Editorial

Golpe a la trata

Al Estado le toca hacer mucho más en la lucha contra la trata, pero también a la sociedad

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

04:38 / 27 de mayo de 2019

La desarticulación, hace dos semanas, de un clan que se dedicaba a la trata de personas en El Alto ha significado un punto alto en la lucha contra un flagelo que afecta severamente a la sociedad en muchos niveles, comenzando por las víctimas y sus familiares, y terminando en la percepción de inseguridad permanente. Sin embargo, es posible que haya muchos otros clanes operando.

Se trató de una operación de seguimiento e investigación que concluyó el 12 de mayo con el arresto de 20 personas involucradas en el criminal comercio de servicios sexuales de mujeres adolescentes, incluyendo a las dos presuntas líderes, de 16 y 18 años de edad, respectivamente. Se pudo liberar a 11 adolescentes que eran explotadas sexualmente en diversos alojamientos de El Alto.

Se sabe de otras dos niñas, también captadas por las jefas de la organización que siguen en la ciudad de Juliaca, en Perú, donde fueron liberadas otras dos. Es evidente, pues, que se trata de un negocio que no necesariamente ha sido desarticulado con la caída del grupo que operaba en El Alto y que habrá que seguir indagando sus vínculos dentro y fuera del país.

La fiscal a cargo del caso informó que el clan comenzó a operar en 2018 y su desarticulación se inició cuando, el 9 de mayo, se detectó a una pareja, también de adolescentes, que explotaba sexualmente a nueve niñas y adolescentes de entre 13 y 17 años de edad, además de una joven de 20. Tal hallazgo fue posible porque una adolescente reportada como desaparecida logró escapar de sus captores y pudo dar la alerta.

Días después, las presuntas jefas de la organización fueron encontradas en un café internet desde donde empleaban redes sociales para identificar adolescentes en situación de vulnerabilidad, por ejemplo hijas de matrimonios inestables, violentos o rotos. Luego ganaban su confianza a través de préstamos de dinero e invitaciones a comer, para finalmente llevarlas a vivir consigo o en alojamientos.

Otros miembros de la banda se encargaban de conseguir y cobrar a los clientes, dinero que se repartía entre los organizadores, quedando un saldo mínimo para la violentada. Otras hacían de vigías y amenazaban a las chicas que se rehusaban a ser abusadas sexualmente. La organización tenía cubiertos todos los aspectos del criminal negocio, incluyendo la cómplice aquiescencia de dueños y administradores de algunos alojamientos.

Es posible que este golpe a la trata y tráfico de mujeres jóvenes tenga un efecto positivo en la vida de las adolescentes rescatadas, y hasta en la confianza que merecen la Policía y la Fiscalía, pero es evidente que es mucho lo que debe hacerse y muchos los recursos necesarios y no siempre disponibles. Al Estado le toca hacer mucho más, pero también a la sociedad, que además de vigilante debe mostrarse preocupada y empática con las mujeres víctimas de esta aberrante práctica.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia