surgen las normas.

Sin embargo, en la sociedad actual resulta manifiesta una creciente ola de rechazo a la ley, puesta de relieve en expresiones muy variadas, algunas violentas, otras simplemente corruptas.

A menos de 12 días de haberse promulgado la Ley 1161 sobre “libertad religiosa”, el 23 de abril los noticieros reportaron el descubrimiento de un ritual, que por la descripción del mismo corresponde a uno satánico acaecido en la ciudad de Santa Cruz. Los detenidos, como dice el reporte de la red Uno, se “encontraban realizando un ritual, como parte de la religión africana a la que pertenecen”.

La pregunta de fondo es: ¿con la vigencia de la Ley 1161 debemos acostumbrarnos a tales prácticas porque corresponden a un “comportamiento religioso” o “creencia espiritual”? El inciso d) del artículo 7 de la norma dice: “Respetar las expresiones culturales, saberes, conocimientos y rituales sagrados que sean difundidos por las naciones y pueblos indígena, originario y campesinos”.

Un pueblo originario africano presente en Bolivia, por lo que dice y permite nuestra nueva ley, puede venir a nuestro país y “difundir” su práctica “sagrada”, aun a expensas de cometer biocidios de animales y de especies. Lo peor, promover rituales satánicos.

Esperaríamos mínimamente que en la construcción de la normativa de la nueva ley se haga algo para definir los límites de lo que son prácticas religiosas, que en el fondo esperaríamos sean a favor de la vida como don de Dios en cualquiera de sus formas. Aunque la ley ya está hecha, seguimos insistiendo en que existen varios vacíos bio-éticos y teológicos.

Es un total sinsentido hablar de “creencias espirituales”. La espiritualidad es una práctica y no una creencia. Lo que existen son creencias religiosas, de acuerdo con los propios presupuestos sagrados. La espiritualidad no es algo que se controla o maneja racionalmente; simplemente se la vive, se la celebra. Los escépticos hablan de subjetividad.

En contrapartida, un hecho religioso sí es posible explicitarlo, y traducirlo en una elaboración conceptual, para dar a conocer sus contenidos centrales. Por eso se explica la “existencia” de las expresiones religiosas.

¿Será que lo que comenzamos a vivir ahora representa los riesgos de vivir en una sociedad plural y diversa en todos los ámbitos de la vida, o es la comprobación de no estar aún preparados para vivir en medio de la diversidad?

Lo cierto es que desde donde corresponda, debiera asegurarse la libertad, la convivencia segura y tranquila de los habitantes, y no la preocupación, la desesperación, la zozobra y aun la eventual confrontación. Nada más revisemos la historia y nos daremos cuenta de que muchas de ellas tienen su base de enfrentamiento en imaginarios religiosos: cruzadas, genocidios, guerras santas, invasiones, etcétera.

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