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¿Gasto público ineficiente?

La fortaleza del actual modelo es que el gasto público está orientado a priorizar la inversión productiva y social.

La Razón (Edición Impresa) / Omar Rilver Velasco es economista, docente universitario

09:28 / 07 de agosto de 2019

La eficiencia económica es una de las cuestiones más estudiadas por los economistas. Sobre la base de ella se han elaborado teorías que explican la manera como una sociedad debe asignar el empleo de sus recursos escasos para maximizar su bienestar y que revisaremos brevemente, pero antes comencemos diferenciando la eficiencia técnica de la eficiencia asignativa.

Por eficiencia técnica se entiende a una relación de productividad entre el quantum físico de un bien que ha sido producido respecto a la cantidad mínima de insumos necesarios para llegar a esa producción. En cambio la eficiencia asignativa tiene que ver con el mejor uso alternativo de los recursos: el famoso costo de oportunidad en la toma de decisiones económicas, que es aquello a lo que renunciamos por tomar una elección diferente, es decir, dejar de recibir el beneficio de la actividad B por hacer la actividad A.

Para el neoliberalismo, la asignación de los recursos a partir del libre mercado ayuda a combinar ambos tipos de eficiencias en aras de maximizar el bienestar económico de la sociedad. Empero, la teoría está muy lejos de converger con la práctica. Aquellos casos en los cuales la eficiencia está garantizada por los mercados solo existen en los libros de texto. Muy por el contrario la casi totalidad de los mercados son ineficientes y están expuestos a diferentes tipos de imperfecciones conocidas como fallas de mercado. Son estas situaciones ineficientes las que justifican el rol activo del Estado y su mayor presencia en la economía. Pero el debate no termina ahí, hay quienes piensan que el Estado es más ineficiente que el mercado y viceversa.

Luego de este breve repaso a algunos conceptos, entremos al ámbito nacional. Para algunos seguidores del modelo neoliberal, el sector público es ineficiente y el mayor gasto del gobierno improductivo. Se cuestiona con bastante ligereza la rentabilidad y eficiencia de las empresas públicas sin ningún sustento contable ni financiero. Son los mismos actores que, con la misma perorata de la ineficiencia del Estado, justificaron la ola de privatizaciones y capitalizaciones en los años 90 y hoy tratan en base a los mismos argumentos de desprestigiar el mayor gasto público en sectores productivos.

Las críticas a las llamadas inversiones faraónicas en proyectos deportivos, carreteros, aeropuertos y otras infraestructuras públicas están fundadas en la incapacidad (de esos economistas) de no haber generado recursos suficientes para llevar dichos proyectos adelante por cuenta propia. Cabe recordar que en administraciones anteriores, el gasto en estos rubros eran casi inexistentes porque no había los recursos ni siquiera para pagar los alquileres de los inmobiliarios arrendados, porque era un Estado mendigo que no generaba ingresos. Ante la negativa de rendir cuentas al país de los ingresos que prometió la capitalización, distraen la atención de la opinión pública cuestionando el buen manejo de las finanzas públicas que dejó el auge de materias primas.

La eficiencia no es una cuestión simplemente técnica sino asignativa. Fue la ineficiencia asignativa del gasto público neoliberal que descuidó la provisión de bienes públicos, la que no permitió transformar crecimiento en desarrollo, mayores ingresos en menor pobreza. Los congelamientos de salarios, despidos masivos de empleados no se tradujeron en ganancias de eficiencia del sector público, sino en una menor presencia del Estado en un país que acumulaba crecientes demandas insatisfechas. El descuido en la provisión de bienes públicos, impidió la mejora en los indicadores sociales y de capital humano por más de dos décadas y cuyo costo de oportunidad hoy es elevado. Sin embargo, ahora aparecen algunos flamantes defensores del gasto público en salud y educación, olvidándose de su responsabilidad en el pasado.

La capitalización de las empresas públicas tampoco implicó mayor eficiencia económica. Los monopolios públicos se convirtieron en monopolios privados con la sola diferencia de que ya no generaban rentas al Estado y consecuentemente el gasto público tuvo que ajustarse al nuevo tamaño del “Estado regulador” que derivó en la ausencia en la provisión de bienes públicos. En términos redistributivos eso implicó pasar de una situación (Pareto) ineficiente a otra más ineficiente pero además inequitativa. ¿Porque dejar que manejen abiertamente el discurso de la eficiencia económica cuando ellos no fueron eficientes?

Más allá de la eficiencia técnica que es importante que se cumpla, la eficiencia asignativa es aún más significativa para estimular el crecimiento económico. La ineficiencia hay que medirla por la capacidad de generar bienes públicos respecto a la capacidad de generar ingresos. Un boliviano bien gastado desde un punto de vista técnico pero no priorizado es menos eficiente que un boliviano bien gastado desde el punto de vista de la priorización de las necesidades de la sociedad. La fortaleza del modelo económico actual es que el gasto público está orientado a priorizar la inversión productiva y social cuyos retornos garantizan la asignación eficiente de dichos recursos.

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