Animal Político

Festividad, consumo y cohesión social

El intentar controlar la fiesta patronal desconoce la lógica que tiene cada pueblo de organizar y consumir.

La Razón (Edición Impresa) / Germán Guaygua Ch. es sociólogo

15:08 / 07 de marzo de 2019

En Bolivia existe una gran cantidad de festividades patronales que expresan una infinidad de significados y connotaciones sociales, culturales, económicas, que conllevan una serie de prácticas, sentidos, relaciones sociales y establece lógicas de reproducción y transformación de la realidad social a través de la dinámica de consumos culturales.

A ello se debe sumar los aspectos religiosos, rituales, hasta un sinfín de significados individuales, familiares y sociales que han ido cambiando a lo largo del tiempo. Además, es un ámbito que articula, y también redefine, las relaciones entre distintas generaciones, lugares de procedencia, así como de la permanencia como de las continuidades en dos proyectos disímiles: por una parte, la oferta de la fiesta como un espacio de diversión, espectáculo y libertad para los jóvenes y, por otra parte, el sentido religioso, ritual y con las tradiciones que otros quisieran mantener.

Esta segmentación y diferenciación de los consumos en algunas ocasiones han sido controladas, censuradas, restringidas intentando frenar el exceso, el descontrol, el sinsentido, la irracionalidad. Este tipo de consumos colectivos son parte inherente de las fiestas patronales que en muchos casos sirven para reafirmar la cohesión grupal en su relación con lo divino, así como afianzar los vinculos con los grupos de la sociedad.

En este contexto, el consumo de alcohol ha sido objeto de una mirada crítica de la sociedad, de los medios de comunicación, que aluden a los efectos perniciosos para la sociedad; sin embargo, no se toma en cuenta que este tipo de consumo está asociado a un periodo específico, es decir, a un calendario festivo y que dista mucho con la práctica cotidiana de consumir cantidades regulares de alcohol en sus diversas formas y en distintos lugares; como un claro ejemplo, es el consumo del vino en la tradición mediterránea, la cerveza en la Europa del Norte, el sake en Japón.

Desde épocas coloniales, de acuerdo con Tierry Saignes, en su libro Borrachera y Memoria, indica que Toledo en 1575 señalaba que “todas las idolatrías se hacen con borracheras y ninguna borrachera se hace sin supersticiones y hechicerías y sigue considerando la ociosidad como la mayor causa de la ruina indígena”. Así, el complejo ocio-embriaguez-idolatría está fijado como estereotipo, y vinculado a un segmento de la sociedad.

Sin embargo, Saignes nos desafía a analizar este fenómeno social desde otra perspectiva, es decir, señala que la fiesta andina es una oportunidad para reunir a los diferentes grupos sociales que articulan un complejo sistema de relaciones, condición previa para que la memoria colectiva pueda reactivar los “mecanismos motores, vocales o gestuales, legados por los antepasados”. La fiesta estructura al grupo y a la vez lo reproduce como grupo. Semejante vínculo, tan íntimo en el mundo andino, entre fiesta, embriaguez y memoria, permite reactualizar la gesta colectiva pasada y asegurar los fundamentos de la identidad grupal. Es así que cada tonalidad musical, cada baile, servían de identificador étnico.

Esta otra mirada nos permite ir más allá del consabido efecto pernicioso que tiene el consumo de alcohol en espacios festivos. Nos desafía a mirar la festividad como el escenario donde se van a encontrar distintas temporalidades, gustos, consumos que tienen la posibilidad de reafirmar sus vinculos con la divinidad, con el culto a los ancestros y asimismo de fortalecer alianzas familiares y sociales. Las miradas de varios sectores de la sociedad de la absoluta irracionalidad en este tipo de expresiones, prevaleciendo en muchos casos los prejuicios y las estigmatizaciones en torno específicamente al consumo del alcohol, que se constituye en un catalizador social y que tiene como característica el consumo masivo, intenso en muchos casos, que responde a una sesión festiva circunscrita a un tiempo determinado y de acuerdo con el calendario festivo que contrasta nítidamente con la práctica cotidiana de consumir en otras sociedades y clases sociales cantidades regulares de alcohol.

Los intentos de controlar o restringir las manifestaciones de las fiestas patronales, ya sea para cancelar un evento o para controlar por un determinado tiempo el consumo de un producto, desconocen las lógicas y formas que tiene cada pueblo o sociedad para organizar y consumir, que tiene diferentes formas de expresar este tipo de manifestaciones; refuerza las percepciones estigmatizadoras que condenan el exceso y el derroche de dinero, tiempo y energía.

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