Animal Político

Desaceleración inducida

El autor reivindica la importancia de la demanda interna como uno de los motores de la economía.

La Razón (Edición Impresa) / Omar Rilver Velasco es economista

11:00 / 05 de diciembre de 2019

La economía mundial se encuentra en franca desaceleración. Las restricciones aduaneras provocadas por la guerra comercial chino-estadounidense, sumada a la imprudente política contractiva de la FED [Sistema de la Reserva Federal, el Banco Central de Estados Unidos] de los últimos dos años que redujo bruscamente los estímulos monetarios, han cobrado su factura al crecimiento global. El comercio mundial continúa contrayéndose. El capitalismo comercial se resiente, porque para poder seguir expandiéndose requiere que la demanda externa mundial continúe creciendo, cosa que no ha estado ocurriendo.

Varios países industrializados comienzan a sentir este efecto. La principal economía de la Unión Europea, Alemania, está en peligro de recesión. Su excesiva dependencia con el comercio mundial ha arrastrado al sector automotriz a una profunda contracción. Esta situación de vulnerabilidad está llevando a los alemanes a repensar en su estrategia de crecimiento en base a su mercado doméstico. La guerra comercial también complica a Japón. Las ventas a China han disminuido estrepitosamente con una incidencia negativa de las exportaciones netas en el crecimiento del PIB, inusual en la economía nipona. Sin embargo, Japón logró sortear este mal desempeño externo gracias a la inversión de capital y al consumo privado, este último fue el más alto desde 2014. Ante la desaceleración del comercio mundial, incluso los países con mayor apertura comercial están volcando los ojos hacia el motor de la demanda interna.

En Sudamérica se vive una realidad aún más complicada. La región decrece un -0,2% proyectado para 2019 según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Este año, 6 de las 10 economías decrecerán o crecerán menos de 1%, un crecimiento claramente mediocre frente a las necesidades de desarrollo. Este bajo desempeño económico está explicado, según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), por la pronunciada desaceleración del comercio mundial, y la consecuente contracción del propio comercio intrarregional, que se ha reducido en -6,7%.

También son fuentes de desaceleración externa la caída de precio de las materias primas (vinculadas al menor crecimiento chino), la menor entrada de capitales en un contexto de alta incertidumbre global y factores idiosincráticos originados en turbulencias políticas (cinco elecciones presidenciales en menos de 1 año) y disturbios sociales.

Pero el menor crecimiento subregional, en comparación a otras regiones del mundo, no puede ser explicado enteramente por el débil desempeño comercial, pues este ha tenido un alcance global. Mientras varios países industrializados en el contexto actual apuestan por el rebalanceo entre la demanda interna y externa en favor de la primera, los países sudamericanos acentuaron la desaceleración causada por una estridente caída de la demanda interna. Las políticas de ajustes y estabilización impulsadas en la región por el FMI en formas de acuerdos formales o recomendaciones tácitas han ahondado la desaceleración en Argentina, Ecuador, Brasil y Chile.

Cuando el Instituto Nacional de Estadística (INE) reportó que la economía boliviana había crecido 3,13% al segundo trimestre, un valor inferior a los registros de años pasados, las alertas se encendieron en la mente de algunos opinadores económicos locales, quienes celebraron el anuncio del INE como la prueba irrefutable de que la desaceleración, vaticinada hace varios años, por fin había llegado.

Ahora bien, de no haberse producido la caída de las nominaciones de gas de nuestros principales socios comerciales, el crecimiento boliviano habría sido del 5,27%, mayor inclusive al registro de 2018, de 5%. La demanda interna creció en 5,4% respecto a similar periodo, mientras que la externa se contrajo en -2,3%. A pesar de ello, Bolivia continúa siendo la economía de mayor crecimiento regional.

Pretender desconocer el contexto internacional y regional sobre el cual se mueve el resto de las economías de la región sería un grave error de lectura de la información y una evidente muestra de sesgo analítico.

Pero lo que más preocupa es que existan opiniones que crean aún que bajo el contexto actual, el estímulo a las exportaciones inclusive vía medidas transitorias, como el tipo de cambio, pueden impulsar el crecimiento del país. En suma no se debe confundir desaceleración importada con crecimiento interno sostenido.

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