Animal Político

¿Amenaza a la libertad de expresión?

Assange podría merecer la cárcel; lo preocupante es que se le acusa de actos por lo habitual periodísticos

La Razón (Edición Impresa) / Michelle Goldberg es escritora, columnista de The New York Times

00:00 / 24 de abril de 2019

En noviembre de 2018, los fiscales federales revelaron por accidente, en un documento judicial no relacionado, que se había presentado una acusación formal contra el fundador de WikiLeaks, Julian Assange. Muchos están preocupados por las libertades civiles, incluidos algunos que a pesar de despreciar a Assange, se sienten alarmados por la idea de que sea castigado por la participación que tuvo en la exposición de los secretos del gobierno estadounidense. “Si Assange puede ser procesado únicamente por publicar documentos clasificados filtrados, todos los medios de comunicación están en riesgo de ser procesados por hacer exactamente lo mismo”, escribió el abogado Bradley Moss en The Atlantic.

En ese momento no se sabía cuáles eran los cargos reales. Ahora que se ha sacado a Assange de la embajada ecuatoriana en Londres, y enfrenta la extradición a Estados Unidos, lo sabemos. Se le acusa formalmente del delito de asociación para cometer una intrusión informática, como resultado de sus supuestos intentos hace cerca de una década para ayudar a la exanalista de inteligencia del Ejército Chelsea Manning a descifrar una contraseña para entrar en una computadora clasificada del Gobierno estadounidense.

Estos delitos no suponen la gran amenaza para la libertad de expresión que algunos temen, porque el acto de hackear no es una práctica estándar en el periodismo. “La acusación no está procesando a Assange por el acto de publicar la información, lo cual habría significado que se habría llegado a un punto grave de no retorno”, me comentó Ben Wizner, director del proyecto sobre expresión, privacidad y tecnología de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles. No obstante, como Wizner subraya, eso no significa que no debamos preocuparnos por lo que el Departamento de Justicia de Donald Trump se trae entre manos. Los elementos de la acusación formal de Assange todavía podrían sentar un precedente peligroso.

No digo eso porque sienta compasión alguna por Assange, una persona odiosa que en un principio buscó refugio en la embajada para evadir las acusaciones derivadas de un presunto ataque sexual en Suecia.

En la elección de 2016, Assange actuó como conductor de los servicios de inteligencia rusa que tenían correos electrónicos hackeados de demócratas importantes. Existe una amplia evidencia de su misoginia y antisemitismo. Podría conocérsele como el anarquista de la información, pero al ayudar a Trump a volverse presidente se convirtió en un siervo del autoritarismo.

Así que el encarcelamiento de Assange podría ser bien merecido. No obstante, lo que resulta preocupante es que su acusación formal amenaza los procesos habituales de recolección de noticias como elementos de asociación delictuosa.

El gobierno de Obama decidió que no podía procesar a Assange por diseminar información clasificada sin poner en riesgo la Primera Enmienda. “El problema que el departamento siempre tuvo en la investigación de Julian Assange es que no hay manera de procesarlo por publicar información sin que se aplique la misma teoría a los periodistas”, declaró a The Washington Post en 2013 Matthew Miller, exvocero del Departamento de Justicia.

Cuando Miller dijo eso, los hechos subyacentes en la actual acusación de hackeo ya se sabían. Durante el juicio de Manning en 2011, los fiscales militares revelaron un registro de conversaciones en el que Manning pedía ayuda a Assange para descifrar la contraseña. No hubo nada que indicara, ni entonces ni ahora, que Assange tuvo éxito; la acusación formal de Assange solo dice que la contraseña le “habría permitido a” Manning acceder a computadoras del Gobierno estadounidense sin ingresar su propio nombre de usuario.

Miller me explicó que podría haber varias razones por las cuales el Departamento de Justicia de Obama no quiso emitir una acusación formal por hackeo. Ese momento, Ecuador estaba menos dispuesto a entregar a Assange. “No había razón para presentar un caso en su contra cuando de hecho no había manera de arrestarlo”, comentó.

Aunque él cree que la acusación de hackeo está justificada, explica que: “No es el caso más fuerte del mundo”.

Sin embargo, el deseo del Departamento de Justicia de castigar a Assange por publicar información filtrada por Manning nunca desapareció. Es un alivio que encontraran una manera de presentarlo sin un ataque frontal a las prerrogativas periodísticas. Pese a ello, leyendo la acusación, muchas cosas que los periodistas hacen de manera habitual son parte de los alegatos contra Assange.

“Como parte de la asociación delictuosa, Assange y Manning tomaron medidas para ocultar que Manning era la fuente de la divulgación de los registros clasificados en WikiLeaks”, menciona la acusación formal. La mayoría, si no es que todos los periodistas de investigación, toma dichas medidas para proteger a sus fuentes. La acusación dice: “Fue parte de la asociación delictuosa que Assange alentara a Manning a proveer información y registros de departamentos y agencias de Estados Unidos”. Los periodistas suelen hacer esto cuando exhortan a sus informantes a actuar. “Era parte de la asociación delictuosa que Assange y Manning usaran una carpeta especial en un buzón de la nube de WikiLeaks” para transmitir información clasificada, continúa la acusación formal. Al igual que muchas organizaciones de noticias, The New York Times hace algo similar, puesto que solicita que se le entregue información de calidad mediante una plataforma de software de código abierto llamada SecureDrop.

Assange parece haber pensado que ayudar a elegir a Trump mejoraría su propia situación. Como Julia Ioffe informó en The Atlantic, en 2016 WikiLeaks sugirió a Donald Trump Jr. que Trump debería apoyarse en Australia para que Assange, ciudadano australiano, fuera nombrado embajador de Estados Unidos. Roger Stone, un asesor de Trump que estaba acusado en parte por mentir sobre sus Comunicaciones con WikiLeaks, supuestamente le dijo a un socio que estaba tratando de que a Assange se le otorgara un perdón presidencial preventivo.

Ahora Assange ha descubierto, como muchos otros antes de él, que apostar por Trump puede arruinarte la vida. Eso nos hace sentir oscuramente satisfechos. Pero toda teoría jurídica que el Departamento de Justicia de Trump use en contra de Assange también puede usarse contra el resto de nosotros.

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