Editorial

‘Que se maten’

La experiencia revela que la despenalización del aborto no aumenta su número.

La Razón (Edición Impresa)

00:59 / 11 de diciembre de 2017

El senador y hombre fuerte de Unidad Nacional (UN) Carlos Arturo Murillo Prijic, en ocasión del debate legislativo sobre el Código del Sistema Penal, incitó públicamente a las mujeres “que se creen muy liberales” (sic) a quitarse la vida. La inmediata condena ante semejante desatino fue tan categórica, en especial en redes sociales, que el senador tuvo que pedir disculpas.Las expresiones de Murillo provocaron repulsa tanto por su origen como por su contenido. Por su origen, toda vez que la instigación a las mujeres para “que se maten, se tiren del quinto piso, se suiciden” no provenía de un lunático renegado de la vida, sino de un representante nacional, en plena sesión del Senado. Así, el también vocero opositor parecía dar razón a su jefe partidario que hace tres años le puso un apodo en ocasión de un bullado hecho de violencia contra la mujer.  ¿Y el contenido? ¿Por qué el señor Murillo, a quien pronto tildaron de “misógino”, quiere que las mujeres se maten? Porque, paradójicamente, se proclama católico y defensor de la vida. Veamos. En su intento por oponerse al avanzado artículo 157 del nuevo Código Penal, que amplía las causales, sin penalización, para la interrupción voluntaria del embarazo, el senador cree que la mejor forma de garantizar que un nonato “vea la luz” es que su madre se suicide previamente. Esos son sus “principios”.Más allá del dislate de Murillo, que dados sus antecedentes puede quedar como una nueva torpeza, lo que preocupa son los sentidos extendidos de su “forma de pensar sobre este sensible tema”. Para empezar, hay una doble moral respecto al derecho a la vida. Quienes hacen causa común contra el aborto, al amparo de milenarios fundamentalismos, plantean la defensa absoluta de la vida “desde la concepción”, pero enmudecen ante la muerte anual de cientos de mujeres por abortos clandestinos.Pero quizás lo más arraigado es el profundo miedo del patriarcado, expresado con rusticidad por algunos de sus patriarcas, al derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos. ¿Quieren decidir sobre sus cuerpos, “puñado de mujeres”? Suicídense. Pero jamás permitiremos que tengan autonomía para decidir si tienen o no hijos, ni que interrumpan voluntariamente el embarazo. No importa que sean mujeres violadas, o haya riesgo para la vida o salud integral de la madre, o sea un caso de incesto…Murillo y los suyos creen que no penalizar con cárcel la interrupción voluntaria del embarazo significa que “va a morir mucha gente” (sic). Se equivocan. La experiencia de otros países “liberales” demuestra más bien que con la despenalización del aborto, que es una asignatura pendiente en Bolivia, no aumenta el número de abortos, esa decisión extrema, pero sí disminuye drásticamente la mortalidad materna por abortos mal practicados. Cualquier ser humano, sea o no senador católico, debiera entenderlo.

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