Editorial

Gas a Argentina

Hay que valorar y agradecer el pragmatismo de los funcionarios de ambos gobiernos.

La Razón (Edición Impresa)

23:48 / 15 de febrero de 2019

La firma de la adenda al contrato de venta de gas a Argentina es una buena noticia para el país, pues establece un marco estable para este negocio después de dos años de incertidumbre por los cambios en el contexto. Abre también valiosas pistas para una renovada cooperación en el ámbito energético.

Nuestro gran vecino del sur es uno de los principales socios de nuestra industria gasífera. De la evolución de ese mercado dependen significativos ingresos de YPFB y la nación, además de la viabilidad de muchas inversiones y proyectos futuros.

Durante muchos años, el contexto político y económico argentino fue favorable. Existía mucha simpatía entre las administraciones de ambos países, lo cual facilitaba las gestiones. Y sobre todo, la Argentina no podía satisfacer su gran demanda interna de gas con producción propia.

Ese panorama ha cambiado fundamentalmente. El dato más trascendental fue el desarrollo de Vaca Muerta, el gran reservorio de gas no convencional, que le está permitiendo a nuestro vecino cubrir buena parte de sus necesidades energéticas e incluso exportar. Había pues una necesidad objetiva de ajustarse a esta nueva realidad. La presidencia de Mauricio Macri fue un elemento adicional que complejizó este desafío, pues era evidente que el diálogo político entre ambos gobiernos iba a modificarse por las notorias diferencias ideológicas y de relacionamiento personal.

El saldo de esta situación han sido dos años en los que el vínculo comercial ha experimentado bastante incertidumbre sobre su operación cotidiana y su futuro. Era pues imprescindible una negociación razonable para resolver este problema.

La adenda, anunciada en estos días, es, por esas razones, una buena señal para la industria y las relaciones bilaterales. Obviamente implica una reducción de los volúmenes de exportación en ciertos periodos del año, coherente con el nuevo contexto del mercado, pero también establece mecanismos razonables de flexibilización y adecuación de los precios que le dan certidumbre a toda la operación.

Aún más importante, el acuerdo fortalece el papel de Bolivia como socio energético relevante del país austral más allá de las divergencias político-ideológicas , abriendo interesantes perspectivas de trabajo conjunto en nuevas iniciativas como la exportación de gas a ultramar o la comercialización de energía eléctrica. Hay que seguir trabajando para concretizar esas valiosas posibilidades.

En términos políticos, hay que valorar y agradecer el pragmatismo de los funcionarios de ambos gobiernos, que han puesto de lado sus desencuentros en otros temas para llegar a un acuerdo que fortalece sus economías. La presencia de Gustavo Lopetegui en la firma de la adenda es simbólica de este buen momento, dado que el actual Secretario de Energía argentino ha sido, hasta hace muy poco, un estrecho colaborador y amigo del presidente Macri.

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