Editorial

Acabar con la miseria

El 17 de octubre se yergue como un símbolo de reconocimiento a todos los que luchan por salir de la miseria.

La Razón (Edición Impresa)

00:13 / 16 de octubre de 2018

Mañana se conmemora el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, fecha instituida por las Naciones Unidas en 1992 con el fin de promover una mayor conciencia respecto a la necesidad de articular esfuerzos para combatir este flagelo mundial, que condena a millones de personas a vivir en condiciones de miseria; pero también para honrar a los protagonistas de esta cruzada.

En efecto, desde hace tres décadas el 17 de octubre se yergue como un símbolo de respeto y reconocimiento a todos los hombres, mujeres y niños en situación de pobreza que luchan diariamente para salir de la marginalidad y superar sus limitaciones; en honor de todas las madres y padres de escasos recursos que apelan a un sinfín de estrategias para cubrir las necesidades de sus seres queridos.

Huelga recordar que este reconocimiento fue promovido por el sacerdote francés Joseph Wresinski, quien vivió en carne propia lo denigrante que puede ser recibir limosnas en la calle; así como también la afrenta que significa negar a los más pobres su derecho a opinar e intervenir en las políticas para erradicar la miseria, siendo ellos no solo los más interesados en acabar con ese mal, sino también los principales expertos en esta lucha que se vive día a día en todo el mundo.

Desde esta perspectiva, Wresinski fundó en 1957 el Movimiento ATD Cuarto Mundo para agrupar a todas aquellas personas que rechazan la pobreza y están dispuestas a comprometerse para erradicarla; pero trabajando codo a codo con los más desfavorecidos, reconociendo sus valores, experiencias y opiniones respecto a la manera y las estrategias de enfrentar la miseria y sus limitaciones.

Bajo esta consigna, el 17 de octubre de 1987, en la plaza parisina del Trocadero (donde se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948), más de 100.000 personas se reunieron en honor a las víctimas de la pobreza, la violencia, el miedo y la marginalidad. Aquel día, el sacerdote francés inauguró una placa que en sus versos finales señala: “Ahí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados. Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado”; a tiempo de hacer un llamado a todas las personas para que, sin importar las diferencias políticas, económicas, religiosas o culturales, se unan en la lucha para erradicar la miseria en el planeta.

Llamado que coincide con el lema elegido por la ONU para este año: “Juntos contra la pobreza”. Y es que precisamente uno de los principales Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es el de erradicar la extrema pobreza para 2030, a tiempo de convertir nuestro planeta en un mundo más incluyente, justo y sostenible. Pues no se puede aspirar a vivir en una sociedad en paz si existen millones de personas y grupos marginados. De allí que esta fecha sea particularmente importante para la comunidad internacional y para los protagonistas de esta lucha contra la miseria, que se vive día a día con todas sus letras a lo largo y ancho del planeta.

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