Editorial

Pornografía infantil

Urge combatir este floreciente delito desde el hogar, el Estado y las empresas de internet

La Razón (Edición Impresa)

11:49 / 21 de abril de 2017

Semanas atrás, una operación internacional, denominada Tantalio, desarticuló una extensa red de pornografía infantil cuyo epicentro estaba en España, pero con ramificaciones en al menos 18 países, la mayoría de ellos latinoamericanos. La operación se saldó con 39 detenidos, entre ellos tres bolivianos que operaban desde Santa Cruz. No se descarta que haya más implicados.

Durante la investigación, que se inició en junio de 2016 a instancias de la Policía Nacional de España, Interpol y Europol, se logró identificar a 136 usuarios que se habían contactado a través de The Onion Reuter (TOR), una red que permite el anonimato; quienes posteriormente crearon al menos 20 grupos en WhatsApp, en los que habrían intercambiado cerca de 360.000 fotografías y videos de corte sexual de niños y niñas de entre 2 y 16 años. “Una exhibición sexual de los menores denigrante para la dignidad humana (…) que pone los pelos de punta”, en palabras del Director de la Brigada de Investigaciones de la Policía española.

Se estima que más de 10.000 niños y niñas fueron víctimas de esta red de pornografía, que habría conseguido las imágenes a través de engaños y extorsiones, pero también por intermedio de la explotación sexual y la violencia. Estos hallazgos, así como la información que maneja Inhope, entidad internacional que lucha contra la pornografía infantil por internet y que en 2015 recibió cerca de 90.000 denuncias sobre delitos de esta naturaleza (63% más que en 2014), revela la magnitud de este macabro negocio, que extiende sus tentáculos por el mundo entero, con ingresos cercanos a los $us 10.000 millones al año.

Respecto al país, según informó el Comandante General de la Policía Boliviana, se logró identificar y aprehender a tres integrantes de esta red en la ciudad de Santa Cruz, pero la mayoría de sus víctimas proceden de La Paz. Quienes, por intermedio de engaños y extorsiones, les habrían entregado, vía internet, fotografías íntimas y videos de corte sexual, que posteriormente fueron vendidos, canjeados por créditos para compras en internet o intercambiados por otros archivos similares.

No sobra recordar que la difusión de imágenes comprometedoras de un menor a través de internet puede producir efectos psicológicos devastadores para las víctimas. A veces el desenlace es el suicidio, como ocurrió en marzo de 2013 con una adolescente canadiense que fue fotografiada en estado de embriaguez, desnuda y violada por varios jovencitos. Además, este tipo de imágenes y videos promueven la pederastia, uno de los delitos más aberrantes que conoce el hombre. Y por si todo lo anterior no fuese suficiente, en el 80% de los casos existe una historia de explotación sexual. Urge, en este sentido, combatir esta floreciente rama del delito desde el hogar, el Estado y desde las compañías proveedoras de internet.

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