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Francisco Zapata Schaffeld: La conciencia obrera hoy está privatizada

Hay nuevas formas de explotación del trabajo; lo que hay mucho, por ejemplo, es el estrés

Francisco Zapata Schaffeld. Sociólogo chileno, radica en México a raíz del golpe de Estado de 1973 (Pinochet). Es uno de los investigadores más reconocidos y exponentes de la llamada ‘sociología del trabajo’ latinoamericana; tiene varios trabajos al respecto.

Francisco Zapata Schaffeld. Sociólogo chileno, radica en México a raíz del golpe de Estado de 1973 (Pinochet). Es uno de los investigadores más reconocidos y exponentes de la llamada ‘sociología del trabajo’ latinoamericana; tiene varios trabajos al respecto. Foto: Christian Calderón

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos es periodista

07:00 / 08 de agosto de 2018

Visitó el país uno de los profesores más reconocidos de la Sociología del Trabajo, el chileno Francisco Zapata Schaffeld. Doctor en sociología, investigador del prestigioso Colegio de México, estuvo en La Paz a fines de julio para participar, junto a otros destacados académicos de la región, en el Coloquio Internacional Los desafíos de las Ciencias Sociales en el siglo XXI: la sociología en el mundo actual, organizado por el Instituto de Investigaciones Sociológicas (IDIS) de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Que el profesor Zapata diga que “hay una privatización de los intereses de los trabajadores” en la mayoría de los países de la región, no es un dato menor.

— En general, ¿cómo es hoy el trabajador latinoamericano?

— La estructura de los mercados de trabajo se ha modificado, porque las empresas ahora contratan a mucha gente fuera del contrato colectivo; hablamos de los subcontratados. En las minas, fábricas y otras, una proporción muy importante de la mano de obra ya no pertenece a la empresa mandante, al corazón del sistema, sino que son contratistas que hacen tareas específicas dentro de la empresa, limpieza, transporte. En el caso de Chile, en las minas, 50 por ciento es formal y el otro 50 es informal.

— Usted, desde hace tiempo afirma que la conciencia revolucionaria no es automática en los trabajadores, que también pueden ser conservadores.

— Hay un cambio en ese sentido, depende de los países. Pero lo que antes llamábamos el conflicto de clase se ha ido bajando mucho, porque hoy día el modelo económico —ustedes son expertos en eso— del modelo neoliberal tiene mucho que ver con la privatización de la conciencia de los trabajadores; los trabajadores ahora se interesan en consumir y para consumir necesitan plata; entonces, las negociaciones colectivas están muy ligadas a esta situación, de que quieren tener plata para poder gastar. Eso tiene que ver con otro problema importante que antes no existía: el asunto del crédito, la gente compra muchas cosas a crédito. Si uno compara cuán privatizada está la economía, el caso chileno es total, salvo el cobre, todo lo demás es privado; ahí hay un problema, porque los trabajadores internalizaron el modelo de endeudarse para consumir, tienen cinco tarjetas de crédito; en México es distinto, porque el acceso a la salud o educación es gratis, entonces ahí no hay una presión para endeudarse para esto. Por ello, tenemos subcontratados, conciencia obrera en el nuevo modelo que yo llamaría privatizada, individualizada. Se dan cuenta de que están siendo explotados, que hay un escenario de que se están aprovechando de ellos, pero al mismo tiempo están viendo que pueden hacer muchas cosas; están ‘tironeados’ entre las dos cosas.

— ¿Y las mujeres trabajadoras?

— Hablando de los mercados de trabajo, otra cosa importante es que ha aumentado mucho el volumen de mujeres, en todos los países; estamos casi en la paridad, 47, 48 por ciento de mujeres, no necesariamente en tiempo completo, sino también parcial; las mujeres han cambiado la distribución por género de la fuerza de trabajo; el mercado de trabajo se ha feminizado en sectores en que no existían antes; ¿por qué?, porque las habilidades femeninas son distintas a las habilidades masculinas. Otro fenómeno es el empleado del Estado, el empleo público, por lo menos en algunos países, ha bajado mucho; antes había mucha política clientelar con los empleados públicos; ahora se ha achicado. No conozco mucho el caso de Bolivia; hasta donde entiendo, hubo más bien un engrandecimiento de la burocracia pública, y ha habido un poco de clientelismo; en otros países, no: allí se van achicando.

— Antes, los sindicatos mismos hacían de partidos. ¿Hoy día, cómo está la participación política de los trabajadores?

— Lo que pasa es que ahora hay una crisis de los partidos. Los partidos ya no tienen preocupación de tener bases sociales; los candidatos ya no se interesan en ir a los barrios obreros; no hay una articulación de los partidos a nivel social. Antes era mucho la vida de partido, la militancia. El gran problema de la articulación de los trabajadores con la política es que ya no hay nadie que se interese en los trabajadores; ahora, los políticos están mucho más preocupados de los pobladores marginales. Por ejemplo, el presidente electo en México, López Obrador, en la campaña estuvo mucho más interesado en discursos en las plazas públicas, nunca fue a una asamblea sindical. Otra cosa que ha cambiado es el contenido de los conflictos. Hay un sindicato en Chile, de la mina La Escondida, que paradójicamente no le interesa ganar más plata, el pliego petitorio lo hacen para que el contrato colectivo no se modifique, porque la empresa quiere modificarlo para que los hijos de los trabajadores no puedan tener preferencia para entrar a trabajar en la mina; el año pasado hubo una huelga de 43 días, y no porque querían un aumento salarial, sino simplemente por mantener su conquista histórica, tener las cláusulas de protección para su descendencia. Defienden también los beneficios extrasalario: vacaciones, becas para los hijos, salud preferencial en algunos hospitales.

