Animal Político

Gansterismo internacional

Luis Almagro, en su visita a Bolivia, fue cauto y respetuoso de la institucionalidad boliviana.

La Razón (Edición Impresa) / Nadia Beller Delgadillo es egresada en Derecho y Ciencias Políticas

00:00 / 12 de junio de 2019

La visita de Luis Almagro al país ha despertado una ola de críticas entre los que realizan el ejercicio cosmético y autoproclamado de abanderar la democracia, pues el interpelado se atrevió a ser cauto en sus afirmaciones y respetuoso de la institucionalidad del Estado, lo que denotó que desde la oposición política al partido de gobierno se generan falsas expectativas (cómo se advirtió en artículos anteriores) respecto a los alcances de la consulta ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Recurrir a la falacia ad hominem  de desacreditar lo expresado por el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), sin mayor argumento que su expectativo deseo de repostular al cargo que ocupa, es una muestra de escaso ejercicio intelectual.

El pecado del Secretario General de la OEA fue afirmar lo contrario a lo esperado por los opositores, siendo consciente de no ser autoridad competente —en sus propias palabras— para oponerse “a un dictamen, a un fallo, una decisión de la Suprema Corte boliviana” (por Tribunal Constitucional). “Yo como Secretario de la OEA no me puedo poner por encima” indicó, destacando además que ese veredicto es el cuarto fallo de la región en el que se habla de la reelección como derecho humano y sobre lo cual el sistema interamericano nunca dijo nada, haciendo alusión a las sentencias de Óscar Arias en Costa Rica, Juan Orlando Hernández en Honduras y Daniel Ortega en Nicaragua; de las que en ninguna instancia se declararon ilegítimas sus reelecciones, “entonces, yo estaría alterando sin tener ni un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ni un dictamen de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ni una votación del Consejo Permanente que diga que esa forma de reelegirse es ilegítima. No tengo ninguno de esos instrumentos”, manifestó, y agregó que si él fuera “por otro camino” incurriría en un doble estándar: “algo que vale para Morales y no valió para los demás”, lo que llevaría a caer inclusive en discriminación.

Motivados por ello fueron a su encuentro opositores y casi llegaron a las manos, cual gente poco civilizada, y anunciaron una infantil campaña en el Grupo de Lima para evitar su reelección como secretario de la OEA por expresar una posición contraria a sus intereses.

Lo alarmante de esta paradoja es la fórmula del terror, las amenazas y el movimiento supraestatal que se pretende imponer para amedrentar a quien se atreva a argumentar en contrario a estos señores opositores y candidatos, incurriendo no solo en violaciones a la soberanía nacional, sino, también, a la libertad de expresión de las personas, como una suerte de gansterismo internacional  (expresión del filósofo estadounidense Noam Chomsky) al no tolerar que alguien los desafíe o contradiga; para el caso, el mismísimo Secretario General de la OEA.

Bien aprendida tienen la fórmula gansteril, pues a principios de año no dudaron en firmar el pedido de aplicación de la Carta Democrática Interamericana en Bolivia, aun sabiendo que las consecuencias de ésta la sufriría el pueblo trabajador y empresario al que dicen representar y merecer su voto para salvaguardarlo. Ya advertía Chomsky allá por 2009 sobre estos “especialistas en apologética”, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo, y lo que sufren los débiles es su culpa. Con esta fórmula se justificó como “intervención humanitaria” el bloqueo que hace Estados Unidos a quienes osan desafiarlos, como Cuba y Venezuela; el golpe de Estado a Salvador Allende con la conocida frase de Richard Nixon: “haremos chillar a la economía chilena”, dando lugar a los más horrendos crímenes en Chile el 11 de septiembre de 1973; o contra quienes van contra sus intereses, como los métodos estadounidenses para socavar el sistema sanitario tan eficiente que existe en Canadá, imponiendo barreras al uso de fármacos sin marca (genéricos) que resultan más baratos para la población para aventajar a sus grandes laboratorios; el bloqueo a Huawei por su amenazante progreso tecnológico y la condicionante a sus aliados para no permitir el uso de sus productos; o la decisión de Estados Unidos de retirar visas a magistrados colombianos (de la Corte Suprema y Constitucional) a manera de presión y atropello a su institucionalidad y soberanía por sentenciar que exjefes de las FARC no sean extraditados a Estados Unidos en tanto no respondan por los delitos que se les atribuye en Colombia ante la justicia especial para la paz.

Aparentemente, el Presidente colombiano oponía objeciones a 6 de 259 artículos de esta ley que ha sido revisada y denegadas sus excepciones por la Corte Constitucional, lo que ha ocasionado entre los locales que se tilde estas objeciones de temor y subordinación del gobierno de Iván Duque (gobernante colombiano) hacia Estados Unidos y a esta medida como chantaje diplomático. Así que no resulta novedoso que élites tradicionales bolivianas recurran a estos métodos históricos de intimidación y represalia hacia Almagro e inclusive contra el pueblo boliviano de no lograr sus fines electorales cabiendo la posibilidad de que reciban el apoyo de la superpotencia hemisférica.

Hay que puntualizar que justamente es a este presidente Iván Duque (a quien tildan de servil en su propio país) al que Pastrana (exmandatario colombiano) y opositores bolivianos le piden que eleve la Consulta ante la CIDH sobre la reelección de Bolivia.

Dejando de lado su opinión personal para mantener las formalidades de su investidura y su status diplomático, con el mayor tino, Almagro concluyó sus declaraciones con que “no hay peor cosa que el odio transformado en posición política“ y que “mentes pequeñas generan grandes crisis” para posteriormente hacer un llamado al sistema boliviano de altura, grandeza, unidad y que los proyectos políticos sean dirimidos en las urnas. Parece ser que este señor entendió muy bien el orgullo boliviano que no permite imposición externa, que lo mejor que puede hacer por la democracia boliviana es velar por elecciones transparentes y que solo el voto de las elecciones generales será capaz de decidir si se da o no el cuarto mandato del presidente Morales.

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