Animal Político

Dudas razonables sobre el PIB

El PIB puede crecer o ser grande sin necesidad de que la economía se desarrolle.

La Razón (Edición Impresa) / José Gabriel Espinoza Y. es economista

00:50 / 30 de agosto de 2018

El PIB es un agregado que se usa para estimar el tamaño de una economía, sumando el valor de los bienes y servicios finales producidos y transados en un periodo dado. Vamos por partes: los periodos suelen ser trimestres o años, mientras que los bienes y servicios deben ser “finales” porque si tomamos en cuenta los productos y servicios intermedios tendríamos una doble contabilidad: la harina que le venden los molinos a los panaderos no se contabiliza porque se supone que el costo de esta harina está incluido en la marraqueta que vende el panadero (y que sí contabiliza en el PIB).

También deben ser bienes y servicios “transados” porque se necesita un valor de mercado para cuantificar el PIB. Aquí, una primera llamada de atención: se dejan afuera todos los bienes o actividades que no reciben remuneración, como las labores del hogar o algunas actividades basadas en trabajo familiar, como el de muchas pequeñas empresas, que no pagan un salario porque se apoyan en el trabajo de la familia. En una economía altamente informal como la boliviana, éste es un problema serio.

Es un “agregado” porque intenta mirar el tamaño total de la economía, y aunque hemos avanzado mucho en su desagregación por sectores y regiones, de ninguna manera puede relacionarse directamente con factores cualitativos como la calidad del empleo, la sostenibilidad de las empresas, la productividad y diversificación, los retornos de la inversión y la educación, la calidad de los servicios públicos o una adecuada distribución de la riqueza.

Podemos ejemplificar lo último comparando el PIB per cápita de Venezuela en 2017 —que ha cerrado cerca de 7.500 dólares— con el de Bolivia, que es menos de la mitad para el mismo periodo. Si el PIB fuera una medida tan comprensiva y extensa de la economía, no estaríamos viendo una crisis de proporciones casi humanitarias en el caso venezolano.

Hasta aquí alcanza para explicar por qué la vinculación del crecimiento del PIB con una obligación laboral, como el doble aguinaldo, es cuestionada por los sectores productivos, ya que es claro que el PIB puede seguir creciendo o ser grande sin necesidad de que la economía se desarrolle. Sin embargo, según anuncio de autoridades, es claro que se continuará con esta medida, lo que nos llevó a discutir también la última característica del PIB: es una cifra estimada, y como toda estimación, es susceptible de errores o manipulaciones.

Una de ellas es el de los índices de precios (deflactores) usados para estimar el PIB en términos reales. En particular, los referidos a la inversión, que en los últimos reportes del INE muestran una tendencia decreciente, impulsando hacia arriba el crecimiento real de estos agregados. ¿Qué significa esto? Que el INE nos dice que invertir es hoy más barato (y por lo tanto más rentable) que lo que resultaba en 2016, 2015 o 2014 o, peor aún, que quedarse con mercadería guardada en los depósitos es un buen negocio, lo que es altamente contradictorio si tomamos en cuenta que en 2017 las tasas de interés mostraron un incremento considerable, mientras que la inflación fue relativamente baja (por lo que no existe ningún incentivo para mantener altos stocks de mercaderías).

También se sostiene que, más allá de las caídas en los volúmenes de exportación de los productos agroindustriales como la soya (que en 2017 fueron casi 32% menos que en 2016) y la baja productividad del sector agrícola no industrial, la agricultura, en los últimos cinco trimestres ha tenido una incidencia de entre 0,84 y 1% sobre el crecimiento. Es decir, que si el PIB en el primer trimestre de 2018 ha crecido en 4,4%, 0,84% es explicado por la agricultura, mientras en el mismo periodo en 2016 esta cifra era de solo 0,35% y el crecimiento total había sido de 5,35%.

Estas cifras intentan decirnos que las exportaciones de soya no son tan importantes, que el rendimiento de cultivos en Bolivia se ha disparado extraordinariamente o que la sequía e inundaciones no afectan en lo mínimo a la producción nacional, algo que resulta muy difícil de sostener.Son solo dos ejemplos de una larga serie de dudas que se plantearon desde el sector privado y que deben ser resueltas, ya que más allá de la excesiva politización de cifras, éstas sirven para orientar políticas públicas que deberían mejorar las condiciones para invertir, crear empleo digno y generar un proceso de desarrollo sostenible, cosa que va más allá del mero crecimiento del PIB.

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