Editorial

Jóvenes, hoy

Va siendo tiempo de que el Estado comience a prestar más atención a esta generación.

La Razón (Edición Impresa)

00:01 / 09 de octubre de 2018

Nunca antes como ahora, la generación que tradicionalmente se llama “joven” ha sido tan importante en Bolivia como en otras partes del mundo, debido a que representa un porcentaje mayoritario de la población. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en el país hay 2,6 millones de personas entre los 16 y los 28 años de edad; es decir, casi una cuarta parte de la población.

Diversos organismos multilaterales, comenzando por la ONU y sus agencias dedicadas a cuestiones de población, llaman a este fenómeno “bono demográfico”, pues representa una gran oportunidad para los países donde, por lo menos ahora, hay más jóvenes como población económicamente activa que adultos mayores en el sector pasivo.

Sin embargo, es una población todavía escasamente investigada. Para conocer el perfil de las y los jóvenes bolivianos, una periodista de La Razón indagó entre especialistas en la materia que trabajan en tres instituciones con evidente orientación a este grupo etario. Entre todas las personas entrevistadas destacaron seis características de este sector.

La primera y más evidente de ellas es que han nacido en un mundo lleno de nuevas tecnologías de información y comunicación. Por eso, un teórico de la comunicación los ha bautizado como “nativos digitales”. “No conocen un mundo sin internet ni redes sociales”, concluye uno de los entrevistados.

La segunda particularidad es que gracias a la información disponible en internet son autodidactas, a menudo consultan videos tutoriales en sitios como YouTube. Concomitante con esta característica está la tercera identificada: las y los jóvenes han dejado de creer en la educación tradicional, esa que se imparte de manera vertical y en la que el maestro tiene un sitial de autoridad; aspiran a relaciones de enseñanza-aprendizaje más horizontales.

También se ha identificado que son emprendedores, pues no son pocos quienes buscan formas de generar ingresos propios a la par que estudian; la venta a domicilio o a través de catálogos suele ser un buen ámbito para iniciarse en los negocios. Precisamente por esta inclinación, los estudiosos consultados coinciden en señalar que también son propensos a la inestabilidad laboral, pues prefieren combinar diversas fuentes laborales que les garanticen un ingreso siquiera mínimo a un empleo que los tenga sometidos a largos horarios de trabajo.

Finalmente, uno de los investigadores consultados sostiene que las y los jóvenes bolivianos son gastadores y carecen de una cultura del ahorro y la inversión. Esta percepción, sin embargo, es discutida por otros investigadores, que más bien perciben que esta generación no tiene una cultura del consumo como la de sus predecesores.

Hay, pues, muchas ideas, pero relativamente pocas certezas. Va siendo tiempo de que el Estado comience a prestar más atención a esta generación, pues planificar el futuro común pasa por conocer sus perspectivas.

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