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Comicios: 3 países pueden mover el tablero

El 20 de octubre hubo elecciones en Bolivia; hoy, 27, serán en Argentina y Uruguay. ¿Cuánto mutará el escenario?

El politólogo y profesor universitario argentino, Atilio Borón.

El politólogo y profesor universitario argentino, Atilio Borón. Foto: Christian Calderón

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos es periodista

12:00 / 31 de octubre de 2019

Hoy en Argentina y Uruguay tendrán lugar las elecciones generales, como en Bolivia el domingo pasado. En nuestro vecino al sur, acaso la presidencia ya esté definida, por el enorme peso definitorio que tienen las llamadas elecciones PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) efectuadas en agosto, que tuvieron como ganador al binomio Alberto Fernández-Cristina Kirchner. Así, las elecciones generales en ese país no son sino una suerte de ratificación de las PASO, por lo que nuestro entrevistado, el politólogo y profesor universitario argentino Atilio Borón, dice que “sólo un milagro” haría que el actual presidente Mauricio Macri gane; entonces, gira a la izquierda Argentina. En Uruguay, en cambio, el oficialismo de izquierda que representa el Frente Amplio va por su cuarto mandato consecutivo; como le pasó a Evo Morales en Bolivia, allí se prevé que en esta elección el FA pierda las mayorías que tuvo en sus 15 años de gobierno. Allí también hay segunda vuelta. Mientras tanto, en Bolivia sigue la tensión.

— Este domingo son las elecciones en Argentina y Uruguay, Bolivia hace una semana. Muchos ven en esto un remezón de tablero...

— En parte ya se ha movido porque en Argentina, de hecho, la elección es casi una formalidad, porque salvo un milagro, de esos que ocurren una vez cada cien años, se puede revertir la situación: el gobierno de Macri ya está de salida, tanto es así que a Alberto Fernández lo han recibido ya cuatro jefes de Estado, y probablemente un quinto, en México, y las autoridades del Fondo Monetario Internacional (FMI) han querido hablar con él desde hace buen tiempo, lo cual denota que lo ven como futuro presidente; o sea, allí el tablero ya se movió. Y habrá que ver qué es lo que pasa acá, en Bolivia y en Uruguay. En Uruguay las perspectivas del Frente Amplio son favorables. Parece que será reelecto.

— En Uruguay habrá continuidad.

— Sí, hay continuidad. Y acá parece ser una elección muy reñida; es muy difícil hacer un pronóstico. Hay que tener en cuenta que las encuestas, últimamente, están dando muy malos resultados.

— ¿No están acertando mucho, digamos?

— Es por una razón muy de fondo. No es un problema de los encuestadores en Bolivia, Argentina o Uruguay; no aciertan en ningún lugar porque ha cambiado mucho el imaginario social, la conciencia de la gente, la forma como se expresa, la actitud ante la prensa o ante alguien que les interroga; entonces, te pueden decir una cosa, pero en realidad piensan otra, o no lo piensan y llega el día de la elección y ahí toman una decisión; además está la propaganda subliminal, que básicamente trata de provocar algunas reacciones emocionales de la gente para definir el voto; tomando todo esto en cuenta es muy difícil hacer el pronóstico.

— El problema, tal vez más en Bolivia que en Argentina, sea la correlación de fuerzas que quede después de la elección.

— Depende. En Argentina la correlación de fuerzas puede quedar muy favorable al nuevo gobierno. Yo creo que es muy difícil que el presidente Macri revierta todo esto. En Bolivia parece que todo está un poquito más emparejado, es la impresión que tiene uno.

