Animal Político

Bolivia no es ‘narcoestado’

Opositores han intentado imponer un discurso sin base: la supuesta penetración del narco en la Policía.

La Razón (Edición Impresa) / José Luis Quiroga es viceministro de Régimen Interior y Policía

00:00 / 26 de junio de 2019

Sectores opositores al Gobierno con mucha insistencia han intentado poner en agenda un discurso carente de sustento: una supuesta penetración del narcotráfico en la estructura de la Policía Boliviana. Desde hace dos años, líderes de derecha, yendo a tono con la línea que se impone desde el imperio del norte, reiteradamente han tratado de hacernos creer a los bolivianos que los tentáculos de esta actividad ilícita van carcomiendo la base de la institucionalidad verde olivo.

La vigencia de un Estado se sustenta en tres pilares fundamentales: el control territorial, el control económico y el control político. Una nación soberana indudablemente se asienta en este trípode de factores.

A partir de estas consideraciones, aquí emerge una pregunta: ¿el narcotráfico controla nuestro territorio, su economía y política? No, en Bolivia no tenemos cárteles de narcotráfico como existen en otros países.

Existen características que permiten identificar la presencia de estos cárteles en un determinado estado, que tiene que ver con los elementos que señalamos líneas arriba.

Un cártel se caracteriza por tener el control de un determinado territorio y es por este factor que se suscitan enfrentamientos entre dichos cárteles que como animales depredadores tienen que consolidar sus dominios.

Otro factor que se identifica es el control de producción y distribución de droga y el consecuente poderío económico con el que compran armas, sobornan jueces, fiscales y policías, y el consecuente lavado de dinero, o conocido como legitimación de ganancias ilícitas. Un tercer elemento es el poder político que logran acumular en espacios políticos.

Podemos citar varios ejemplos en Latinoamérica, entre ellos el PCC en Brasil y el control que tienen de las favelas y cárceles, la Mara Salva Trucha en Centroamérica, el cártel de Sinaloa del conocido Joaquín El Chapo Guzmán, el cártel de Juárez de Vicente Carrillo Fuentes, los hermanos Arellano Félix del cártel de Tijuana, entre otros.

La realidad, la cotidianeidad y lo que muestran los datos desmienten esas aseveraciones.

El 14 de mayo de este año, el representante de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en Bolivia (UNODC), Thierry Rostan, afirmó que no existen cárteles del narcotráfico en el país, a propósito del caso Pedro Montenegro Paz y sus vínculos con exjefes policiales.

“Es evidente que esta persona está conectada con algunos cárteles, pero eso no significa que estos cárteles están presentes aquí en Bolivia. Hay conexión, hay seguramente emisarios, pero no estamos diciendo que hay presencia de cárteles como lo puede haber en México o en Colombia”, dijo como una respuesta clara y precisa a esas afirmaciones irresponsables de emisarios de la derecha.

Habrá que manifestar que tras la salida de la DEA del país, el 3 de noviembre de 2008 y la bolivianización de la estrategia antidroga, los resultados son más que evidentes. Entre 2010 y 2018, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) secuestró 3.000 toneladas de droga en 116.440 operativos y detuvo a 34.890 personas.

En los últimos ocho años se decomisaron 164 toneladas de pasta base de cocaína, 57 toneladas de clorhidrato de cocaína y 2.770 toneladas de marihuana, 452 laboratorios de reciclaje, 382 fábricas y 457 avionetas secuestradas. Desde 2010 hasta 2018 se han erradicado 61.538 hectáreas, de acuerdo con datos proporcionados por el Viceministerio de Defensa Social y Sustancias Controladas.

La Unión Europea, por estos resultados, ha asegurado 60 millones de euros para la lucha contra el narcotráfico para los próximos cinco años.

Se consiguió erradicar en los Yungas de La Paz más de 21.083 hectáreas, en Yapacaní, Santa Cruz, 5.643 hectáreas, totalizando en los últimos ocho años 88.311 hectáreas.

Con estos resultados reconocidos por organismos internacionales, sin lugar a dudas estamos mejor que en otros países. Un narcoestado —si existiera— jamás alcanzaría estos logros. Mientras en Colombia el número de plantaciones de coca alcanza a 146.000 y Perú tocó el guarismo de 43.900, en Bolivia llegamos a 23.100 con tendencia a la baja.

Los logros sirven de ejemplo para otras naciones. El mismo hermano presidente Evo Morales fue invitado a foros internacionales para explicar el éxito de la lucha antidroga.

Es bueno puntualizar también que las cifras hablan por sí solas en materia de erradicación de hoja excedentaria de coca en Bolivia e interdicción al narcotráfico.

Los delitos de narcotráfico que involucran a algunos servidores públicos policiales se sancionan en Bolivia con la baja definitiva, sin importar grado y antigüedad acumulados. En este último tiempo decenas de policías han sido procesados y están en investigación. Los delitos son intuitu personae y el castigo no se negocia.

Un Estado que se precia de soberano se encuentra en permanente monitoreo sobre el desenvolvimiento de sus efectivos y su calidad moral.

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