Editorial

Peligro al volante

Muchos conductores sencillamente no manifiestan ninguna consideración por los demás ni por las normas.

La Razón (Edición Impresa)

23:37 / 23 de enero de 2019

Un reciente reporte, contenido en el Boletín Estadístico del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT), revela que entre 2017 y 2018 el número de accidentes viales se incrementaron un 75% en el país; es decir que cada día se registraron 33 siniestros en promedio. Las causas son diversas, y la mayoría son responsabilidad de conductores y peatones.

La información pertenece a la Autoridad de Fiscalización y Control de Pensiones y Seguros (APS) y recoge estadísticas recopiladas entre enero y septiembre de 2018, para compararlas con idéntico periodo de 2017. En ellas se puede observar que además del notable incremento en el número de accidentes (en 2017 el promedio fue de 21 casos cada día), las víctimas por estos hechos también aumentaron, al pasar de 8.339 en 2017 a 12.135 en 2018. Lo mismo puede decirse del número de peatones lesionados, que subió de 1.987 a 2.891 en el mismo periodo.

Otro dato relevante es que del total de automóviles involucrados en accidentes en 2018, el 61,24% correspondió al transporte de pasajeros y el 37,56% fueron coches particulares. Irónicamente, el 55% de la recaudación por SOAT proviene de los vehículos particulares y solo 45% de transportistas. También se evidencia que los vehículos más siniestrados son las motocicletas: 27,97% del total.

Consultado al respecto, un economista especialista en transporte identificó tres elementos que explican la creciente siniestralidad: la falta de educación vial, en conductores y peatones; un deficiente diseño de vías; y la ausencia de controles y sanciones efectivas. En el primer caso, es evidente que entre los conductores (no todos, por supuesto) hay un creciente desprecio por los derechos ajenos cuando se está en la vía. Tampoco faltan aquellos que sencillamente no manifiestan ninguna consideración por los demás cuando están detrás del volante; muchos de los cuales consideran que sus prerrogativas en las vías públicas son directamente proporcionales al tamaño y/o al precio de su automóvil.

Estas actitudes y comportamientos se ven reforzados por un tercer factor: el hecho de que la Policía y los guardias municipales (allí donde los haya) no logran coordinar su trabajo; y a menudo los primeros desvían la mirada ante infracciones a cambio de algún tipo de soborno. El segundo factor es común a prácticamente todas las ciudades, donde el diseño de las vías se realiza pensando en favorecer la circulación de los coches principalmente, y casi nunca en las necesidades de los peatones. Este contexto favorece la indisciplina de quienes caminan por las calles, provocándose de esta manera un círculo vicioso.

Por todo lo mencionado, sería deseable que la aseguradora responsable de pagar los costos de la alta siniestralidad comience a pensar en estrategias para educar a las personas en sus derechos y deberes en la calle, con el apoyo de las instituciones estatales involucradas. Es seguro que los frutos de tal esfuerzo incidirán en una mejor cultura ciudadana.

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