Editorial

Diálogo regional

Este escenario turbulento requiere de una sólida cooperación entre todos los países latinoamericanos.

La Razón (Edición Impresa)

23:41 / 06 de julio de 2018

América Latina está viviendo una etapa convulsiva, varios países están sufriendo complejas crisis políticas o turbulencias económicas. Por ello, se precisa más que nunca de una acción conjunta que contribuya a una estabilización. Para eso se debe impulsar un diálogo y una cooperación pragmática entre todos los países de la región.

El panorama político y socioeconómico de la región se ha complicado sustancialmente en el último año. La incertidumbre política se ha vuelto la norma. En casi todos los países la desconfianza hacia los gobernantes se ha incrementado; mientras que en Venezuela y Nicaragua persisten severas crisis políticas, sociales y económicas sin que se avizore una solución. Por otra parte, la recuperación económica no se está consolidando, y varios países enfrentan turbulencias cambiarias inquietantes. Las tensiones comerciales y financieras globales están afectando a la región sin que se pueda articular una respuesta común a estos nuevos retos.

Este escenario requiere de una sólida cooperación entre todos los países para enfrentar los desafíos de manera conjunta. Urge contribuir para que los conflictos políticos que aquejan a algunos países hermanos se resuelvan mediante procedimientos democráticos y el diálogo. La comunidad latinoamericana no puede permitir que se instalen situaciones de desorden y violencia; y menos aún que éstas justifiquen intervenciones unilaterales de potencias externas.Lamentablemente, los mecanismos multilaterales de diálogo regional están prácticamente bloqueados y los comportamientos polarizados se han vuelto comunes. Estos enfoques están mostrando sus límites, pues no han contribuido a resolver ninguna de las graves crisis políticas que nos afectan ni a articular una  cooperación económica efectiva.  

El anuncio de que la política exterior del próximo gobierno mexicano apuntará a una acción basada en los principios de no intervención, respeto de la autodeterminación y la resolución pacífica de los conflictos podría augurar la emergencia de una nueva etapa que supere este panorama desolador. Pero para que tenga éxito, deberá estar acompañada por una similar actitud en otros países.

Bolivia debería contribuir a esta recuperación de la cooperación y del diálogo, en la cual se deben matizar las orientaciones ideológicas propias y las simpatías que unos y otros tengan con los actores de ciertos conflictos. Hay que ser prudentes, y si se pide respeto a la soberanía, hay que actuar de esa manera en todos los casos.

Sería un grave error pensar que la política exterior de López Obrador reforzará la estéril división entre derechas e izquierdas radicalizadas. Al contrario, la apuesta parece apuntar a reconstruir equilibrios, reforzar soluciones que respeten la soberanía de las naciones e impulsar acciones pragmáticas conjuntas para estabilizar ciertas situaciones. Sería aconsejable acompañar este esfuerzo.

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