Editorial

Parques municipales

Sería deseable cerrar algunos zoológicos, y así poder destinar mayores recursos a refugios naturales 

La Razón (Edición Impresa)

21:48 / 14 de diciembre de 2019

En los últimos años, en diferentes regiones del mundo han surgido refugios de animales silvestres instalados en ecosistemas naturales de gran extensión. Estos espacios contribuyen a preservar la vida de las especies amenazadas, amén de fomentar el conocimiento y el amor de las personas hacia la naturaleza in situ, lo que incide positivamente en su conservación. 

Se trata de refugios y de áreas de gran importancia que en el país también han comenzado a cobrar fuerza. Por ejemplo, el domingo pasado, la revista Escape publicó un reportaje sobre el Área Protegida Municipal Gran Mojos. Con una extensión de 5.800 km2 (580.000 hectáreas), este parque, perteneciente casi en su totalidad al municipio beniano de Loreto; sobresale no solo por su espectacular belleza y la biodiversidad que alberga, sino también porque se trata de un parque municipal. Es decir que a diferencia de otras reservas naturales como el Madidi, el TIPNIS o el Noel Kempff Mercado, esta región adquirió la cualidad de área protegida no por una ley nacional, sino por una norma municipal, promulgada gracias al apoyo de la mayoría de los pobladores de aquella región asentada al sur del Beni, en la frontera con Santa Cruz.

Incluso muchos de los hacendados que habitan aquella región aceptaron esta declaratoria al caer en cuenta que el turismo de aventura puede ser un muy buen negocio. Por ello, decidieron sumarse a esta cruzada, comprometiéndose a cuidar los árboles centenarios, los humedales y los nidos de pájaros que se encuentran dentro de sus predios. Y en particular, los de la paraba Barba Azul, ave que se encuentra en peligro de extinción como consecuencia de la destrucción de su hábitat, por causa de la ampliación de la frontera agrícola y la habilitación de tierras de pastoreo, los incendios forestales y la caza furtiva. A raíz de estos factores, se estima que tan solo quedan entre 250 y 350 ejemplares de esta especie, que habitan únicamente en las llanuras moxeñas benianas, donde se encuentra precisamente el área protegida Gran Mojos

Por un pequeño monto (Bs 50 para los bolivianos y Bs 150 para los extranjeros), quienes visitan este parque municipal tienen la oportunidad de observar no solo parabas Barba Azul y otras especies de aves, además de monos, anacondas, caimanes, pasando por tortugas y hasta ciervos y tapires (parientes lejanos del caballo y del rinoceronte).

Considerando todas estas ventajas, no se puede evitar comparar éste y otros refugios donde los animales viven en su propio hábitat en contraposición a los zoológicos urbanos, donde sobreviven en espacios ínfimos y en climas completamente ajenos a su naturaleza, es decir, en pésimas condiciones. Por ello, sería deseable evaluar la pertinencia de cerrar algunos de estos zoológicos; así se podría destinar mayores recursos a refugios instalados en ecosistemas naturales de gran extensión, que alberguen y protejan solamente a animales endémicos.

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