Editorial

‘K’aima’ campaña

El debate programático es escaso, falta intensidad de calle, no se perfilan bien las estrategias de campaña

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 25 de agosto de 2019

Ha transcurrido un mes desde que, con arreglo a la normativa y al calendario electoral, se habilitó oficialmente el período para la “difusión de propaganda electoral en actos públicos de campaña”. La sensación es que dicha campaña deja todavía sabor a poco. Es probable que, en lo que sigue, las fuerzas políticas en competencia amplíen y mejoren su movilización electoral.

La legislación electoral en el país distingue entre propaganda en actos públicos (campaña) y la que se difunde en medios de comunicación (propaganda en sentido estricto). La campaña se desarrolla desde 90 días antes de la jornada electoral, inmediatamente después del registro de candidaturas. La propaganda, en tanto, está reservada para los últimos 30 días del proceso electoral. En ambos casos el objeto es promover candidatos, difundir programas de gobierno y, por supuesto, solicitar el voto.

En el actual proceso electoral, iniciado en octubre del año pasado con la convocatoria a primarias, asistimos a una larga campaña que ha vulnerado los plazos legales. En varios casos la campaña se inició formalmente en enero, con centro en los binomios presidenciales. Y no faltaron candidatos que incluso difundieron piezas propagandísticas en medios masivos. Ni qué decir de la promoción de mensajes en redes sociales digitales. Parece inevitable. Más aún ante un Tribunal Supremo Electoral (TSE) débil, sin legitimidad y permisivo.

La paradoja es que, a pesar de que el proselitismo político-electoral lleva al menos medio año, existe la sensación de que estamos ante una campaña más bien k’aima. Hay varios actos de proclamación, cierto, y se ve a los candidatos presidenciales en diferentes lugares del país con sus militancias y adherentes. Pero más allá del ensimismamiento y la disputa en las redes sociales, el debate programático es escaso, falta intensidad de calle, no se perfilan bien las estrategias de campaña.

En cuanto a la propaganda electoral en medios de comunicación masiva, que suele ser la parte más fuerte y cuidada del proceso por parte de las organizaciones políticas, habrá que esperar su inicio el 20 de septiembre. Ojalá primen la creatividad y las propuestas acerca de lo que preocupa a la gente, en lugar de las agresiones y la propaganda negativa. Será, sin duda, una fase importante para reafirmar o seducir votantes, en especial aquellos que no hayan definido sus preferencias electorales.

Mención aparte merece la delgada línea entre campaña electoral y actos de gestión de gobierno, en todos los niveles. El hecho mismo es tema de discordia. Mientras el oficialismo asegura que “no parará la gestión” ni dejará de entregar obras o de difundir propaganda gubernamental, la oposición cuestiona lo que considera uso ilegal de recursos públicos para fines electorales, con el consiguiente efecto de “cancha inclinada”. Ni qué decir del Órgano Electoral, que desde junio no resuelve el caso Morochata.

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