Editorial

Dilemas económicos

Cada día surgen nuevos desafíos en la batalla por un crecimiento sostenido con estabilidad.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 21 de abril de 2018

Las perspectivas sobre el desempeño de la economía boliviana son positivas. Sin embargo, hay que evitar un optimismo exagerado, pues aún no está claro si la recuperación económica global se podrá mantener los próximos años. Sostener el crecimiento con una inversión pública de calidad es importante, al igual que comenzar a subsanar ciertos desbalances macroeconómicos.

El Fondo Monetario Internacional proyecta que el PIB nacional se incrementará un 4% este año y 3,8% en 2019. Se trata de un dato positivo, ya que de confirmarse esta proyección, el crecimiento de la economía boliviana seguiría entre los más altos de la región en un periodo muy difícil. Es también alentador que el precio del petróleo se haya mantenido en torno a los $us 60 el barril en el primer trimestre, considerando que el presupuesto del Estado fue calculado con un precio hipotético de $us 45.

Sin embargo, hay que ser prudentes a la hora de gestionar esta coyuntura, pues persiste la incertidumbre respecto a la recuperación de los mercados de los commodities y su sostenibilidad a mediano plazo. Recién tendremos un panorama más claro en el segundo semestre. Tampoco debe olvidarse que el dinamismo nacional se ha logrado con una política contracíclica de impulso a la inversión pública, la cual si bien permitió sostener el crecimiento, en contrapartida ha implicado la acumulación sustancial de déficits públicos y la reducción de las reservas internacionales.

El balance de esta política se muestra hasta ahora favorable, pero hay que evitar excederse en esta vía.

Es muy probable que este año las exportaciones aumenten y que los ingresos fiscales mejoren, manteniendo un nivel de inversión pública parecido al año anterior. Esta mayor disponibilidad de divisas y recursos públicos podría servir para empezar a consolidar las cuentas fiscales internas y externas.

No cabe duda de que el mantenimiento de una actividad económica vigorosa debe ser una de las prioridades del Gobierno, pero ésta debería venir acompañada con la estabilidad de los precios y el tipo de cambio, como ha sido el caso hasta ahora. Tampoco podemos eludir la responsabilidad de prepararse frente a escenarios mundiales de ralentización. Hay que empezar, en lo posible, a reconstituir los colchones financieros que nos permitieron capear la crisis en estos años y que obviamente están erosionados por el esfuerzo realizado.

En síntesis, la economía va bien, según el FMI y otras instituciones multilaterales, pero la batalla del crecimiento sostenido con estabilidad no acaba nunca, cada día surgen nuevos desafíos. Por ello, no es recomendable quedarse con la idea de un 2018 potencialmente favorable y creer que la época de vacas flacas se acabó; hay que estar listos para un 2019 y 2020 inciertos, que serán además políticamente complejos. Debemos ser prudentes y previsores.

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