Editorial

Mobiliario escolar

Es evidente que no basta con tener a chicas y chicos limpiando su unidad educativa solo dos veces por año.

La Razón (Edición Impresa)

00:07 / 24 de enero de 2020

Como todos los años, la municipalidad de La Paz tiene al personal de su Unidad de Mantenimiento de la Infraestructura Social trabajando arduamente en el mantenimiento y reparación de las unidades educativas públicas de la ciudad sede de gobierno, como es su obligación. Sin embargo, el responsable de dicha unidad ha cuestionado la responsabilidad de los estudiantes en algunos de estos daños. 

El señalamiento no es menor. De los 174 colegios y escuelas de la urbe paceña, cerca del 70% tiene daños ocasionados por los mismos estudiantes, según afirma el jefe municipal. De estos colegios, la mitad presenta “alto deterioro”, lo cual implica grafiti en las paredes, inodoros obstruidos por toda clase de objetos y piletas dañadas deliberadamente.

Una cantidad menor, entre 20 y 30 unidades educativas, no tiene esos problemas y está en buenas condiciones, señal de que no es imposible cuidar la infraestructura educativa cuando se usan los mecanismos adecuados para enseñar a los estudiantes a ser cuidadosos con los bienes empleados para su formación.

Precisamente porque es evidente que el solo uso de estos bienes implica su desgaste, y que para nadie es desconocido que muchos niños y adolescentes son incapaces de comprender la importancia de cuidar su ambiente de estudio, desde febrero de 2019 rige una ley municipal que dispone el “Día de la limpieza” dos veces al año, como una forma de concientizar a las y los estudiantes de hacerse cargo de sus escuelas y colegios.

Sin embargo, es evidente que no basta con tener a chicas y chicos limpiando su unidad educativa solo dos veces por año. Tal vez la solución ni siquiera pase por hacerlo más a menudo, pues será fácil señalar que limpiar y reparar escuelas no es lo que se espera que hagan las y los educandos. Más bien, sería deseable que la educación en valores sea reforzada, a fin de ayudar a que los alumnos comprendan de otro modo su relación con los bienes públicos, de los cuales se sirven cotidianamente y se pagan con los impuestos de toda la población.

Corresponderá a educadoras y educadores ponerse de acuerdo para satisfacer este propósito, que sin duda redundará no solo en beneficio de las unidades educativas, sino en general de todo espacio público y su respectivo mobiliario. Pues desde hace mucho tiempo que en Bolivia parece ser lícito destruir aquello que mucha gente cree que por no tener dueño privado no le pertenece a nadie.

Es, pues, tarea de las y los educadores cambiar el modo de comportarse de sus estudiantes. No se trata de introducir prácticas caducas como castigos y otra clase de sanciones, sino de enseñar que el respeto por los demás y por los bienes ajenos, sean públicos o no, está en la base de la pacífica y, sobre todo, democrática convivencia, en la que todas y todos tienen el mismo derecho de disfrutar de bienes cuya propiedad es común.

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