Editorial

Venta de vino

La exportación de cualquier producto pasa por la apertura de mercados con facilidades arancelarias.

La Razón (Edición Impresa)

00:14 / 19 de enero de 2018

Gracias a innovaciones tecnológicas y de cultivo, la calidad del vino nacional ha mejorado bastante en los últimos años. Prueba de ello son los galardones internacionales que algunas cosechas han obtenido recientemente. Por caso, en el concurso Wine World Awards 2016, una colección de Campos de Solana fue elegida la mejor de la región en la categoría de vinos tintos cuyo precio es menor a los $us 19,4.

Esta mejora, junto a particularidades únicas de las uvas de “altura” que crecen en el país, está incidiendo positivamente en las exportaciones del vino nacional. Por ejemplo, según datos elaborados por el IBCE, en 2012 se exportaron 15.736 toneladas de esta bebida por un valor de $us 40.042; cinco años después, el volumen exportado fue de 36.543 toneladas (132% de incremento), por un valor de $us 103.405. Ciertamente un notable incremento.

No obstante, a pesar de ello, la Asociación Nacional de Industrias Vitivinícolas, que agrupa a cerca de 200 empresas, asegura que este volumen sigue siendo ínfimo frente a la gran cantidad de vino que otros países como Chile y Argentina exportan. De allí que han solicitado al Gobierno un apoyo más comprometido para impulsar esta industria en el país, cuyo desarrollo permitiría captar divisas y generar fuentes de empleo.

Al respecto, cabe resaltar que además de rebajas impositivas y la eliminación de trabas burocráticas, una de las maneras más efectivas para impulsar la exportación de cualquier producto pasa por la apertura de mercados con facilidades arancelarias, a través de tratados de libre comercio. Y esto a su vez pasa por ofrecer los mismos beneficios a otros países para la importación de sus productos. Política que en el caso del vino no suele ser la norma. Al contrario, tradicionalmente se ha apostado por poner trabas antes que abrir mercados.

Por ejemplo, desde febrero de 2016 el arancel para la importación de bebidas alcohólicas, en todas sus categorías, se incrementó en un 40%. E incluso se llegó a prohibir la importación de uvas y de vinos durante los primeros tres meses de 2017, con el propósito de proteger la industria vinícola nacional. Como es de suponer, esta medida no fue bien recibida por los productores de los países vecinos, quienes solicitaron a sus gobiernos adoptar disposiciones similares, lo que finalmente no se concretó.

De todas maneras, no sobra recordar que si bien las barreras arancelarias contribuyen en un principio a fortalecer la industria nacional, por cuanto los consumidores locales se decantan por consumir productos nacionales ante el aumento del precio de los bienes importados, a largo plazo pueden repercutir negativamente en la economía y en el bienestar de la población. Esto porque las industrias locales dejan de tener incentivos para invertir en tecnología y en recursos humanos con el fin de poder ofrecer productos de buena calidad a precios competitivos frente a los bienes importados.

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