Editorial

Identidad alteña

La identidad alteña tiene todos los ingredientes para proyectar un futuro promisorio.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 06 de marzo de 2018

Hoy, al celebrarse el 33 aniversario de la creación de la capital de la cuarta sección municipal de la provincia Murillo de La Paz, El Alto llega a su efeméride con una población sintiéndose más orgullosa que nunca de la identidad de pueblo valeroso y rebelde, pero también, ojalá, sintiendo la creciente necesidad de modernizar su cultura urbana.

En efecto, en los últimos años El Alto ha mostrado un enorme desarrollo urbano, que se refleja en su arquitectura, hoy motivo de estudio en universidades nacionales y extranjeras, no solo por sus aspectos técnicos y estilísticos, sino también por su significación para la sociedad y la economía; en sus sistemas de transporte, con el teleférico y el Wayna Bus como dos ejemplos notables de transporte público eficaz y digno; y en sus avenidas y pasos a desnivel, símbolos de modernización impulsada desde el Estado.

Sin embargo, es en la interacción pública donde no se observa una actitud de los individuos correspondiente con los anotados avances, especialmente en lo referido a la convivencia en calles y avenidas, donde ora los conductores, ora los comerciantes olvidan que deben compartir el espacio público con el resto de las personas, así sea solo para que éstas adquieran los bienes o los servicios que ofertan.

A simple vista, cambiar esa actitud parece una tarea monumental, pero no tiene por qué serlo, sobre todo si se considera que el pueblo alteño, junto con su bien reconocida capacidad de movilización, ha demostrado tener una notable disciplina, base para cualquier intento de transformación social; y sobre todo, voluntad para sobreponerse a cualquier dificultad u obstáculo.

Así, si la identidad alteña está construida sobre la base de una muy rica historia que se extiende mucho más allá de la década de 1980, cuando el Estado reconoció que la creciente urbe era mucho más que el dormitorio de la sede de gobierno y llega hasta los orígenes de las culturas andinas; sumada al orgullo que representa para la mayoría de su población este origen andino, con su riqueza cultural y, finalmente, con un proyecto modernizador en el que ninguna persona debiera sentirse relegada; la identidad alteña tiene todos los ingredientes para proyectar un futuro promisorio.

Toca que las autoridades y la sociedad civil, dejando a un lado las rencillas y desacuerdos motivados por la política partidaria, adopten una agenda de futuro que busque la transformación definitiva que brinde a la “ciudad del futuro” un presente a la altura de sus circunstancias.

Así, en este nuevo aniversario es necesario hacer votos para que todo aquello que sueñan las y los alteños, además de gran parte del pueblo boliviano, se haga realidad, no por designio divino, sino como fruto del esfuerzo de un pueblo que una y otra vez demuestra estar a la vanguardia de las transformaciones.

 

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