Editorial

Secuelas

Los incendios de la Chiquitanía están generando problemas de salud entre los pobladores que urge atender

La Razón (Edición Impresa)

23:43 / 27 de enero de 2020

A casi tres meses de haberse extinguido el fuego que arrasó más de tres millones de hectáreas del Bosque Seco Chiquitano, en el oriente del país, las secuelas de la desgracia no dejan de manifestarse. A esta catástrofe ambiental se sumó casi inmediatamente el desastre político, pero lo verdaderamente grave son los problemas de salud que amenazan a los pobladores de la región.

En efecto, numerosos expertos en materia ambiental han advertido que las imágenes que muestran un reverdecer de la muy extensa zona afectada por las llamas entre julio y octubre del año pasado no deben inspirar satisfacción o alivio, pues la flora y la fauna necesitarán varias décadas para volver siquiera cerca del equilibrio que gozaban antes del desastre causado por el propósito de habilitar tierras para la ganadería y la agricultura.

El desastre político probablemente no tiene vuelta atrás, y aunque la quema de la Chiquitanía no fue una causa determinante para los sucesos de octubre y noviembre del año pasado, sí fue útil para cimentar la narrativa que sirvió para reducir el apoyo del entonces presidente y caldear los ánimos de quienes ya habían manifestado su disenso con ese proyecto político.

Lo preocupante ahora es la salud de quienes deben vivir en esas tierras, pues las infecciones respiratorias y digestivas entre los pobladores de esa región devastada por el fuego no han hecho más que multiplicarse en las últimas semanas, además de toda clase de enfermedades de la piel. Así lo ha denunciado la Gran Cacique General de la Nación Chiquitana, quien pidió que el plan de restauración de estos bosques sea para “sanar” no solo la flora y la fauna, sino también a las personas afectadas por los incendios forestales que se suscitaron entre julio y octubre. Según denunció la dirigente indígena, los niños y niñas de sus comunidades tienen problemas en la piel, conjuntivitis y trastornos digestivos a raíz de la contaminación de las aguas causada por las cenizas.

La respuesta gubernamental se ha pronunciado en voz de los ministros de Medio Ambiente y Agua, y de Salud, quienes se han comprometido a restituir el acceso pleno al agua potable en todas las comunidades, pueblos y ciudades afectados; así como hacerse cargo de la atención médica, tarea que por ahora no se sabe cómo se hará ni quién será el responsable de esta labor, pese a que desde este año se aumentó notablemente el presupuesto estatal para el área de salud.

No se trata aquí de buscar ni señalar culpables, tarea que corresponde a instancias especializadas, sino de recordar a las autoridades nacionales y departamentales que la tragedia no acabó cuando se extinguió el último resto de fuego, sino que está acechando en forma de enfermedades e infecciones que afectan en primer lugar a las poblaciones más vulnerables, y que requieren urgente acción del Estado.

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