— Lo peculiar es que en Bolivia Evo Morales no llega a la elección en un momento crítico en la economía, en crisis; aquí mucho juega la estabilidad…

— Sí. Bolivia es puesta por todos los organismos internacionales, no sólo latinoamericanos, como un ejemplo de buena gobernanza económica. Un país que tiene un índice de crecimiento económico bastante elevado en los últimos años, con estabilidad monetaria, con un crecimiento fuerte en las exportaciones, un fenómeno fuerte de bancarización; la verdad es que es más avanzada que en otros países de la región; esto es muy significativo. Aquí da la impresión de que no habría una situación económica apremiante, que pudiera inducir al electorado a votar en contra. Pero uno sabe que la decisión del voto es multifactorial, entran muchos elementos propios de la situación económica; entran además a jugar prejuicios muy fuertes, temores. Hoy en día los politólogos trabajan mucho con los sentimientos de odio y temor, que se producen en ciertos sectores de la población: de qué manera esos sentimientos pueden inclinar el voto para uno u otro lado. Por ejemplo, en el caso de Argentina se pensaba que el sentimiento de odio o de rechazo a Cristina Fernández inhabilitaría a cualquier candidato que ella propusiera, y sin embargo no resultó ser así. O sea, también hay una volatilidad en la preferencia de los electores.

— Mover el tablero también hace referencia a la repercusión regional; pienso en Perú, Chile, Venezuela. 

— Yo creo que sí. Si acá se ratifica el rumbo que comenzó a transitar Bolivia con Evo Morales desde fines de 2005, eso sería una señal de que coordinada Alberto Fernández en Argentina y con el muy probable triunfo del Frente Amplio en Uruguay y la victoria de López Obrador, se empieza a pintar un panorama sociopolítico latinoamericano distinto al que teníamos hasta hace un año. Esto no sería como un volver al pasado, porque las condiciones de la economía mundial son diferentes, los países han cambiado, hubo cambio en la estructura social. Además, algunas figuras más importantes de aquel periodo ya no están, ni Fidel, ni Chávez, ni Nestor Kirschner; Lula está preso, Correa exiliado. Evidentemente hay un cambio en el tablero y eso es importante, porque además vemos, el caso de Perú, por ejemplo: un país que tuvo en los últimos cinco presidentes presos, fugitivos o suicidados, entonces, cómo uno puede pensar que Perú está normalizado. En Ecuador ha habido una gran protesta social por un paquetazo brutal. Acá, lo de Evo Morales puede ser un mensaje que de alguna manera aliente a alguna de estas fuerzas progresistas; en Perú, por ejemplo, para impulsar una asamblea constituyente, como pasó en Bolivia.

— Hay una coincidencia, por lo menos en Ecuador y Argentina: sus recientes crisis tienen  que ver con el FMI

— Esas políticas económicas han fracasado. El laboratorio argentino es terminante. Mire el caso de Chile, que acá se propagandiza como un éxito notable; Chile hoy es el octavo país en el mundo con la peor distribución del ingreso; tiene un coeficiente de Gini igual que el de Ruanda, un país destruido por una guerra civil y que tiene problemas de miseria crónica. Y lo que está haciendo Lenin Moreno, otro ejemplo. ¿Dónde ha funcionado bien la receta neoliberal? ¿En América Latina? Mire el caso de México, que tuvo 36 años de cogobierno entre el FMI y el Gobierno mexicano, desde el 82 hasta el 18, y el resultado es un México desindustrializado, con una enorme masa de población que tuvo que emigrar del país, con un fenomenal déficit en la balanza comercial, con un país en que ha caído casi la mitad del territorio nacional en manos de los narcos, con la complicidad de la Policía y jueces corruptos. La aplicación de estas políticas económicas produce estas crisis; no funciona en ninguna parte. Este es un manual hecho hace muchos años; los de del FMI, supuestamente para estabilizar las economías, pero creo que ni logró esta estabilización y generó una deuda social inmensa, que a su vez provoca inestabilidad política, y esto desestimula el crecimiento económico.

Atilio Alberto Borón. “Este próximo domingo (se refiere al 20 de octubre) el pueblo de Bolivia deberá tomar una decisión trascendental, que excede el significado de una elección presidencial. Sin restarle valor a ésta, lo que está en juego es una opción histórica”, escribió poco antes sobre Bolivia.

Datos

Nombre: Atilio Alberto Borón.

Nació: El 1 de julio de 1943, en Buenos Aires, Argentina. 

Profesión: Sociólogo, doctor en Ciencia Política. Ocupación: Profesor universitario.

Perfil

Doctor en Ciencia Política, escribió, entre otros: Memorias del capitalismo salvaje (1991), Imperio e imperialismo (2002), Aristóteles en Macondo (2009).

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