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Bolsonaro: migrantes, una escoria

‘El Mercosur es una prisión cognitiva. No seremos prisioneros de relaciones ideológicas’

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Schwartzberg es sociólogo, radica en Brasil

00:00 / 07 de noviembre de 2018

La victoria de Jair Bolsonaro (63) del Partido Social Liberal (PSL) trae varias interrogantes sobre la relación que el coloso de Sudamérica tendrá con los países de la región a partir de 1 de enero de 2019, cuando sea posesionado presidente de Brasil. Sin embargo, después de que el Tribunal Superior Electoral (TSE) dio el resultado que lo declaraba ganador de la contienda electoral presidencial, en su primer discurso público Bolsonaro declaró que dará prioridad a los acuerdos binacionales con países desarrollados, es decir que su primer interés será crear acuerdos económicos con Estados Unidos, países de Europa y China, dejando en segundo plano a los países de la región y, por tanto, los convenios y tratados existentes entre partes, el más importante, sin lugar a dudas, el tratado del Mercosur.

“Liberaremos a Brasil y a Itamaraty de las relaciones internacionales con sesgos ideológicos a los que nos sometieron en los últimos años. Brasil dejará de estar apartado de las naciones más desarrolladas. Buscaremos relaciones bilaterales con países que pueden agregar valor económico y tecnológico a los productos brasileños”, señaló el Presidente electo.

El economista Paulo Guedes, quien será el Ministro de Economía, y sobre el cual Bolsonaro se apoyó en toda la campaña para dar credibilidad a su propuesta económica, indicó que el Mercosur no es prioridad, y en su percepción este bloque solo sería una relación ideológica.

“Brasil es prisionero de alianzas ideológicas, y eso es malo para la economía. El Mercosur es una prisión cognitiva. No seremos prisioneros de relaciones ideológicas. Nosotros haremos comercio con todo el mundo”, indicó la futura autoridad.

Brasil es un país de grandes diferencias y desigualdad social. Las últimas elecciones lo probaron y lo pusieron en evidencia geográfica cuando principalmente los brasileños del norte y noroeste votaron por Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (PT), y el centro, sur y sureste optaron por Jair Bolsonaro, candidato del Partido Social Liberal (PSL).

Los datos del Índice de Desarrollo Humano (IDH) proporcionados por el Tribunal Superior Electoral dan fe de estas diferencias. Tomando en cuenta los municipios, los datos muestran que Bolsonaro ganó en 50% de las localidades con mejores indicadores sociales y, al contrario, en 25% de los municipios más pobres la ventaja fue para Haddad, del PT.

Ese patrón fue una consistente en todo Brasil, con la ventaja de Bolsonaro aumentando conforme crece el IDH. El presidente electo fue más dominante en las regiones, centro, oeste y sur. En el noroeste fue la región donde Bolsonaro perdió, inclusive en las áreas de mayor desarrollo.

Estos indicadores muestran un Brasil dividido y polarizado entre ricos y pobres, y entre afrobrasileños. Los estados del sur denominados gauchos, devienen de una migración europea (alemanes, italianos y españoles) y el noreste de mayoría negra, principalmente en el estado de Bahía, donde el PT arrasó.

El voto mayoritario de noreste por el PT es un reconocimiento al partido que se acordó de la región más pobre del país, mejorando su calidad de vida. Allí, muchos acudían a las urnas portando libros, un gesto simbólico para demostrar que consiguieron estudiar y formarse académicamente gracias a becas y cotas de estudio promovidas por el PT y Fernando Haddad como ministro de Educación.

Que el 55% de la población brasileña haya votado por Bolsonaro, que se postuló por el PSL, un partido pequeño y sin trascendencia hasta ahora en la historia brasileña, es una respuesta al cansancio y la falta de credibilidad por los partidos tradicionales que se disputaron el poder en estas últimas décadas del periodo democrático brasileño.

Desde 1985 cuando acabó la dictadura fueron principalmente dos partidos los que lucharon por la hegemonía de Brasil, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y el Partido de los Trabajadores (PT). Ambos representan las grandes fuerzas políticas del país, sin embargo en esta última elección el gran perdedor fue el PSDB.

Con los resultados de la primera vuelta, el PT sigue siendo la mayor bancada partidaria en la Cámara de Diputados (56), cinco menos que en la elección de 2014, cuando tenía 61 diputados. El PSDB, que en 2014 obtuvo 49 diputados, ahora solo tiene 29. El Partido Social Liberal (PSL) de Bolsonaro es el gran ganador, y la nueva fuerza de la derecha. En la elecciones de 2010 y 2014 solo obtuvo una diputación, ahora es la segunda fuerza parlamentaria, con 52 escaños.

Los residentes bolivianos están preocupados con la victoria de Bolsonaro, pues éste trae consigo un clima de incertidumbre a los bolivianos que viven en Brasil ya que el Presidente electo reiteradamente declaró su repudio a los inmigrantes y refugiados. En una entrevista concedida al periódico Goais en 2014, afirmó: “No sé cuál es la adhesión de los comandantes, pero si van a reducir el efectivo de las Fuerzas Armadas, es menos gente en las calles para hacer frente a los marginales del MST (Movimiento Sin Tierra), de los haitianos, senegaleses, bolivianos y todo lo que es escoria del mundo; ahora están llegando los sirios también. La escoria del mundo está llegando a Brasil como si no tuviéramos demasiados problemas para resolver”.

Según el Consulado de Bolivia, existirían 350.000 bolivianos que viven en Brasil. Quienes están en situación regular portan el registro nacional de extranjero temporal o permanente gracias al tratado Mercosur, que está en vigencia desde 2009.

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