Editorial

Inundaciones

Esta incapacidad de canalización y absorción deviene muchas veces por causa de la deforestación

La Razón (Edición Impresa)

23:47 / 08 de febrero de 2018

De nueva cuenta, el fenómeno de La Niña se ha hecho presente en el país con todas sus letras, trayendo consigo intensas precipitaciones que han provocado inundaciones y el desborde de ríos en siete departamentos. Como consecuencia de estos desastres, hasta ahora se ha tenido que lamentar la muerte de al menos cinco personas, además de daños materiales de consideración.   

Los municipios más afectados hasta el momento son Tiquipaya y Vinto (Cochabamba), Tupiza (Potosí), Yacuiba (Tarija), así como varias localidades rurales de Beni y el norte de La Paz. Hasta el 4 de febrero, el Viceministerio de Defensa Civil reportó más de 6.130 familias damnificadas por las inundaciones y el desborde de ríos.

El martes, las inundaciones provocaron el deslizamiento de grandes cantidades de tierra y agua en varias manzanas del municipio de Tiquipaya, en el centro de Cochabamba. Producto de este hecho decenas de casas quedaron anegadas de lodo y cuatro personas perdieron la vida. Ese mismo día, un muchacho fue arrastrado por el río Mizque (también en Cochabamba), cuyas aguas se descontrolaron por las intensas lluvias.  

En Beni pasó lo propio con el río Maniqui, cuyas aguas anegaron a los municipios asentados cerca de sus orillas. Entretanto, en el Chaco tarijeño decenas de familias tuvieron que ser evacuadas por la crecida del río Pilcomayo. Días antes, la crecida del río Tupiza (Potosí) causó el desplome de varias viviendas y decenas de familias tuvieron que ser evacuadas para preservar su vida. Además de los daños materiales, se estima que más de 50.000 hectáreas de cultivos fueron destruidas.

Ante estos desastres, no sobra recordar que, según explican los expertos, las inundaciones y el desborde de los ríos devienen por dos principales razones. Por un lado, cuando el excesivo flujo de agua proveniente de intensas y frecuentes precipitaciones no puede ser canalizado de manera natural por los ríos, y a su vez los humedales tampoco logran retenerlo. Y por otra parte, cuando los suelos y la vegetación no consiguen absorber el agua que viene de las lluvias y de los ríos.

En muchos casos, esta incapacidad de canalización y absorción deviene muchas veces por causa de la deforestación, pues los bosques, además de albergar plantas y animales, son una suerte de esponjas naturales que almacenan grandes cantidades de agua, y simultáneamente encauzan naturalmente los ríos.

De allí la importancia de implementar tareas de prevención en todas las regiones susceptibles de sufrir inundaciones, como la construcción de diques y dragados, pero también de conservar nuestros bosques, gravemente amenazados por el tráfico de madera y la deforestación, que se realiza de manera irresponsable para expandir el área urbana, abrir carreteras sin estudios de impacto ambiental, ampliar la frontera agrícola y habilitar tierras de pastoreo.

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