— ¿Y las empresas?

— Los empresarios también han cambiado en su manera de funcionar; el modelo neoliberal los hizo máquinas de acumulación de dinero. Ellos ya no se interesan en el bienestar social, no tienen lo que antes, una política social de las empresas, por ejemplo, préstamos para hacerse una casa, distintas políticas que unos llaman ‘paternalistas’, pero esto desapareció.

— Eso lleva al tema de los trabajadores y la democracia…

— Ahí lo que están haciendo los trabajadores es abstenerse de votar. La proporción de gente que va a votar ha disminuido; en Chile hay una tasa de abstencionismo de 43%; México es una excepción, en la elección del 1 de julio votó mucha gente. Pero en otros países, no. No conozco cómo es acá...

— El voto es obligatorio

— Entonces debe ser bajísima la abstención. De todas maneras, hoy hay una especie de tironeo entre la democracia a nivel público y la democracia dentro del sindicato, la exigencia de la rendición de cuentas de los dirigentes sindicales. Hay una toma de conciencia, que también tiene que ver con la edad de los trabajadores: se ha rejuvenecido la clase obrera; las empresas además no quieren tener gente de más de 50 años; esto tiene que ver también con que la gente joven tiene estudios, y ahora con los modelos de producción que hay, hasta inglés tiene uno que saber.

— ¿Cómo recibe la clase trabajadora la irrupción de los movimientos indígenas?

— Ahí se puede mencionar lo que pasó aquí en los años 80, a raíz del Decreto 21060, cerraron las minas; lo que René Zavaleta llamaba la ‘centralidad del minero’; esto también se fue, ya no son centrales; hoy día son los campesinos los centrales. Eso ha cambiado el escenario sobre el cual reclutan los sindicatos. Lo que decía al principio: la relación de los sindicatos brasileños del petróleo con los subcontratados del petróleo; ahí hay una relación positiva, buscan la representación de todos. En el caso de Chile, no. Los sindicatos del sector formal dicen ‘no (a los subcontratados), ustedes son pobres, de niveles salariales muy bajos, no tenemos por qué identificarnos con ustedes’. Entonces, ahí hay una crisis de lo que antes era muy importante: la solidaridad de clase. Hay una privatización de los intereses de los trabajadores.

— ¿Cómo ven los trabajadores a la llamada clase media? Aquí se reivindica mucho a las clases medias. ¿No es un nuevo problema para la clase trabajadora?

— Y es que se va estratificando; se hace más heterogénea. Por ejemplo, hay sectores obreros que son manuales, los mineros o los campesinos, pero desde el momento que empiezan a tener un cierto nivel económico su mentalidad cambia; claro que yo encuentro que esa discusión de las clases medias es un poco exagerada, artificial, porque si comparamos la clase media de Sopocachi con la clase media, comillas, que está en la bajada de El Alto, todo el mundo dice ‘esas son las mismas clases medias’; no, no es lo mismo: allá (en la bajada de El Alto) no hay herencia, allá se hizo a golpe de cada uno su casa, compró sus materiales; y acá (Sopocachi) es la familia que viene heredando, los hijos heredan, tienen oportunidades que no tienen los de arriba. La nueva clase media es distinta a la otra.

— ¿Es válida la tesis de la ‘reproletarización’ postulada por Álvaro García Linera?

— Yo lo entendería por el lado de que hay nuevas formas de explotación del trabajo. Los proletarios antiguos eran de fuerza física; hoy día la explotación no pasa por eso; por ejemplo, las cajeras de los bancos, no creo que sea fácil vivir en el ámbito financiero, porque hay una tensión permanente. La palabra clave es la idea de la explotación, que es el mecanismo que crea proletarios; si antes la explotación creaba proletarios que tenían que trabajar 10, 12 horas, hoy día lo hace de otra manera, hoy lo que hay es el estrés; vives en permanente tensión, y entonces te friegan con lo de los celulares. ¿Cuál es una reivindicación en Francia, por ejemplo? Que uno tenga derecho a apagar el celular durante el fin de semana, porque si no, el jefe te empieza a llamar sábado en la tarde... El otro día estaba yo muerto de risa, pero la gente que tiene que estar siete días a la semana, 24 horas al día sujeto a la autoridad empresarial, no funciona...

Datos

Nombre: Francisco Zapata Schaffeld

Nació: 1943.

Profesión: Es doctor en sociología por la Universidad de París.

Ocupación: Profesor investigador del Colegio de México desde 1974.

Perfil

Es autor, entre otros, de: Cuestiones de teoría sociológica; Frágiles suturas. Chile a treinta años del gobierno de Allende; Historia mínima del sindicalismo latinoamericano.

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