Editorial

Hospitales

No conviene ni al Estado ni mucho menos a la población que las promesas queden incumplidas.

La Razón (Edición Impresa)

23:30 / 20 de mayo de 2019

En septiembre de 2015, el Presidente del Estado anunció una inversión de $us 1.624 millones para construir 45 nuevos hospitales, cuatro de ellos de cuarto nivel; es decir, de una envergadura que todavía no se conoce en Bolivia. Casi cuatro años después, algunos están en construcción, otros recién en proyecto o en proceso de licitación, y los de cuarto nivel siguen siendo apenas una ilusión.

Es evidente que se trata de procesos de muy alta complejidad, a diferencia de cualquier otra obra de infraestructura, incluyendo los aeropuertos que también se multiplican en diversos puntos del territorio nacional, ya que además de necesitar un terreno apto en una zona accesible a quienes vayan a usar los servicios médicos, debe considerarse una larga lista de requerimientos que hacen a la bioseguridad del edificio, por no mencionar la dificultad de equiparlo con la mejor tecnología posible.

Hasta donde se sabe, las diferencias entre un hospital de tercer nivel y otro de cuarto tienen menos que ver con el tamaño de la infraestructura que con los propósitos que satisface: mientras el primero brinda toda clase de especialidades y puede atender tanto la parte clínica como la quirúrgica, el segundo se caracteriza además de poder convertirse en instituto; es decir, desarrollar actividades de formación y de investigación altamente especializadas.

Consultado al respecto por La Razón, el Viceministro de Salud informó que si no hay ninguna novedad de los proyectos para hospitales de cuarto nivel es porque no se tiene los terrenos necesarios, y que en el caso del Oncológico de Tolata, el único cuya construcción debió iniciarse años atrás, el proyecto se frustró al rescindirse el contrato con la firma austriaca que debía hacerse cargo de la construcción y equipamiento.

Similares son las explicaciones para los proyectos del hospital Cardiológico de Tarija, el de Nefrourología de Santa Cruz y el Gastroenterológico de La Paz; aunque este último podría materializarse en un plazo relativamente breve si es que, como ha anunciado el señalado viceministro, se superan los trámites necesarios para dar inicio a la construcción de la obra presupuestada en más de $us 100 millones.

Mientras tanto, el Gobierno intenta conducir la atención a la construcción de tres centros de medicina nuclear, en La Paz, El Alto y Santa Cruz, respectivamente, y que permitirán dar un salto en el estudio y tratamiento de enfermedades oncológicas, que sin duda son las más dramáticas y urgentes.

No será fácil llenar la brecha entre la necesidad y la oferta, está visto, pues los procesos, además de morosos, son de alta complejidad técnica. Sin embargo, no conviene ni al Estado ni mucho menos a la población que las promesas queden incumplidas, no por la imagen de quien las pronuncia, sino por la necesidad de todas aquellas personas que esperan acceder a servicios médicos de calidad.

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