Editorial

De Bolivia al mundo

Toca ahora a los productores de singani renovar sus esfuerzos para conquistar mercados internacionales.

La Razón (Edición Impresa)

23:48 / 17 de febrero de 2020

Con varios siglos de existencia y un lustro desde que obtuvo la denominación de origen, el singani comienza a encontrar su lugar en los mercados mundiales de bebidas destiladas. Según estadísticas oficiales, en 2019 se exportó 46% más de la famosa bebida de uva que un año antes. Toca ahora a los productores renovar sus esfuerzos para conquistar mercados internacionales.

Originaria de los valles de Chuquisaca, Tarija y Potosí, la bebida se produce desde el siglo XVI con uva Moscatel de Alejandría, que sin ser originaria (la vid fue importada a América por los colonizadores) ya es una de las cepas tradicionales de Bolivia, y es reconocida mundialmente por ser cultivada a una altura muy superior a la de los viñedos en otras partes del mundo.

Fue durante el rodaje de su película Che: Guerrilla, que el director estadounidense Steven Soderbergh conoció la bebida que más de un siglo antes había encantado a los británicos que trabajaban para la Bolivian Railway, entonces obligados a reemplazar el escaso gin con singani para hacer su short fly (vuelo corto), expresión inglesa que suena como “chuflay”. El cineasta quedó tan encantado que decidió crear su propia marca (Singani 63) para distribuir la bebida espirituosa en Estados Unidos.

Probablemente gracias a ese empuje, la exportación de singani a EEUU no ha hecho más que aumentar en los últimos años, habiendo llegado a un valor de casi $us 200.000 en 2019, equivalentes a 39 toneladas del producto. Otros países como Japón, Reino Unido y Chile también le han dado la bienvenida a la bebida espirituosa boliviana.

Con la declaratoria de denominación de origen, el destilado de uva pudo hace un lustro usar su propio nombre y ya no el de brandy, que por defecto se le imponía a cualquier bebida de esta clase. También sirvió para evitar que las bodegas chilenas comenzaran a etiquetar su pisco (también destilado de uva) con el nombre de la bebida boliviana.

Pero lo más importante del éxito comercial del singani es que redunda no solo en favor de los grandes productores y exportadores de la bebida y de los “vinos de altura”, ya famosos por su calidad, sino también en las al menos 2.600 familias que producen la vid empleada para producir el destilado, que a diferencia de cualquier otra bebida de su clase hecha en el país emplea solo ingredientes nacionales.

Las múltiples complicaciones de la exportación, incrementadas por un creciente proteccionismo en muchos países del orbe, hacen particularmente difícil la difusión del singani, lo que no impide a los productores seguir embotellando diversas variedades de la bebida, incluyendo algunas cuyo costo y calidad se comparan con el del whisky escocés o el brandy francés. Corresponde a las autoridades a cargo del desarrollo industrial de Bolivia dar un empujón a esta industria, que con los incentivos necesarios puede convertirse en un verdadero fenómeno, como en su momento lo fue la producción de uno de los cafés más finos del mundo en los Yungas.

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