Editorial

Cuestión de vida o muerte

Los voluntarios constituye la base de cualquier suministro fiable y suficiente de sangre no contaminada.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 20 de junio de 2019

A propósito del Día Mundial del Donante de Sangre, el 14 de junio, la OMS aprovechó su conmemoración para recordar que la disponibilidad de sangre segura es una necesidad de primer orden en cualquier centro de salud. De hecho, su ausencia o disponibilidad puede significar la diferencia entre la vida y la muerte a la hora de atender pacientes que necesitan tratamientos de rutina o que han sufrido alguna emergencia.

En efecto, como bien advierten los especialistas, la transfusión de sangre y de sus derivados permite salvar la vida de millones de personas al año en procedimientos médicos relativamente frecuentes, como hemorragias asociadas al embarazo o al parto, intervenciones quirúrgicas avanzadas, o para tratar niños que padecen anemia severa a causa del paludismo o la malnutrición.

Por otra parte, son fundamentales para atender con éxito a las víctimas de accidentes, traumatismos, emergencias o desastres naturales. Además, son utilizados para combatir trastornos hematológicos de médula ósea, así como problemas de hemoglobina e inmunodeficiencia, entre otros.

Pero, a pesar de su importancia, la existencia de bancos de sangre bien abastecidos suele ser una excepción en muchos países. Por este motivo, la comunidad internacional decidió reservar un día al año para agradecer a quienes donan sangre de manera frecuente sin esperar retribuciones monetarias. Así como también para recordar que la disponibilidad de sangre y de productos sanguíneos seguros y de calidad constituye un componente fundamental de los sistemas de salud eficaces. Cobertura que a su vez depende de que la población internalice la necesidad de hacer donaciones regulares.

Por este motivo, este año la OMS recomendó honrar y agradecer a los donantes regulares no remunerados, tanto más necesarios por cuanto su contribución constituye la mejor manera de contar con un suministro fiable y suficiente de sangre no contaminada. Esto porque la prevalencia de infecciones transmisibles es mucho menor entre esta clase de donantes, respecto a por ejemplo familiares o donantes remunerados, y su disponibilidad para contribuir también es mucho mayor.

En cuanto al país, según datos del Programa Nacional de Sangre, solamente el 33% de las cerca de 125.000 donaciones que se realizaron el año pasado (las cuales permitieron salvar la vida de cerca de 375.000 personas) fue efectuada de forma altruista. El resto fueron reposiciones. Es decir, donaciones de familiares o amigos de pacientes que necesitaron transfusiones. De allí la importancia de agradecer a los voluntarios que extienden de manera frecuente sus abrazos para donar sangre, conscientes de que con este gesto permiten salvar vidas y salvaguardar la salud de muchas personas; a tiempo de impulsar esta práctica de solidaridad y desprendimiento en el resto de la población.

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