Sociedad

El hábitat del rey del Gran Norte se derrite bajo sus patas

Si aumenta en 2 o 3 grados la temperatura, se puede extinguir entre el 20  y 30% de la fauna y flora del mundo

El oso polar u oso blanco es una especie de mamífero carnívoro de la familia de los osos. Es junto con su pariente, el oso Kodiak, uno de los carnívoros terrestres más grandes de la Tierra.

El oso polar u oso blanco es una especie de mamífero carnívoro de la familia de los osos. Es junto con su pariente, el oso Kodiak, uno de los carnívoros terrestres más grandes de la Tierra.

La Razón (Edición Impresa) / Marilyn Choque / La Paz

01:28 / 25 de enero de 2016

El oso polar es un mamífero marino que bajo su pelaje blanco tiene la piel negra para absorber los rayos del sol. Su abrigo está compuesto por una doble capa de pelo repelente al agua para conservar el calor, porque habita en los mares cubiertos de hielo en la frontera sur de la banquisa (capa de hielo por congelación del agua en los océanos Ártico y Antártico), donde la temperatura no supera los 10 °C (grados centígrados) en verano y desciende a -30 °C, en invierno. Pero en este momento su hábitat se derrite bajo sus patas debido al cambio climático.

Es así que el gigante blanco, el rey del Gran Norte, como también se conoce al Ursus maritimus (nombre científico) puede convertirse en el primer mamífero que pierda el 100% de su biósfera por el deshielo, según el documento Osos polares en el hielo frágil, del Consejo para la Defensa de Recursos Naturales. Se estima que existen 25.000 individuos que figuran en la lista de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como una especie con “alto riesgo de extinción a mediano plazo”.

Se vio en estado cadavérico a uno de estos habitantes del Ártico, que radican en Estados Unidos, Canadá, Dinamarca (Groenlandia), Noruega y Rusia. “El cambio climático se nota a lo grande aquí en el (Glacial) Ártico. Actuemos, es la mayor amenaza de nuestro tiempo. Quizá no podamos salvar a este oso (polar), pero cada pequeña acción para cambiar de rumbo es un paso en la dirección adecuada”, escribió la fotógrafa alemana Kerstin Langenberger en su muro de Facebook en agosto de 2015, luego de publicar la imagen de este carnívoro que deambulaba flaco, empapado, vulnerable y renqueante sobre una exigua placa de hielo en Svalbard, una isla en el Polo Norte.

Pero este mamífero no es el único que padece los impactos de los cambios del clima. También son afectados los 1.864 ejemplares de panda gigante en vida silvestre, 6.624 orangutanes de Sumatra, 470.000 elefantes africanos, las aproximadamente 24.000 ballenas azules y 100.000 tortugas verdes (con presencia en Colombia), según el informe Impactos del cambio climático en las especies, del Fondo Mundial para la Naturaleza  (WWF, por sus siglas en inglés), del año pasado.

Mientras el rey del Gran Norte es amenazado por la disminución de hielo y obligado a nadar distancias más largas entre tierra y témpano, provocando que se ahogue cuando hay tormentas, las variedades de bambú pueden desaparecer a medida que el calentamiento global avance, lo cual pone en jaque el futuro de los pandas gigantes, que se encuentran en riesgo alto de extinción en el futuro cercano, indica el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres.

CRÍTICO. La situación de los orangutanes, que se encuentran en peligro crítico (riesgo extremadamente alto de extinción en un futuro mediano), no es distinta porque además de sufrir la deforestación de su hábitat, propiciada por los hombres, es amenazado por las intensas lluvias que provocan perturbaciones en su territorio y escasez de provisiones. En cambio los elefantes, que se hallan en estado de conservación vulnerable (moderado riesgo de extinción a largo plazo), son afectados por las sequías y la expansión de las tierras áridas. Estos paquidermos consumen enormes volúmenes de agua dulce y la disponibilidad de ésta influye en sus actividades diarias, su ciclo de reproducción y sus patrones de migración.

Hay otras evidencias preocupantes. En la República de Mali (África) quedan unos 350 elefantes, de los 550 que habían hace 40 años porque esa región ha sufrido cuatro graves sequías, en los últimos 27 años, que han amenazado su supervivencia (La fauna silvestre en un clima cambiante, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura-FAO, 2013).

 En tanto seis de las ocho especies de tortugas marinas del mundo, que se encuentran en Colombia, enfrentan desafíos complicados; el aumento de la temperatura tiene efectos sobre el sexo de estos reptiles protegidos por un duro caparazón, y afecta a los corales, las praderas marinas y erosiona las playas, donde tienen sus nidos. El futuro de las ballenas azules también es complicado, el cambio climático tiene un impacto sobre sus alimentos y los trastornos de temperatura en el océano las obligan a viajar a zonas alejadas ricas en ultramarinos.

 Pero las malas noticias continúan. El informe de la WWF alerta que el planeta experimenta una rápida y significativa reducción de su biodiversidad. El monitoreo de más de 10.000 poblaciones de vertebrados (mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios) revela que se redujeron en un 52% entre 1970 y 2010. Remarca que el calentamiento global altera las condiciones ambientales que las especies necesitan para sobrevivir. Como respuesta, los animales tienen tres opciones: la resiliencia (posibilidad de volver a sus prácticas normales tras la alteración), la adaptación a las nuevas condiciones o la extinción.

Si la temperatura sube más de 2 o 3 grados habrá impactos negativos en todas las regiones del mundo, y ello conllevará a la extinción de entre 20 y 30% de flora y fauna, dice un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima de Naciones Unidas, que indica que “nadie escapará del calentamiento global”.

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