Editorial

¿Paz en Siria?

Cualquier solución real y duradera pasa por un acuerdo político entre las partes en conflicto.

La Razón (Edición Impresa)

23:58 / 05 de enero de 2017

La semana pasada, el Presidente ruso anunció que el Gobierno sirio y los rebeldes habían acordado un cese al fuego a partir de la medianoche del 29 de diciembre y el inicio de conversaciones de paz. Y agregó que los gobiernos de Rusia y Turquía iban a actuar como garantes de este acuerdo, que contemplaba el cese de todos los combates y bombardeos aéreos.

Huelga recordar que no es la primera vez que los bandos en conflicto acuerdan un alto al fuego en Siria. Por ejemplo, el 12 de septiembre de 2016 entró en vigencia otro “cese” de hostilidades auspiciado por EEUU y Rusia, pero no fue respetado ni por el régimen de Bashar Al Assad ni por los rebeldes. De allí que aquel acuerdo murió incluso antes de nacer. Y tal parece que en esta ocasión no va a ser muy diferente.

De hecho, en comunicado difundido el viernes los rebeldes anunciaron que las FFAA sirias no estaban respetando el cese el fuego y que, junto a sus aliados de las milicias respaldadas por Hezbolá e Irán, siguen atacando los enclaves que controlan los grupos rebeldes; a tiempo de agregar que si los ataques continúan, supondría el cese definitivo de las negociaciones de paz.

No obstante, tras la reciente toma de Alepo, la segunda ciudad en importancia de Siria y el otrora principal bastión de los rebeldes en el país, la posición de los opositores al régimen se encuentra bastante desmejorada.

De allí que hoy por hoy los 10 grupos insurrectos que aún pelean en ese país de Medio Oriente sean los más interesados en que las negociaciones de paz prosperen. La otra posibilidad, que no está cerrada, es que decidan luchar “hasta las últimas consecuencias”, como diríamos por estos lados. Con ello, la masacre que se vive en Siria se podría prolongar por varios años.

En efecto, cabe recordar que el conflicto sirio es fundamentalmente una guerra civil entre una élite minoritaria (alauitas) y una mayoría (sunitas) oprimida por un largo tiempo.

Por tanto, de caer Bashar Al Asad, la tortilla simplemente se daría la vuelta. A la minoría alauita gobernante le tocaría luchar ferozmente por su supervivencia, esta vez como insurgentes. Lo propio pasaría con otras minorías de la rama chiita y los kurdos, e incluso los cristianos se verían acorralados, tal y como actualmente ocurre en Egipto.

Por este motivo es que ambos bandos están luchando encarnizadamente, porque saben que es probable que los vencedores intenten ejecutar una limpieza “religiosa” en contra de los perdedores, a fin de evitar conflictos futuros.

De allí que cualquier solución real y duradera pasa necesariamente por un acuerdo político entre ambas partes. Cabe hacer votos para que ello ocurra. De lo contrario, las cifras de esta guerra que avergüenza a la humanidad (más de 450.000 muertos, al menos 2 millones de heridos, 11 millones de desplazados y 4 millones de niños que necesitan ayuda humanitaria con urgencia) seguirán aumentando.

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