Editorial

Huelga ‘interruptus’

La huelga de hambre en defensa del 21F y de la CPE se trató de una acción más bien simbólica y testimonial.

La Razón (Edición Impresa) / La Razón / La Paz

22:54 / 29 de diciembre de 2018

La huelga de hambre convocada por la dirigencia cívica, tras su fallido ultimátum de 72 horas al TSE para que inhabilite la candidatura del binomio oficialista, concluyó en Navidad de manera prematura. Huelguistas de tres ciudades decidieron hacer una tregua de fin de año. En otros tres departamentos el ayuno voluntario continúa. La extrema medida, hasta aquí, ha sido un fracaso.   

Luego del malogrado paro nacional del 6 de diciembre, que en rigor fue un desigual bloqueo urbano de calles, los comités cívicos optaron por la huelga de hambre. Evitaban así, por inviable, la declaratoria de paro indefinido exigida por los más radicales. El ayuno se inició con ceremonias y amplia cobertura mediática, pero pocos huelguistas (apenas sobrepasaron la media centena).

Y se mantuvo, con más bajas que altas, agitando la bandera del respeto al voto del 21F y el cumplimiento de la Constitución. ¿Cuál era el propósito declarado de la huelga de hambre? La principal exigencia de los grupos cívicos y de las plataformas ciudadanas es que Evo Morales y García Linera no sean candidatos en las elecciones del próximo año. Demandan también la abrogación de la Ley de Organizaciones Políticas, la anulación de las Primarias y la renuncia de los vocales electorales.

Es evidente que el ayuno de los “valientes luchadores” no consiguió ninguna de las cuatro cosas. En enero verán otras opciones de presión. Más allá de la valoración que se tenga de la huelga de hambre como mecanismo de lucha, que tuvo experiencias notables en nuestra historia, en este caso se trató de una acción más bien simbólica y testimonial. Y fue languideciendo.

Por ello es sensata la decisión parcial de suspenderla. Claro que también deben considerarse las distintas visiones que existen en el campo de la oposición. Cada vez más grupos, empezando por los partidos políticos, están concentrados en el temprano proceso electoral. La debilidad de la huelga de hambre expresa no solo la flaqueza de los comités cívicos, sino también una suerte de agotamiento de la movilización opositora en torno al 21F. A estas alturas es innegable que las elecciones primarias, decididas instrumentalmente por el MAS-IPSP, coparon la agenda política.

No es un dato menor que haya siete binomios opositores en carrera, ninguno de los cuales piensa “bajarse”. Todos ellos planifican, más bien, sus chances de competir contra el binomio oficialista. A solo un mes de la inédita votación de militantes para legitimar sus binomios presidenciales, el 2019 se inicia con un tablero político-electoral prácticamente definido: la Ley de Organizaciones Políticas sigue vigente, no hay marcha atrás en las Primarias, los candidatos gobernantes están habilitados y los vocales del TSE no piensan renunciar.Por si fuera poco, actos vandálicos como la quema del tribunal cruceño demuestran los límites de la violencia. Queda el democrático camino de las urnas.

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