Editorial

El tatuaje

La Razón (Edición Impresa)

00:27 / 15 de diciembre de 2018

La conversación pública, imprescindible en democracia, está siendo rápidamente degradada. Quedan cada vez menos espacios para el intercambio de ideas y predominan las trincheras para reafirmar “verdades” (o difundir mentiras). Así ocurre en especial en las redes sociales digitales, donde además de la circulación ampliada de noticias falsas, abundan especulaciones y prejuicios.

Un ejercicio grotesco de ello ocurrió el martes en Santa Cruz. Una marcha universitaria, contraria a la repostulación del binomio gobernante, derivó en la deplorable quema del Tribunal Electoral Departamental. Pues resulta que gran parte del debate político sobre este hecho, candidatos presidenciales incluidos, giró en torno al tatuaje (sí, el tatuaje) de uno de los vándalos. Una foto periodística fue rápidamente convertida en sospechoso meme: el tatuaje de marras, cuya imagen era difusa, se “identificó” con el Che Guevara. La temeraria especulación devino en veloz prejuicio opositor: el tatuaje es del Che, ergo, el sujeto “es un infiltrado” (esa muletilla exculpatoria). Así de pedestre. Pronto otros creativos memes, con mofa, desmontaron la falacia.

Más allá del ramplón episodio, preocupa que el necesario debate plural e informado esté siendo sustituido por la sospecha viral, el veredicto absoluto, la acusación sin evidencia, el prejuicio. Es imperativo evitarlo. Y es que si tal tónica persiste, nos espera una prematura y larguísima disputa electoral signada por la humareda y con escaso oxígeno para la deliberación pública.

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