Animal Político

Hombres y masculinidades de carnaval

El Carnaval también es para ver y reflexionar sobre ‘la masculinidad tradicional cargada de sexismo’.

La Razón (Edición Impresa) / J. Augusto Yáñez V. es sociólogo, experto en masculinidades

15:03 / 07 de marzo de 2019

El Carnaval del valle chicheño comienza con una reunión realizada en los denominados mojones, donde emerge nuevamente el personaje denominado “carnaval” o pujllay, el cual es representado por un hombre vestido mitad de mujer y mitad de hombre, es decir travestido. Éste lleva consigo muestras de la fertilidad y productividad de la región así como de los aspectos identitarios centrados en la caja y el erke. Con este sugerente símbolo carnavalero se genera una contradicción con el estereotipo del “macho” chicheño, otro ícono de la identidad regional, ya que se transgrede y rompe los cánones de la masculinidad tradicional con la cercanía hacia lo femenino y la homosexualidad, que es repetida durante los corsos, de compadres así como la del sábado y domingo de Carnaval, cuando un importante número de hombres se visten “como mujeres” principalmente en la denominada murga.

Siguiendo un recorrido espacial en territorio boliviano es sugerente identificar otros personajes del folklore y del Carnaval. Así encontramos, en la parte andina, al ch’uta que proviene de las comunidades altiplánicas y es destacado y validado socialmente como “el cholero” quien festeja acompañado, por lo general, de dos mujeres, una en cada brazo, expresión que encierra cargas machistas-clasistas en relación hacia la mujer chola.

Igualmente, aparece el pepino quien es enaltecido por la relación falocéntrica del mismo, el cual maneja un objeto denominado “chorizo” que genera más de una interpretación. Este pepino, en los últimos tiempos participa en la entrada paceña de pepinos o Pepineada, donde el uso excesivo de la violencia llama la atención, mucho más cuando la misma es dirigida hacia mujeres asistentes a dicho evento, donde la cualidad de expresión cultural queda en cuestión y se hace necesario su replanteamiento.

En el mismo derrotero podríamos considerar al caporal, que nos remite a la tesis desarrollada por el sociólogo Mauricio Sánchez Patzy bajo el título de País de caporales, donde ingresamos a considerar elementos como el poder y el androcentrismo en canciones que en su letra dicen, por ejemplo: “toda la gente me está mirando, porque soy caporal”. Así vemos las relaciones patriarcales vinculadas a los patrones de antaño, que todavía se practican actualmente en otras formas mediante mecanismos más sutiles, pero que continúan reproduciendo estas lógicas de dominio hacia los propios hombres y otros grupos poblacionales, denostando supremacías emblemáticas y cotidianas. Esta danza, además, lleva consigo cierto status y en algunos lugares responde a un rito de iniciación y validación social entre pares, donde incluso los políticos participan con sus mejores galas. Paralelamente está la cosificación de las mujeres que participan de esta danza como una máxima expresión de la “feminidad”, exceptuando tal vez a las protagonistas del “macho caporal” encerrando otros significados.

Con todo ello, un breve paseo por personajes que emergen en Carnaval, como pretexto, vamos identificando elementos planteados desde las masculinidades, o la masculinidad tradicional cargada de sexismo, en medio de contradicciones todavía pendientes en los debates de la identidad de género, dentro de los cuales los hombres hemos quedado rezagados. Queda pendiente continuar identificando otros personajes que mediante la tradición y la costumbre mantienen la estructura patriarcal con prácticas machistas o más aun con micromachismos que, en más de un caso, pasan por ser simples bromas y disuelven la carga sexista o misógina en medio de las risas y carcajadas.

La riqueza cultural boliviana es amplia y diversa pero es prudente cuestionar algunas manifestaciones que introduzcan el sentido crítico a las relaciones que establecemos entre mujeres y hombres para comenzar los procesos de deconstrucción social en el marco de las masculinidades, dando paso a la masculinidad alternativa.

La cultura es uno de los elementos más importantes en los que debemos trabajar para modificar la matriz social y comenzar a estructurar sociedades con mayor equidad e igualdad, las cuales se sumen a las dinámicas culturales que son cambiantes en el tiempo y también aportarán a la larga y compleja lucha contra el machismo.

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