Editorial

‘Pititas’

La Razón (Edición Impresa)

00:11 / 04 de enero de 2020

La autodenominada “generación pitita” reivindica para sí el protagonismo en la movilización urbana de 21 días que, con la sincronizada intervención de algunos poderes fácticos, derivó en la forzada renuncia del expresidente Morales. Así, las “pititas” se asumen como símbolo de “recuperación de la democracia”. A reserva de algunos odios y excesos, lo suyo es ciertamente meritorio.

Ahora bien, resulta comprensible que una parte de la población asuma la “pitita” como emblema propio e incluso en tanto señal de identidad o de acción política, pero pretender que tal símbolo representa a “toda la nación” es francamente un extravío. Para otra parte de la población, menos visible, la “pitita” es sinónimo de “golpe de Estado” y de “persecución” o “masacre”.

En ese sentido, las autoridades provisorias yerran en su percepción al adoptar y exaltar la “pitita” como insignia de “reconciliación” o de “unidad de todos los bolivianos”. Peor aún cuando la utilizan con frivolidad en logotipos (Bolivia TV), en promociones de empresas públicas (“megapitita” de Entel) y en discursos oficiales (“pitita de reconstrucción nacional”).

Si el deseo genuino de unos y otros es recomponer el tejido social (hoy fracturado en el país), y avanzar en la difícil y larga pero necesaria reconciliación entre todas y todos los bolivianos, será necesario buscar símbolos y horizontes comunes, que unan en lugar de dividir. De lo contrario, la “generación pitita” y la “generación wiphala” seguirán siendo partes irreconciliables. 

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2
3 4 5 6 7 8 9
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia