Animal Político

Harnecker: canto a la esperanza

Homenaje a Marta Harnecker, la intelectual chilena clave en la difusión del marxismo en América Latina

La Razón (Edición Impresa) / José Pimentel C. es exdirigente minero y docente universitario.

00:00 / 26 de junio de 2019

La noticia no debe sorprendernos. Tras años de lucha contra el cáncer, Marta Harnecker peleó su última batalla. Con coraje compartía sus luchas casi diarias. Los recuerdos atiborran la mente.

1971. Después de las masacres mineras, de la muerte del Che, se dio la apertura democrática en Bolivia, en septiembre de 1969. Paralelamente se consolidaba el gobierno revolucionario militar de Velasco Alvarado en Perú y nos sorprendía el triunfo electoral de Salvador Allende en Chile. La sintonía era plena, conocíamos los debates de Nuestra América: reformismo o revolución, vía pacífica o vía armada, estatismo o socialismo, del campo a la ciudad o de la ciudad al campo, estudiar o luchar, la universidad abierta al pueblo o el pueblo a la universidad. Eran los debates que nos atraían, en eso llegaste a La Paz. Te conocía por tus colaboraciones en Punto Final y naturalmente me hubiera gustado escucharte. Que vengas mostraba el interés por lo que hacíamos: los mineros armados de nuevo, la nacionalización del petróleo, la revolución universitaria, la democracia de las calles y los cuarteles, la expulsión del Cuerpo de Paz, la campaña de alfabetización, todo parecía bello y sin embargo se vino el vendaval.

Dictadura. El golpe de agosto de 1971 en Bolivia, el de 1973 en Chile y el de 1975 en Perú echó por tierra nuestros sueños. Me resisto a decir por tierra, es mejor decir que supimos cuidar nuestros sueños en el cobijo del pueblo, en las cárceles y en tierras lejanas. Ahí te hallamos de nuevo, con tus elementos de materialismo histórico, la fuerza de la razón para continuar la lucha, no bastaba la rebeldía, el inconformismo con tanta injusticia, era necesario, como diría el Che: “ la certeza de la posibilidad”. Demostrado científicamente que el cambio era posible, éramos constructores de nuestros destinos, capaces de darlo todo por la revolución, así resistimos la clandestinidad, la cárcel, el exilio; la historia reivindicaría los sacrificios presentes. Aún recuerdo el cuaderno de ’Cristo’ Baldivieso escrito en la cárcel, con apuntes de tu materialismo, había que prepararse para el nuevo oficio.

Transición. El triunfo de la revolución nicaragüense en 1979 nos dio un aliento, pero también planteaba nuevos problemas. Las dictaduras proimperialistas tuvieron que retroceder ante la lucha de los pueblos latinoamericanos. No era solo la lucha de clases sino la lucha de los pueblos indígenas, de los católicos sinceros, de todo ese espectro que buscaba una sociedad libre, justa e igualitaria. Tú te compenetraste con el análisis de ese nuevo rasgo. La nueva estrategia era de la democracia controlada, democracia sí pero hasta aquí nomás. La guerra de los Contras contra el pueblo nicaragüense, las matanzas contra el pueblo salvadoreño, el aniquilamiento de los pueblos indígenas guatemaltecos nos llevaba a nuevos enfrentamientos contra gobiernos democráticos que no respetaban la voluntad del pueblo. La insurgencia de los pueblos en armas no pudo definir a su favor la guerra, el verdadero enemigo era el imperialismo norteamericano. Se imponía el camino de la paz y la democracia, había que reivindicarla como un avance de la humanidad, si le damos el sentido de Abraham Lincoln: “Democracia del pueblo, para el pueblo y con el pueblo”. El remedo de democracia que nos mostraban los títeres imperialistas era risible, había que luchar por su sentido pleno. Los procesos de transición fueron diversos e incompletos, más allá de que era o no lo posible sería el nuevo escenario del que había que partir. Había que perfilar gobiernos democráticos y populares, para lo cual había que sumar, en la lógica partidaria algo imposible, pues la unidad estaba condicionada al reconocimiento hegemónico de uno mismo. A pesar de ello, en Bolivia logramos imponer un gobierno de izquierda que heredó la crisis económica y sufrió la arremetida de la derecha parlamentaria y la izquierda sindicalizada que veía la solución a la crisis con un giro revolucionario, tarea imposible para un gobierno surgido de aliados de un amplio espectro. Tal vez era pedir lo que los radicales no podíamos hacer. La derrota por acción u omisión fue para toda la izquierda, sobre la que se montó el neoliberalismo.

A esto se sumaba la caída del bloque socialista. Nuestra respuesta fue “ese muerto no es el nuestro”, nunca nos identificamos con un socialismo burocrático y anquilosado, no democrático, donde los valores se perdían frente a la ambición personal, germen de la nueva burguesía. En ese derrumbarse de creencias, intentamos lograr tu llegada a Llallagua a la Universidad Nacional Siglo XX y tu llegada se demoró 20 años. En 2008 tuvimos el honor de tenerte en esa casa de mineros, así lavaste la frustración nuestra por el juego burocrático y el aislamiento de Cuba, donde vivías. Tus textos se publicaron y nos sirvieron para seguir en el empeño.

Esa persistencia llevó a que en 1999 se iniciara un nuevo ciclo en la lucha de nuestros pueblos, el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela señaló el camino democrático a los pueblos latinoamericanos, luchar y unirse en la lucha. Después, era necesario delinear la construcción de la nueva sociedad, no bastaba ganar las elecciones, tener Presidente y Parlamentarios, sino crear un poder desde las bases. Claro que hay que sobreponerse a la alienación de un sistema que se dice democrático y está estructurado para reproducir privilegios expresados en los ingresos desiguales, en la corrupción, en el rol de los hombres en la producción, en la inserción en el mercado internacional, pero también en la mente domesticada por siglos. Son estas inflexiones que debilitaron los gobiernos progresistas, los más surgidos de alianzas circunstanciales en la lucha contra el neoliberalismo, otros con más empuje popular. Gracias a los cambios estructurales que señalaron sus Asambleas Constituyentes, persisten en una sociedad basada en la igualdad y la justicia social.

Tuvimos el privilegio de editar tu libro MAS-IPSP: Instrumento político que surge de los movimientos sociales (2008). En sus líneas se transita el surgimiento de un nuevo poder nacido de las necesidades de las masas, al mismo tiempo que se plantea un camino que está basado en la urgencia de satisfacer las necesidades postergadas de un pueblo heroico y su articulación con el proyecto histórico del socialismo comunitario.

Seguir soñando. Tus últimos textos muestran la acumulación de la lucha de nuestros pueblos, los de-safíos de vivir las transformaciones tecnológicas, de comunicación, de organización de la producción y la sociedad, la emergencia de nuevas crisis como el cambio climático, la crisis financiera, guerras modernas, que llaman a reconstruir la izquierda, haciendo posible lo imposible.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia